El centro de la ciudad de Oaxaca observa este lunes un mayor movimiento de ciudadanos que han salido a realizar compras, mientras otros se concentran en las instituciones bancarias para hacer movimientos financieros. Es lunes y el semáforo epidemiológico está en anaranjado.

Banquetas llenas con peatones en calles céntricas; fluidez vehicular en arterias del primer cuadro. Sólo unos cuantos, por fortuna, no portan cubrebocas. Aunque la mayoría lo lleva mal puesto.

“Gracias a dios que estamos volviendo a la normalidad; ya esto es desesperante”, dice  Silvia, vendedora de raspados que en la esquina de Independencia con García Vigil hace un alto para vender helados de sabores.

“¿La venta? Pues ahí va. Hace unos días estuvo triste por las lluvias, pero eso no es nada. La pandemia por poco nos mata de hambre. Yo estuve más de un mes sin trabajar. Aunque saliera no había ventas. ¿Si me preocupo? Cómo no me voy a preocupar, si tengo miedo a contagiarme, pero ¿quién le va a dar de comer a mis cinco hijos y a mi marido que un día tiene trabajo y otro no?”.

“Y dicen que no hay dinero; mira cómo está la fila”, comenta un hombre joven a su pareja, mientras que en los bancos que se ubican sobre García Vigil, hay hileras de cuenta habientes que esperan ingresar para realizar depósitos o retirar dinero, mientras elementos policíacos les piden guardar la sana distancia entre unos y otros.

¿Y qué decir de los mercados? Ahí, el movimiento comienza a restablecerse, mientras camiones de agua, refrescos y cerveza buscan estacionarse para distribuir sus productos en tiendas y restaurantes del primer cuadro.

Lunes de semáforo naranja. Hay mayor movilidad en las calles mientras los rayos del sol queman, y decenas de personas ocupan la Alameda de León para descansar y refrescarse a la sombra de los frondosos laureles.

TDG / WLT
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