CIUDAD DE MÉXICO

Líbano logró la noche de este martes formar un nuevo gobierno que tendrá la pesada tarea de reactivar una economía en caída libre y de convencer a los manifestantes que fustigan a la clase política.

Casi tres meses después de la dimisión de Saad Hariri bajo presión de las manifestaciones y más de un mes después de la designación del nuevo primer ministro Hasan Diab, apoyado por el movimiento chiita Hezbolá, se dio a conocer en el palacio presidencial un nuevo gobierno compuesto de 20 ministros.

El primer ministro, un académico de 61 años, prometió que su gobierno hará todo lo posible para responder a las demandas del movimiento de protesta que agita al país desde el 17 de octubre, y que reclama una reforma del sistema político y la dimisión de una clase política acusada de incompetencia y corrupción.

En Beirut, centenas de manifestantes se reunieron en una avenida que conducen al Parlamento, pero que había sido bloqueada por la policía. Los manifestantes arrojaron piedras a la policía, que respondió con bombas de gas lacrimógeno, constató un camarógrafo de AFP en el lugar.

«Es un gobierno que expresa las aspiraciones de los manifestantes en todo el país, movilizados desde hace más de tres meses, que trabajará para responder a sus reivindicaciones», declaró Diab, poco después del anuncio de la formación de su gabinete.

El primer ministro se había comprometido a nombrar un gobierno de «tecnócratas independientes» que respondiera a las aspiraciones de la calle.

Entre los nuevos ministros figuran académicos como el economista Ghazi Wazni, que se encargará de Finanzas, o incluso altos funcionarios.

En su discurso, Diab citó entre las demandas populares la «independencia de la justicia, la lucha contra el enriquecimiento ilegal» y también «la lucha contra el desempleo».

– «Burlarse del pueblo» –

Antes del anuncio, unos 200 manifestantes se concentraron en Beirut, cerca del Parlamento, bloqueando una vía principal, constató un corresponsal de la AFP.

«Queremos un nuevo Líbano, un Líbano libre de corrupción», dijo un manifestantes, Charbel Kahi.

«Que no vengan a burlarse del pueblo libanés formando un gobierno. Hace dos meses que esperábamos, se estaban repartiendo las acciones», aseguró este agricultor de 37 años, conteniendo apenas su ira.

La tensión subió en los últimos días con enfrentamientos violentos el fin de semana entre manifestantes y las fuerzas del orden, que dejaron más de 500 heridos en Beirut.

El nuevo equipo fue formado por un solo bando político, el poderoso movimiento chiita proiraní de Hezbolá y sus aliados. Aún debe de obtener el voto de confianza del Parlamento.

Sin embargo, incluso entre estos aliados, se necesitaron intensas negociaciones políticas para repartir las carteras.

Al lado de Hezbolá, se encuentran principalmente la formación chiita Amal, así como el Movimiento Patriótico Libre, fundado por el presidente Michel Aoun.

Antes del anuncio del martes, el politólogo Hilal Khashan estimaba que un gobierno «compuesto exclusivamente de tecnócratas» era un «deseo piadoso».

Para el nuevo equipo, los desafíos son múltiples, en particular en el plano económico, en un país que tiene una deuda de casi 90.000 millones de dólares (81.000 millones de euros), más del 150% de su Producto Interno Bruto (PIB).

Se necesitan reformas estructurales, en particular para liberar miles de millones de dólares en ayuda y donaciones prometidas por la comunidad internacional.

Los manifestantes critican que las autoridades no pueden proveer los servicios públicos básicos.

Treinta años después del fin de la guerra civil (1975-90), los libaneses viven diariamente con cortes de electricidad, una deficiente red de agua corriente y una gestión calamitosa de los residuos.

El Banco Mundial advirtió en noviembre que las tasas de pobreza podrían alcanzar un 50% de la población, frente a un tercio actualmente.

La tarea que espera el gobierno «durante este grave periodo es hercúlea», afirma Karim Mufti, investigador de ciencias políticas.

«Dada la naturaleza multidimensional de la crisis, parece difícil concebir soluciones a corto plazo para los problemas financieros, económicos y sociales del país», dice.

Varios de los partidos principales se negaron a formar parte del gobierno.

 Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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