“Padre nuestro con confianza te pedimos que el virus del COVID–19 no haga más daño”, fue la petición de los primeros 80 fieles que acudieron a la misa de reapertura en la Catedral Metropolitana, tras estar cerrada cuatro meses.

Ayer reabrieron las iglesias de la capital del país para retomar las misas presenciales con apenas 20 por ciento del aforo y en medio de estrictas medidas de higiene.

Mientras en el órgano se escuchaba “La Vida en Rosa”, la gente comenzó a ingresar.

En la entrada, dos elementos de la Guardia Nacional tomaban la temperatura, daban gel antibacterial y vigilaban que los feligreses portaran cubrebocas.

Ya en el interior se colocaron en los extremos de las bancas, en las que había letreros con la leyenda “lugar seguro”.

En la homilía, monseñor Salvador González Morales, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, pidió por que se controle la pandemia y mejore la situación del país.

“Acoge a las personas que han fallecido por esta enfermedad, conforta sus familias. Sostén y protege al personal sanitario que la combate. Inspira y bendice a quienes trabajan por controlarla”, expresó el religioso.

La gente se dio la paz con una reverencia y algunos con señas de lejos. La ostia, para quienes comulgaron, se entregó en la mano para fueran ellos quienes la colocaran en la boca.

María Juana Flores, quien llegó al Zócalo desde la salida de la carretera Mexico-Puebla, señaló que después de tanto tiempo de no acudir a la iglesia se sintió aliviada y contenta.

“Me dio mucho gusto platicar con Dios, porque yo a eso vengo, a platicarle mis gustos, mis problemas, con eso me relajo porque estoy sola y él me escucha”, expuso.

A la Basílica de Guadalupe llegaron los fieles con sus imágenes y veladoras, arrodillándose para cumplir sus mandas.

Familias enteras formaron largas filas para recibir la bendición. A la primera misa sólo ingresaron 400 de las 500 personas permitidas en el recinto que regularmente tiene cupo para hasta 10 mil feligreses.

Quienes no ingresaron, aprovecharon para, desde afuera, sumarse a la plegaria para que se acaben los contagios de SARS-CoV-2.

Esta nota originalmente se publicó en El Heraldo de México
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