Las tribunas y los restaurantes del Hipódromo de las Américas lucen vacíos, son siete meses en los que esta fiesta hípica quedó en pausa derivado de las medidas implementadas para contener el coronavirus, sin embargo, una vez más en el arrancadero se preparan los caballos para salir disparados y alcanzar velocidades de 60 kilómetros por hora.

El hipódromo es el único que opera en el país y dónde se pueden observar carreras de caballos pura sangre.

El pasado viernes inició nuevamente actividades y aunque todavía no pueden asistir como otrora lo hacían las familias para vivir la fiesta de las carreras, se puede seguir toda la actividad en línea.

 

Los jockeys, que no pesan más de 50 kilogramos, se pueden ver con barbijos, al igual que todo el personal. En los balcones del paddock, que antes lucía abarrotado por los apostadores que le daban una primera vista a los caballos antes de la carrera, ahora albergan a algunos trabajadores que ven los trabajos en el ensilladero.

Jacob Morett, encargado de las relaciones públicas del hipódromo, explica que justo antes de la celebración de su 76 aniversario el coronavirus estropeó la fiesta; mientras, en el circuito cerrado se mira a los caballos dirigirse al arrancadero en un ambiente cargado de nerviosismo por el inicio de la carrera.

Pese a que el coronavirus detuvo las actividades al público, en el hipódromo las actividades continuaron: los caballos que están estabulados en tres edificios de uno de los extremos del recinto necesitan seguir con sus entrenamientos y cuidados, por lo que veterinarios, entrenadores, jockeys y trabajadores en general continuaron con sus labores.

 

La carrera inicia y se escucha el golpe de los cascos del caballo sobre la tierra recién mojada. A diferencia de los caballos de cuarto de milla, los pura sangre son más lentos, pero de mayor alcance, saben cómo dar el paso para tomar la curva, en comparación de los otros que son más rápidos pero siempre corren en línea recta.

También en el hipódromo existen carreras de cuarto de milla, porque en nuestro país son más común este tipo de competencias, y una forma de buscar el prestigio y la profesionalización de este deporte, fue acercarse al hipódromo para realizar esta actividad.

La sana distancia, cubrebocas, toma de temperatura y gel antibacterial son algunas de las medidas que tuvieron que tomar para los trabajadores, pero en los vestidores de los jockeys, cerraron el gimnasio y el vapor para garantizar su seguridad y solo están abiertos los vestidores con las sedas que utilizan y los monitores de las carreras, protegidos por una Virgen de Guadalupe de gran tamaño.

 

La capacidad del hipódromo es de 10 mil personas y aunque todavía no hay gente, se escucha nuevamente la trompeta que da la primera llamada para las carreras, mientras que Jacob Morett me confía que la pandemia no durará por siempre y para el aniversario 77 en marzo de 2021 se vivirá una fiesta llena de carreras que volverá a emocionar a las familias y entusiastas de este deporte de alto riesgo.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio
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