No existen pruebas que demuestren que el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad covid-19, pueda transmitirse a través de animales, insectos o por vía sexual, informó Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud.

Durante la conferencia de prensa vespertina, el funcionario federal explicó que desde el inicio de la pandemia se buscaron formas en las que se puede transmitir el virus, partiendo de la teoría de que el coronavirus afectaba sólo a animales y mutó, por lo que pudo transmitirse a humanos.

“Desde el inicio de la epidemia se exploran hipótesis sobre el mecanismo de prevención, se pensó en transmisión a través de animales, aunque existe la idea de que pudo transitar de ser virus endémicos de animales silvestres y producto de una mutación que le confirió adaptabilidad pasó a ser enfermedad humana. Interesó el problema de si animales podían continuar siendo reservorios y sembrar la epidemia a humanos, pero no se ha encontrado una especie animal demostrativa”, detalló.

López-Gatell explicó que también se hicieron pruebas para encontrar una posible transmisión a través de insectos, por materia fecal o por vía sexual, lo que dijo, no ha sido demostrado.

“Se buscó la posibilidad de que se contagiara por otras vías, incluida la sexual y otros insectos, tampoco se encontró que fuera así.“Se busco si pudiera ser que su presencia en materia fecal fuera un mecanismo de transmisión y se descartó que pudiera ser un mecanismo porque se encontró de manera inconsistente que en seres humanos infectados por SARS-CoV-2 lo expulsan a través de materia fecal el virus, de manera inconsistente, no fue llamativo la manera con que esto ocurre y se ha considerado que no es un mecanismo de propagación eficiente”, puntualizó.

Respecto al hallazgo del virus en aguas residuales por la UNAM en Juriquilla, dijo que tiene una utilidad sobre los mecanismos del coronavirus ya que las heces no son un mecanismo efectivo de transmisión, aunque aceptó que este hecho sí tiene una relevancia para la vigilancia epidemiológica.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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