Enfrentar la pandemia puede ser una oportunidad para que nuestro organismo se adapte al horario de verano, sin ocasionar alteraciones en los ritmos circadianos y en el ciclo de sueño, afirmó la jefa del Departamento de Psicología Aplicada del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), la doctora Norma Alicia Ruvalcaba Romero.

El horario de verano entró en vigor a las 2:00 horas de este  domingo 5 de abril y concluirá 25 de octubre a la misma hora. Ante esta situación empezará un proceso de ajustes en las vidas de las personas.

Ruvalcaba Romero señaló que los padres deberán ayudar a sus hijos a acostumbrase al nuevo horario, modificando la hora que despiertan a los niños, levantándolos media hora antes de lo acostumbrado.

Así mismo, mencionó que los adultos suelen acostumbrase de dos a tres días al horario de verano, presentando cansancio o hambre, ya que estos cambios afectan a la hora de la comida.

Finalmente, la jefa del Departamento de Psicología Aplicada, recomendó realizar ejercicio en el trascurso del día para que nuestro cuerpo se sienta menos cansado, de igual forma tener una alimentación sana.

¿CÓMO NOS AFECTA?

Se han realizado muchos estudios acerca de cómo el hecho de adelantar una hora los relojes el último fin de semana de marzo puede afectar al organismo, aunque ninguno de ellos aporta resultados concluyentes sobre las consecuencias de un cambio brusco de horario tiene sobre los ritmos circadianos.

Lo que sí es un hecho comprobado desde una perspectiva fisiológica es que el efecto más inmediato del cambio de hora es una alteración en la secreción de melatonina, una hormona que actúa regulando los estados de vigilia y sueño en función de la luz solar: a más luz se produce menos melatonina, por lo que la función de inducir el sueño que tiene esta hormona se produce de forma más tardía.

A ello hay que añadir que el horario de trabajo sigue siendo el mismo, por lo que en realidad, desde la perspectiva del reloj biológico, nos levantamos una hora antes de lo habitual, rompiendo la rutina del sueño, de modo que no se descanse lo necesario. Es un efecto similar al que se produce con el jet-lag cuando se viaja en avión a un país con un uso horario diferente.

Esta desregulación en la secreción de melatonina es suficiente para que el organismo se resienta y aparezca el cansancio, la fatiga e incluso la irritabilidad de las personas. A quienes más afecta el cambio horario es a los niños y las personas mayores, ya que tienen una mayor sensibilidad ante estos cambios hormonales. Pero en cualquiera de los casos el organismo se recupera rápidamente y se adapta rápidamente, en apenas tres días, al cambio de hora regulando nuevamente los ritmos circadianos.

Pese a los muchos estudios realizados en relación al cambio horario y sus efectos en el organismo humano, hay algunas cuestiones que aún se encuentran entre interrogantes, dado que los datos son meramente estadísticos y no se ha podido establecer una relación causa-efecto.

Así, por ejemplo, alguno de estos estudios pone sobre la mesa la posibilidad de que el cambio de hora que se realiza en primavera con un ligero aumento de los infartos de miocardio en los días inmediatamente posteriores, mientras que se reduce con la restitución del horario normal que se produce en otoño.

Otro tanto parece ocurrir con el índice de suicidios y el número de accidentes de tráfico: más en los tres días posteriores al cambio horario primaveral y menos en el otoñal. Sin embargo, son planteamientos no generalizables y que, en todo caso, deberían ser circunscritos a personas muy sensibles.

 

Esta nota fue publicada en Reporte Nivel 1 Uno

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