El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, inauguró una escuela cívico-militar en Río de Janeiro y reiteró su objetivo de que los centros de enseñanza dejen de «formar militantes políticos» y eduquen «para el trabajo».

El proyecto de escuelas cívico-militares, que el gobierno impulsa en las 27 capitales regionales del país, es un antiguo anhelo del gobernante, capitán de la reserva del ejército brasileño, quien insistió en que, en la educación, se debe «respetar la jerarquía», tal como se hace «en el cuartel».

Según Bolsonaro, los jóvenes deben «ser formados para ser luego unos buenos profesionales», porque de ese modo serán «unos buenos patrones, unos buenos empleados, unos buenos liberales, y no apenas, como todavía ocurre en parte de Brasil, unos militantes políticos».

En las escuelas cívico-militares que promueve el gobierno, la gestión educativa está a cargo de profesionales de esa área, pero lo relativo a la administración y los llamados «códigos de conducta» son responsabilidad de personal vinculado a las Fuerzas Armadas.

Este proyecto está alineado con la decisión de Bolsonaro de trabar una «batalla» en el sector de la educación, al que pretende «liberar» del «marxismo cultural», que en su opinión domina el pensamiento y la enseñanza desde hace décadas. La educación ha sido unas de las áreas en que más conflictos ha tenido el gobierno desde que mandatrio llegó al poder, en enero de 2019.

Desde entonces, el presidente se ha visto obligado a destituir a tres de los titulares que ha tenido el Ministerio de Educación en medio de diversas polémicas.

Hace poco más de un mes, Bolsonaro designó para ese cargo al pastor evangélico Milton Ribeiro, experto en educación y considerado un conservador moderado, que ha sido rector universitario y ya ha manifestado su deseo de «pacificar» al sector y hacer una gestión más técnica que ideológica.

La popularidad de Bolsonaro, en aumento

La popularidad del presidente registra sus mejores índices desde su llegada al poder, con una fuerte aprobación entre beneficiarios de ayudas para enfrentar la pandemia que ya dejó 105 mil muertos y millones de desocupados en el país, indicó este viernes un sondeo.

El índice de aprobación del mandatario de extrema derecha subió desde junio cinco puntos porcentuales, de 32 por ciento a 37 por ciento, y el de rechazo cayó diez, de 44 por ciento a 34 por ciento, precisa la encuesta realizada por el instituto Datafolha el 11 y el 12 de agosto, en base a 2 mil 065 entrevistas telefónicas.

Un 27 por ciento de los entrevistados considera su gestión «regular», frente a 23% en junio, añade el estudio, que tiene un margen de error de dos puntos porcentuales. Hasta ahora, la aprobación de Bolsonaro se había mantenido estable desde el inicio de su mandato (enero de 2019), entre 32 por ciento y 33 por ciento. En ese lapso, su rechazo había subido de 30 a 44 por ciento.

La encuesta más reciente confirma otras realizadas en las últimas semanas, algunas de las cuales muestran a Bolsonaro, de 65 años, con grandes posibilidades de reelección en 2022.

Datafolha destaca la fortaleza del ex capitán entre los millones de brasileños que recibieron una ayuda de emergencia de al menos 600 reales mensuales (unos 2 mil 425 pesos mexicanos) para compensar los impactos de la pandemia. Un 42 por ciento de esos beneficiarios aprueba su labor, frente al 36 por ciento que lo apoya entre quienes no han solicitado esa ayuda.

En la paupérrima región nordeste, una de las más reacias a Bolsonaro, el índice de rechazo cayó de 52 a 35 por ciento desde junio y el de aprobación subió seis puntos, a 33 por ciento. Bolsonaro mantiene un duro enfrentamiento con los gobernadores partidarios de medidas de aislamiento social, acusándolos de sumir al país en una crisis económica con un impacto peor que la enfermedad.

Según cifras oficiales, 8.9 millones de puestos de trabajo se perdieron en el segundo trimestre, cuando la tasa de desempleo subió al 13.3 por ciento, la más alta en tres años.

El jefe de Estado, que contrajo coronavirus en julio, asegura además que se curó gracias al uso de la hidroxicloroquina y reprocha a los gobernadores la resistencia a impulsar ese medicamento, cuya eficacia no ha sido comprobada científicamente.

«Yo soy la prueba viva de que [la cloroquina] dio resultado», declaró el jueves en Belém (norte).

El analista político André César, de la consultora Hold, afirmó que «la administración Bolsonaro es errática y tiene muchos problemas serios en su día a día. El presidente linda con la irresponsabilidad defendiendo medicamentos no recomendados (…), dice falsedades sobre la crisis ambiental y es cuestionado en todo el mundo».

Sin embargo, señaló: «Para su elector, poco importa. El bolsonarismo es resiliente por naturaleza».

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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