Los maestros artesanos de Oaxaca, de virtuosas manos, herederos de saberes ancestrales, reconocidos parte importante del patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO, durante la presente etapa de confinamiento por el covid-19, dejaron de recibir a los visitantes potenciales compradores interesados en su arte, lo que repercutió con la caída de las ventas del producto de su trabajo orgánico.

La cancelación de fiestas patronales, así como los filtros sanitarios de acceso a las comunidades indígenas restringe la entrada a forasteros. Con un dejo de tristeza tuvieron que cerrar sus talleres temporalmente para dedicarse a las tareas del hogar y el campo.

No obstante, por su naturaleza, se reinventaron, siguen trabajando en la intimidad de sus talleres para crear prolijas piezas.

En algunos casos, como las mujeres zapotecas de Teotitlán del Valle, frente a la nueva cepa hicieron causa común, sumaron su talento para diseñar cubrebocas inspirados en las flores de esta localidad indígena del Valle de Oaxaca.

Las maestras del arte textil, como Aurora Bazán, dedicadas a la elaboración de huipiles con la iconografía prehispánica, han creado cubrebocas.

La tela de algodón es tratada con hierbas, usadas en la medicina tradicional, para “limpias y curas”.

La acertada decisión dio como resultado un objeto textil que muestra de dónde proviene y la resistencia de los pueblos por salir adelante.

Esta nota originalmente se publicó en Excelsior

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