Las recientes propuestas legislativas sobre la prohibición y el aumento de impuestos a la venta de bebidas embotelladas generan alarma entre expertos por las consecuencias que estas potenciales leyes pueden tener en la economía y en el acceso a fuentes de hidratación de los hogares en México.

Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) apenas el 53.6 por ciento de las viviendas cuentan con cobertura de agua; además, ésta todavía debe ser hervida o clorada para poder beberla sin contratiempos para la salud.

Aunque las autoridades sanitarias tienen como una de sus principales recomendaciones lavarse las manos con mucha frecuencia, más de la mitad de la población en México no cuenta con agua potable, lo que obstaculiza las tareas más básicas de higiene y salud.

En Chiapas, donde el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, criticó el alto consumo de bebidas embotelladas, apenas el 20 por ciento de la población tiene acceso diario al agua en sus viviendas. Esto provoca que las personas destinen parte importante de su ingreso a adquirir bebidas embotelladas para hidratarse todos los días.

Expertos indican que un aumento en los impuestos a estas bebidas no disminuiría su demanda, solo trasladaría el costo extra al consumidor final, una política contraproducente en medio de la crisis económica que vive el país debido a la pandemia.

En otras grandes urbes del país, como la Ciudad de México, además del gasto en fuentes de hidratación confiables como las bebidas embotelladas, las familias pueden llegar a pagar hasta mil 500 pesos al mes por pipas de agua que surtan sus viviendas para necesidades básicas como cocinar, bañarse o lavar ropa y trastes. Muchas de estas familias, además, carecen de medios de almacenamiento como cisternas o tinacos por lo que no les es redituable adquirir agua en pipas de miles de litros.

Todo esto se enmarca en el reciente debate sobre las causas de las altas cifras de contagio y mortalidad por covid-19 que tiene nuestro país, desde el fracaso en el uso de cubrebocas hasta las enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y obesidad.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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