Tiempo Digital / Agencias

Debido a la pandemia, México tendrá este año 9 millones de nuevos pobres para sumar 70 millones de connacionales en este rubro; de acuerdo con el Coneval, hasta junio ya se perfilaban en este sector 50 municipios oaxaqueños.

Las medidas adoptadas en México para hacer frente a la pandemia de Covid-19 dejarán una multitud de nuevos pobres, sostuvo Gerardo Esquivel, subgobernador del Banco de México (BdeM). Calculó que este año la economía nacional resentirá una contracción del orden de 10.5 por ciento –que será la mayor en casi nueve décadas–, aunque consideró que la actividad tocó fondo en mayo.

En Oaxaca, durante la pandemia, hasta el 14 de junio, alrededor de 50 municipios presentan índices de pobreza superiores al 87 por ciento, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Esquivel, anticipó que este año 9 millones de personas caerán en pobreza, es decir, el número de mexicanos en esa condición subirá a 70 millones; y la tasa de pobreza por ingresos –que significa que una familia no puede comprar los satisfactores básicos– será de 56 por ciento de la población total, el nivel más alto en lo que va del siglo.

A la larga, éste (el de la pobreza) será el impacto más duradero y doloroso de esta crisis y el que requiere una atención de carácter más inmediato, sostuvo.

Advirtió que a muchas personas que tenían ingresos, sin ser beneficiaras de ningún programa social y que no eran pobres, pero sí ecómicamente vulnerables, la crisis puede terminar arrojándolas a la pobreza.

En un artículo titulado Los impactos económicos de la pandemia en México –en el que expresa sus opiniones a título personal– , difundido en la página electrónica del BdeM, Esquivel prevé que estas personas no saldrán de la pobreza mientras la economía no se recupere a plenitud.

Refirió que la pérdida de empleos formales en el periodo marzo-junio 2020 se ha concentrado desproporcionadamente en los trabajadores de bajos niveles de ingreso. El 83.7 por ciento (933 mil) de todos los empleos perdidos corresponden a trabajadores que percibían entre uno y dos salarios mínimos y los sectores más afectados han sido agricultura y construcción.

El subgobernador del banco central estimó que la recuperación económica puede tomar dos años. Esto implica que sería hasta 2022 cuando esperaríamos regresar a los niveles de producción que teníamos antes del inicio de la pandemia.

Sin embargo, consideró que la caída en la actividad económica tocó fondo en mayo y la recuperación comenzó a observarse en junio con la incipiente reapertura de algunos sectores económicos adicionales.

Prevé que una parte de la recuperación podría ser impulsada por una potencial recuperación del consumo, como muestran las primeras cifras de gasto de julio.

Sobre los comentarios de muchos observadores en torno a que México debería de haber adoptado una política fiscal más audaz, incluso contratando más deuda, al compararla con la aplicada en otros países desarrollados, dijo que el endeudamiento de hoy habrá que pagarlo más tarde.

En un país como México, que de por sí enfrenta un escenario complicado en materia de finanzas públicas, y que está al borde de perder el grado de inversión, un aumento significativo de la deuda sería excesivamente costoso, destacó.

Por otro lado, afirmó que una política de contracción del gasto terminaría siendo abiertamente contraproducente, exacerbaría el choque original, dificultaría la recuperación económica y tendría efectos sociales muy importantes.

Explicó que una reducción del consumo del gobierno en condiciones de estrés fiscal severo no es bien valorado por los mercados financieros y puede terminar incrementando las primas de riesgo.

Seguro de desempleo

Propuso opciones en esta coyuntura, como un seguro de desempleo de emergencia que pudiera beneficiar al poco más de un millón de trabajadores formales que han perdido su trabajo y un programa de protección a la nómina que ayudara a las empresas a sostener un mayor número de empleos formales.

Las propuestas, que son financieramente viables, incluyen el diferimiento en el pago de contribuciones sociales a micro, pequeñas y medianas empresas; un programa especial de apoyo para cubrir rentas u otros costos fijos (para restaurantes u otros negocios especialmente afectados por la pandemia), y otro que otorgue un apoyo mínimo a los trabajadores informales que hayan perdido su fuente de ingresos.

Exhortó a que se tomen medidas adicionales para paliar los enormes costos económicos y sociales que dejará esta crisis.

Pobreza en municipios

De acuerdo con el Visor geoespacial de la pobreza en los municipios de México, elaborado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) -hasta el 14 de junio- había en Oaxaca 50 municipios con índices de pobreza superiores al 87 por ciento, los cuales, además, padecen  casos de coronavirus.

De acuerdo con el análisis ‘La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2’, realizado por el Coneval, para el segundo trimestre de 2020 el impacto económico del COVID-19 en México podría aumentar la pobreza por ingresos entre 7.2 y 7.9%.

Esto significa que entre 8.9 y 9.8 millones de personas se sumarán a la población con recursos insuficientes para adquirir una canasta alimentaria, bienes y servicios básicos.

En Oaxaca, el 76% de la población aún carece de acceso a la seguridad social, el 58% de servicios básicos en la vivienda y el 27% a la alimentación.

Oaxaca es el tercer estado con mayor porcentaje de su población en condiciones de pobreza: 66,4. De 2008 a 2018, éste se incrementó al pasar de 61,8 a 66,4, incluso en 2016 alcanzó 70,4%.

En cuanto a la población en condiciones de pobreza extrema, si bien hubo una reducción de 5,1% en los últimos 10 años, hoy el 23,3% de su población se ubica en esa condición, lo que lo coloca como la tercera entidad con más habitantes con carencias por debajo de la línea del bienestar.

A pesar de que en los últimos dos años en Oaxaca se ha logrado revertir una clara tendencia de incremento de la pobreza, el 66,4% de la población aún padece al menos una carencia social y recibe ingresos que no son suficientes para cubrir todas sus necesidades básicas alimentarias y no alimentarias.

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