Ankara lanzó una advertencia este martes al régimen sirio, después que que cinco de sus soldados murieran en el noroeste de Siria, donde dos pilotos del régimen perdieron la vida cuando su helicóptero fue derribado por un cohete, atribuido a las fuerzas turcas.

Las amenazas de Turquía, que apoya a los grupos rebeldes y cuenta con posiciones militares en la región, coincidieron con el avance de las fuerzas progubernamentales sirias, que se hicieron con el control del último tramo de una autopista clave que conecta Damasco con Alepo.

En este contexto de alta tensión, marcado por una importante crisis humanitaria -según la ONU-, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se mostró intransigente el martes y aseguró que el régimen sirio pagaría «muy caro» cualquier ataque contra las fuerzas turcas.

Por la mañana, un helicóptero del ejército sirio fue derribado por un cohete disparado por las fuerzas turcas cerca de la localidad de Qaminas, al sureste de la ciudad de Idlib, capital de la provincia del mismo nombre, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que precisó que los dos pilotos habían muerto. Ankara mencionó un «accidente aéreo» sin reivindicar responsabilidad alguna.

La agencia oficial siria, Sana, citando una fuente militar, indicó que «el avión fue alcanzado por un misil hostil en la región de Al Nayrab, en el sur de Idlib, que comportó la caída del aparato y la muerte de su tripulación».

En el lugar en el que se estrelló el helicóptero, un corresponsal de la AFP pudo ver los restos de los dos pilotos y los escombros del aparato.

Después de ello, las fuerzas del régimen bombardearon zonas cercanas a un puesto de observación turco en el mismo pueblo, indicaron el OSDH y un corresponsal de la AFP.

Al menos tres personas murieron en esos bombardeos, informó el Observatorio, que sin embargo no pudo precisar si se trataba de soldados turcos o de combatientes rebeldes aliados.

En el plano humanitario, casi 700 mil personas huyeron de la ofensiva militar lanzada en diciembre por el régimen y su aliada Rusia en la región de Idlib.

Se trata de la ola de desplazados más importante en nueve años de guerra, afirmó este martes la ONU.

 

RESPONDER A LAS AGRESIONES

Turquía, que cuenta con 12 puestos de observación en el noroeste de Siria, envió refuerzos a la zona en los últimos días.

El ejército sirio reafirmó el martes su determinación a «responder a las agresiones del ejército turco».

Por su parte, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, manifestó este martes su apoyo a Turquía y sostuvo, en un tuit, que «las agresiones en curso del régimen de Asad y de Rusia deben cesar».

Además, anunció que el enviado especial estadounidense para Siria, James Jeffrey, visitaría Turquía «para coordinar las medidas de respuesta».

Este llegó el martes por la noche, para unas reuniones previstas el miércoles. En cuanto llegó, dijo a los periodistas que Washington quería apoyar a Turquía «todo lo posible».

De otro lado, Ankara sigue en contacto con Moscú, principal aliado del régimen de Bashar al Asad, con quien cerró un acuerdo para establecer una «zona desmilitarizada» bajo control de Rusia y Turquía en Idlib que, en la práctica, quedó en nada.

Sobre el terreno, y por primera vez desde 2012, las fuerzas del régimen retomaron el martes el control total de la autopista M5, que enlaza el sur del país con Alepo, en el norte, pasando por Damasco.

Desde que empezó la ofensiva del régimen en el noroeste, en diciembre, 350 civiles murieron, según el OSDH, que dispone de una vasta red de informantes en el país.

 

OPERACIÓN HUMANITARIA

La mitad de la provincia de Idlib y sectores cercanos en las regiones de Alepo, Hama y Latakia, controlados por los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS, exrama siria de Al Qaida), componen el último bastión rebelde que escapa al poder de Damasco.

Frente al éxodo de civiles, la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios anunció una «enorme operación humanitaria» con el envío, en febrero, de más de 230 camiones con víveres a través de dos puntos de paso en la frontera turca, para atender a 400.000 personas.

La mayoría de los civiles huyeron hacia el norte de Idlib, cerca de la frontera turca, que Ankara cerró por miedo a una nueva ola de migrantes.

Más de 3,5 millones de sirios han hallado refugio en Turquía desde 2011, cuando empezó el conflicto sirio, que ya ha dejado más de 380.000 muertos.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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