El tratamiento anticonceptivo que el Ayuntamiento de Barcelona implantó en 2017 para reducir la reproducción de las palomas en la ciudad ha conseguido que el número de estas aves haya caído hasta la mitad en tres años en aquellas zonas en las que se ha actuado: de 3.801 ejemplares contabilizados en 2017 en medio centenar de plazas se ha pasado a 1.865, según el recuento del pasado año.

Hace tres años el Ayuntamiento contrató a la empresa Zooethic para que colocara 51 dispensadores automáticos cargados con maíz impregnado de nicarbazina, una sustancia esterilizante. Según la directora de los servicios de derechos de los animales del Ayuntamiento de Barcelona, Carme Maté, en 2017 se valoró que había entre 88.000 y 117.000 palomas en la ciudad. “En Barcelona debe haber entre 1.300 y 1.700 palomas por kilómetro cuadrado, cuando el objetivo debería ser entre 300 y 400”, destaca.

En 2017 se implantó el sistema que arrancó con 47 dispensadores, 37 donde se administraba pienso anticonceptivo y 10 en los que se suministraba la misma cantidad de maíz pero sin el principio activo. De esta manera, se pretendía comparar los resultados. Actualmente hay 51 dispensadores automáticos de pienso instalados en 47 zonas de la ciudad, sobre todo plazas o zonas verdes y en todos los surtidores se suministra el pienso tratado. Después de tres años de tratamiento – cada año ha costado al Consistorio 130.000 euros- los resultados muestran una reducción de palomas en las zonas tratadas.

En 2017 había en esas plazas 3.801 palomas, un número que disminuyó un 17% en ocho meses. En noviembre de 2018 esa cifra se redujo un 52% llegando a 1.814 palomas. El último balance es de 2019 y muestra que la tendencia se ha mantenido con una población de 1.865. Maté advierte que la pretensión es que el tratamiento se mantenga durante cinco años y se reduzca un 71,5% la población de palomas.

Durante el confinamiento, la baja actividad humana y el mantenimiento del tratamiento anticinceptivo ha acelerado la disminución de la población de palomas en algunas zonas de la ciudad, como la plaza Catalunya, donde según Josep Costa, director técnico de Zooethic, se ha reducido la población de “palomas residentes en la misma plaza” de 400 a 200. Pese a ello, hay ejemplares que no viven en la plaza y que cuando hay afluencia de visitantes que alimentan a las aves se aproximan a la zona, llegando a contabilizarse más de un millar de palomas. “Es básico que las personas no alimenten a las palomas porque facilitan su reproducción. Hay estudios que aseguran que solo en plaza Catalunya se daba a diario 60 kilos de comida a estos animales”, advierte Maté.

Esta nota originalmente se publicó en El País
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