Lázaro Santiago es uno de los sobrevivientes del virus asesino: el Covid-19.

“Volví a nacer”, dice con un hablar dificultoso a través del celular mientras recuerda ese día difícil en que recorrió hospitales públicos y ninguno le abrió las puertas: estaban saturados.

“Antes pensaba que a mí jamás me pasaría”, expresa  por eso ahora recomienda: “quédense en casa”.

Su familia, con escasos recursos económicos  lo tuvo que internar en una clínica particular para que salvara la vida.

“Sentí miedo, no sabía si iba a volver a ver a los míos, a Miguel, a María Elena, a mis padres, a mis hermanas; no sabía si iba a abrir los ojos”, externa a tres semanas y media de enfrentar los síntomas de la enfermedad.

A Lázaro Santiago le fueron aplicadas dos pruebas de Covid-19 en menos de dos días y en ambas el diagnóstico fue negativo. Fue hasta la tercera ocasión, ya en el hospital y estando encamado que el resultado fue positivo.

Su testimonio da cuenta de que el nuevo coronavirus no distingue condición social o edad. Él es un adulto joven, con un estilo de vida saludable, y a pesar de ello, se contagió; sin embargo, dice ser un ejemplo de que es posible recuperarse de la enfermedad.

“Los médicos creían que no la iba a librar. Yo, honestamente, creía que no la iba a librar. Cuando salí de mi casa en la ambulancia, pensé que no iba a regresar, pero poco a poco fui mejorando y aquí estoy”, señala.

Lázaro guarda reposo en la casa de sus padres. Narra que los síntomas comenzaron con una tos esporádica y dolores musculares, los cuales venían acompañados de dolores de cabeza.

Admite que no le dio importancia, pensó que era algo pasajero y siguió trabajando en la industria de la construcción; sin embargo, tres días después empezó con fiebre muy alta por las noches, “seguí acudiendo a trabajar hasta que ya no soporté los síntomas pues la tos fue más frecuente”.

Cuenta que, a sugerencia de la madre de su hijo, dejó de ir a trabajar para acudir a un médico particular ante el colapso que enfrentan los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO), quien únicamente lo mando a su casa y le recetó paracetamol a pesar de que ya se le dificultaba respirar.

“Dejé de interactuar con las personas, me resguardé en mi casa hasta que llegó la noticia que, si estaba contagiado, el médico me dijo debía internarme y me propuso trasladarme al Hospital de la Mujer y el Niño Oaxaqueño donde no había camas por lo que acudí a una clínica privada donde inmediatamente me pusieron oxígeno y muchos medicamentos”, narra.

Revela que estuvo por 4 días así. “Los primeros dos días no recuerdo nada, los siguientes muy vagamente hasta el día 5 cuando me retiraron el oxígeno, pero seguí con los medicamentos que te quitan el hambre y te dan nauseas”.

Hoy a tres semanas y media sigue resguardado, pero ya se siente mejor. Comenta que no debe salir ya que le dijeron al tomar mucho antibiótico; su sistema inmune está muy bajo.

“Volví a nacer; hoy se lo importante que es cuidarse ya que, como muchas personas, antes pensaba que a mí jamás me pasaría, ahora exhorto a todo mundo a cuidarse ya que no todos salen de este mortal virus”.

Lázaro Santiago dice estar preocupado ahora por su recuperación y sobre todo por conseguir un empleo, pues debido al padecimiento lo despidieron de su trabajo, pues al enterarse su jefe que estaba contagiado no quiso correr riesgo alguno.

Como buen mexicano no tengo ningún ahorro para gastos de emergencia, si no fuera por el apoyo de mi hijo, de su madre, de mi familia, no hubiera podido costear los gastos de una clínica particular.

“El momento que viví, estoy seguro que nadie quiere vivirlo, pero todos estamos expuestos. Yo lo afronté con tres tipos de energía: la energía de la fe, para los que somos creyentes; con la energía de la ciencia y con la energía también de la mente y de ser positivos”.

Como en la parábola, Lázaro se levantó, pero ahora enfrenta la incertidumbre al estar débil y sin empleo.

TDG / WLT
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