Nagasaki, la última ciudad en ser azotada por una bomba atómica en el mundo, vive hoy la conmemoración de los 75 años de la tragedia que marcó el término de la Segunda Guerra Mundial, pero que dejó una lamentable e imborrable huella entre las generaciones que siguieron adelante. Los niños y jóvenes de esa época, hoy convertidos en adultos mayores, piden al mundo frenar la creación de nuevo armamento que pueda ocasionar desastres tan grandes como el que le pasó a Japón.

Quien sobrevivió es Shigemi Fukahori, narró durante el acto conmemorativo en Nagasaki su experiencia, la muerte de sus hermanos y muchos compañeros y el «terror» que sintió en días posteriores pensando que su muerte sería la siguiente. Era adolescente cuando ocurrió el ataque de Estados Unidos.

Recordó haber visto «montañas de cuerpos ennegrecidos» que no sabía «si estaban vivos o muertos». «La gente gritaba: ¡agua, agua! Pero no podía ayudarles», explicó el superviviente, cuyos amigos y hermanos murieron durante la explosión.

«No quiero que nadie más se sienta como yo me sentí en aquel entonces», dijo Fukahori, que insistió en que Nagasaki fuese la última ciudad en sufrir un ataque nuclear.

La alcaldesa de Nagasaki, Tomihisa Taue, pidió a los asistentes que aplaudieran a los supervivientes, conocidos en Japón como los «hibakusha», que «no dejaron (…) de alertar al mundo entero de los peligros de las armas nucleares».

Todos se pusieron en pie llegado el momento y guardaron silencio ante el monumento que recuerda el epicentro de la explosión. Solo se escucharon entonces el tañido de una campaña y el canto de las cigarras.

Terumi Tanaka, de 88 años, dijo que en ese momento «vi mucha gente con quemaduras y heridas terribles evacuando a gente que ya estaba muerta hacia una escuela transformada en refugio».

Los supervivientes «piensan que el mundo debe renunciar a las armas nucleares porque no queremos que las jóvenes generaciones vivan la misma cosa», dice Tanaka, que se inquieta del exceso de confianza de la población en cuanto a que la bomba atómica no será utilizada.

Esta semana, tanto Hiroshima y Nagasaki, han recordado a las víctimas de los bombardeos. En esa última ciudad se han hecho decenas de cánticos religiosos y mantras para pasar el minuto de silencio, el cual fue a las 11:02 horas locales, el momento en el que cayó el armamento atómico.

«Hemos venido aquí hoy para rezar por la paz. No más guerras, no más bombas atómicas. Queremos ser amigos de gente de todas partes del mundo. Queremos propagar vibraciones pacíficas», aseguró Michiyo Nishii, quien paseaba por el parque con un carrito de bebé junto a su sonriente marido, Takeo.

Las autoridades redujeron el número de asistentes por el coronavirus en Nagasaki. | AFP

Este matrimonio se unió a los suaves movimientos de una coreografía grupal que ejecutaron una decena de bailarinas con vestidos amplios de colores claros tras el minuto de silencio frente al monumento por las víctimas, mientras que un hombre cantaba con su guitarra la canción pacifista «Imagine», de John Lennon.

La escena fue fotografiada por el estadounidense Erik Hansen, de 34 años, quien visitó Nagasaki para experimentar por primera vez, luego de diez años viviendo en Japón, una ceremonia por la paz de este tipo.

«Los bombardeos de los Estados Unidos en Japón fueron una atrocidad. Esta conmemoración es una oportunidad única de conectar con eso y curarlo de alguna manera. Siento que expandir la habilidad para empatizar con personas de orígenes muy diferentes es parte de la construcción como ciudadano global».

La ceremonia de este año se celebró en una escala reducida por las medidas contra la propagación de la covid-19, con unos 500 asistentes, frente a los alrededor de 5 mil 200 del año pasado.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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