Lila Downs ha pasado la cuarentena en casa con su familia, y considera que ésta debe ser concebida como un período para recluirse y dejar respirar al planeta, mientras los seres humanos experimentamos un silencio interno que nos permita madurar.

Con este proceso recuerda la época en la que terminó sus estudios e inició su carrera como cantante, ya que fue a través de una introspección que descubrió cómo aprovechar su voz para visibilizar los problemas que enfrentan las minorías en México y Latinoamérica.

“Cuando era joven no creía tanto en ser cantante por el concepto que hay en México de que todo el mundo puede cantar. Hasta que terminé la universidad me di cuenta que quería contar la historia particular de los latinoamericanos y nuestra raíz indígena. Estamos muy reprimidos en ese aspecto en todas las áreas de la vida, quería enfocarme en eso”, compartió a El Heraldo de México.

Sus padres Anita Sánchez y Allen Downs, quienes se dedicaban al canto y a la docencia, respectivamente, fueron quienes le inculcaron la preocupación por difundir temas relacionados con su cultura y sus raíces, y como ella misma describe, “conectar las historias antiguas con la modernidad”.

Este interés se reflejó desde la primera canción que lanzó en su carrera como solista, un corrido que se titula “Ofrenda”, donde aborda el tema de la migración de los habitantes del pueblo San Juan Mixtepec, donde el 80% de la población se ve obligada a cruzar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

“Es muy bonito compartir la música con tus paisanos, ha sido mi regalo más grande, porque nos conecta. Nuestra cultura es maravillosa y es un honor desmitificarla a través de mis letras”.

Lila presentó recientemente el tema “Silencio”, con el que invita a una reflexión sobre la crisis social por la que atravesamos actualmente. “El silencio es necesario porque sin él no hay música, es lo opuesto de llenar todo el tiempo con notas, con palabras. es algo que he aprendido a apreciar mucho desde que iba en la escuela”.

Esta nota originalmente se publicó en El Heraldo de México

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