Se habían conocido desde 2005. Mejor dicho, Alessandro de Rosa había buscado a Ennio Morricone en 2005, durante una conferencia que éste dictaría en Milán, e hizo todo lo posible para que el ya reconocido compositor escuchara un disco compacto con algunas composiciones propias.

Contra lo que esperaba, recibió una respuesta musical y, con el paso de los años, aquello se convirtió en un libro: En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, aparecido en español bajo el sello de Malpaso Ediciones, es un recorrido por la evolución de su lenguaje musical como por el entramado cinematográfico que le permitió componer la banda sonora de alrededor de 400 películas.

Dos años de conversaciones se reúnen en el volumen, donde no sólo es Morricone quien toma la palabra, sino también algunos críticos de música y directores de cine con quienes trabajó el compositor, en una historia llena de anécdotas de las películas, de las formas de trabajo con los directores y hasta de un reconocimiento internacional que le permitió obtener hasta un Premio Óscar honorífico.

De En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, de Alessandro de Rosa, extraemos algunos fragmentos que permiten un acercamiento más íntimo al compositor italiano, fallecido la madrugada de este lunes.

“Si no hubiese sido compositor, me habría gustado ser ajedrecista, pero de alto nivel, un aspirante al título mundial. Entonces sí habría valido la pena dejar la música y la composición”.

“Jamás habría pensado que me convertiría en un compositor célebre de bandas sonoras para el cine (..) Obviamente, hoy en día me siento orgulloso de lo que he conseguido, pero por aquel entonces no le di la menor importancia a aquella posibilidad”.

“El apellido Leone no me resultaba nuevo, pero, en cuanto lo vi en la puerta de casa, algo en mi memoria se activó inmediatamente. Noté enseguida un movimiento en su labio inferior que me recordaba algo: aquel hombre se parecía a un chiquillo que había conocido en tercero de primaria.

Yo le pregunté: ‘Pero ¿tú eres Leone, el de mi colegio?’.

Y él: ‘¿Y tú Morricone, el que iba conmigo al viale Trastevere?’“.

“Todavía hoy, como antaño, no se suele pensar en la música como en un lenguaje que contribuye al mensaje de la película, sino como en un simple fondo. A partir de este prejuicio, los propios compositores para el cine han subestimado su trabajo…”

“Estoy convencido de que hay que vivir intensamente cada instante, en su unicidad. Yo trato de hacerlo siempre que me pongo a escribir música, cuando pienso en mi familia, en mi mujer, en mis hijos, en mis nietos. En mi pasado, en mi presente y en mi futuro”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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