Medio siglo vivió en Estados Unidos en donde forjó una familia. Abandonó el campo y se fue a la gran urbe de los Estados Unidos en donde llegó como indocumentado. El Covid-19 le arrancó la vida. Pero Rodolfo Reyes ya cumplió su último deseo: regresar a Tezoatlán de Segura y Luna, en la Mixteca oaxaqueña, para tener descanso eterno junto con sus padres en la tierra que lo vio nacer.

Este fin de semana, 245 urnas con los restos de migrantes que murieron al otro lado de la frontera arribaron al país y fueron llevadas a sus respectivos estados. En Oaxaca fueron entregadas 17.

Las cenizas de este hombre de 74 años fueron recibidas en la capital oaxaqueña por sus tres hijas y su esposa, luego de que falleció en Nueva York, epicentro del Covid-19.

Mireya, una de sus tres hijas, comentó que su padre falleció desde abril, mientras estaba encerrado durante la contingencia; tenía diabetes y hace poco menos de un año le hicieron análisis por un tumor.

Su madre tuvo ciertas dificultades para tramitar el retorno, pues sólo estaba ella acompañándolo. No fue hasta este sábado que la urna llegó a Oaxaca tras recibir el apoyo del consulado mexicano y una funeraria neoyorquina.

Su padre era jubilado de un restaurante chino y había conseguido la ciudadanía estadounidense tras décadas de viajar desde su natal Oaxaca como indocumentado.

Toribia Chávez, de San Mateo Yucuntidó, en la Sierra Sur, recibió con lágrimas las cenizas de su hermano quien se fue a Estados Unidos en busca de una vida mejor. “Nos ayudaba, mandaba dinero para la familia”, señaló.

Celedonio Chávez tenía 41 años y trabajaba como chef en Nueva York. Llevaba una carrera ascendente pues ya era reconocido, pero el virus apagó sus sueños y su vida. Su hermana cuenta que habló con él, hace tres meses. Fue en esa ocasión cuando le comentó que estaba contagiado por Covid-19. “Era un hombre emprendedor, muy buen ciudadano”, dice mientras aprieta con sus brazos una caja en cuyo interior se encuentra una urna con las cenizas de su ser querido.

De las 17 urnas con las cenizas, 16 eran de hombres y 1 de mujer; cuatro de la Mixteca, cinco en Valles Centrales, tres en la Costa, dos en la Sierra Sur, dos en el Istmo y uno en la Cuenca del Papaloapan. Ya descansan en la tierra que los vio nacer.

Esta nota se publicó con información de El Heraldo de México
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