La emergencia sanitaria provocada por el coronavirus ha exhibido diversas carencias en el sector salud del país.

Una de ellas es la infraestructura médica. En varias entidades, la construcción de hospitales y otras unidades de salud sólo sirvió para el negocio entre unos pocos.

Las obras ni siquiera fueron terminadas y quedaron en el abandono.

Un caso emblemático es el hospital general de la mujer y el niño de Oaxaca que durante 10 años fue un elefante blanco en el estado.

Su construcción comenzó un año antes de que terminara la gestión del priista Ulises Ruiz (2004-2010). La primera inyección de recursos superó los 100 millones de pesos, pero la obra no se terminó.

El gobierno que le sucedió, el del perredista Gabino Cué (2010-2016), también le destinó una cantidad importante de recursos, pero al final las obras quedaron inconclusas.

“Recibimos un sistema de salud colapsado, pero uno de los grandes monumentos a la negligencia y la corrupción pues es éste hospital”, subrayó Alejandro Murat, gobernador de Oaxaca.

En la administración de Cué se atrevieron incluso a anunciar la inauguración del hospital cuando estaba lejos de ser concluido.

“No fue una, varias veces han querido inaugurarlo y tomarle el pelo a la población”, aseveró Murat en entrevista con MILENIO.

El Ejército puso en funcionamiento el centro en apenas cuatro meses

De acuerdo con indagatorias de la actual Fiscalía del estado, la obra de esta unidad médica fue utilizada durante años como “caja chica” para poder desviar recursos.

“El secretario de Salud de la administración pasada, y varios de sus colaboradores, están cumpliendo una condena en un reclusorio de Oaxaca”, destacó el mandatario estatal.

Llegado el gobierno de Murat se optó porque el Ejército concluyera este hospital ubicado en el municipio de San Bartolo Coyotepec, en la región de Valles Centrales, a unos 20 kilómetros de la capital.

El gobernador de Oaxaca explicó que su decisión se basó, luego de ver terminado un hospital en Juchitán que se había derrumbado durante los sismos de 2017.

Con 260 millones de pesos de inversión estatal, en cuatro meses, el Ejército hizo lo que en 10 años, dos gobiernos no pudieron y terminó las obras.

Hoy es el hospital “insignia” que atiende a pacientes de covid-19 en la entidad.

“Es el más grande, más equipado, más moderno y el que ahora está dando tranquilidad y certeza en la hospitalización”, destacó Murat, quien recordó que tras la pandemia, el hospital de la mujer y el niño oaxaqueño se convertirá en un centro médico nacional que operará el ISSSTE.

A pesar de esto, el gobierno de la entidad también decidió instalar, a un lado de este hospital, una unidad móvil con 60 camas más para evitar la saturación ante la inminente escala de contagios por la fase 3.

“Es como un lego, es un conjunto de cajas de trailer, por decirlo de manera coloquial, y éstas pueden irse todas juntas o desensamblarse y separase para distintas localidades”, explicó Juan Carlos Márquez, subdirector de Servicios de Salud en Oaxaca.

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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