CIUDAD DE MÉXICO.

La fecha límite para instalar el pedestal y la estatua de Leona Vicario en el llamado Paseo de las Heroínas será el próximo 15 de agosto, dijo a Excélsior el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Alfonso Suárez del Real.

Detalló que, en este momento, la SC local ya solicitó al Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la Ciudad de México (COMAEP) la convocatoria a una sesión para que dictamine el listado de las Mujeres Ilustres y proseguirá la solicitud de autorización al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Aún no hay fecha para la sesión del COMAEP, dijo, porque ésta depende de la Seduvi, así que la fecha está por confirmare. Mientras tanto, reveló que de forma paralela la dependencia ya inició contacto con un grupo de artistas acreditadas en escultura retratística para realizar dicho trabajo.

Pero mientras se definen los tiempos, este diario charló con la historiadora y cronista Ángeles González Gamio, quien la define como  una mujer notable que tuvo una participación importante en el movimiento insurgente, “aunque como sucede con casi todas las mujeres de esa época, como es el mismo caso de Josefa Ortiz de Domínguez, no se conocen realmente sus historias, sino que las han puesto de relleno para que no falten las mujeres, pero sin dar a conocer sus valiosas aportaciones”.

Además, cuestiona en qué momento se olvidó que Vicario obtuvo el título de Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria, el cual se perdió con el tiempo, a diferencia de lo que ha sucedido con otros personajes, como Benito Juárez, quien se ha mantenido como el Benemérito de las Américas.

ELLA TOMÓ LA DECISIÓN

González Gamio recuerda que María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador nació el 10 de abril de 1789, en la Ciudad de México, que fue hija de Gaspar Martín Vicario, un comerciante español, y de Camila Fernández de San Salvador, una criolla originaria de Toluca.

Fue privilegiada porque recibió una educación poco común para las mujeres de su época y, según su biografía, entre sus intereses estaba la historia, la política y la pintura.

Detalló que a los 17 años quedó huérfana y heredó la fortuna de sus padres, aunque quedó al cuidado de su tío Agustín Pomposo de Fernández, un abogado realista que empleó a un joven pasante de nombre Andrés Quintana Roo, de quien ella se enamoró; y alquiló dos casas gemelas en la calle de Don Juan Manuel 19 (hoy Uruguay), “para estar pendiente de Leona, pero sin que perdiera su independencia”.

Por aquel tiempo, Leona fue comprometida con Octaviano Obregón, quien en diciembre de 1810 partió a España para colaborar en las Cortes de Cádiz, y se inclinó por el joven Quintana Roo, quien simpatizaba con el movimiento insurgente iniciado por Miguel Hidalgo.

Por iniciativa propia, Leona comenzó a apoyar al movimiento independentista, pues, al ser una mujer de la alta sociedad novohispana, tenía acceso a información valiosa para la lucha.

Y aunque muchas veces se dijo que se unió a la causa “por amor”, lo cierto es que financió, por decisión propia, parte del armamento de los rebeldes e, incluso, en 1812 convenció a los mejores armeros vizcaínos para que se unieran a Ignacio López Rayón, en Michoacán, para elaborar los mejores cañones para el ejército insurgente.

A principios de 1814 un correo interceptado reveló que Leona apoyaba a las fuerzas rebeldes.

Ella trató de huir, pero fue aprehendida y recluida con cargos de conspiración en el convento de Belén de las Mochas. Entonces le fueron embargados todos sus bienes y rematados a un precio irrisorio.

Ahí permaneció durante algunos meses, hasta que el 22 de abril de 1814 Antonio Vázquez y Luis Rodríguez la rescataron del convento.

Tras su escape, permaneció oculta en la capital, hasta que las autoridades, creyéndola ya lejos, levantaron la vigilancia de las garitas de la ciudad.

Fue entonces cuando Leona se disfrazó de negra y escapó con su escolta, quienes simularon ser un grupo de arrieros, cargando jarras de pulque llenas de tinta para la impresión de los periódicos insurgentes y se reunió con Quintana Roo.

González Gamio recuerda que en 1817 nació la primera hija de Leona, llamada Genoveva, en una cueva de Achipixtla, pero poco después fue capturada nuevamente por el ejército realista.

Entonces Quintana Roo pidió su indulto, con la condición de entregarse y aceptó el arraigo en Toluca, donde la familia permaneció viviendo en condiciones precarias.

En 1820 nació su segunda hija, María Dolores. Pero una vez consumada la Independencia, en septiembre de 1821, la pareja regresó a la capital y, libre de sus cargos legales, Leona demandó al gobierno mexicano por haber embargado sus bienes años antes.

LAS HUELLAS

Aquel juicio lo ganó y, en 1823, se decidió que debían pagarle una indemnización por 112 mil pesos, lo cual no sucedió ante la falta de recursos.

Sin embargo, recibió una hacienda de Ocotepec, Hidalgo, y dos casas en la Ciudad de México, una de las cuales se ubica en República de Brasil 37, a un costado de Santo Domingo, y hoy es la sede de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL) del INBA, donde la llamada “Mujer fuerte de la Independencia”, murió en 1842.

Por último, Gamio recordó que en la Plaza de Santa Catarina, del Centro Histórico, existe la única escultura de la que se tenga memoria, en la capital, dedicada a esta heroína que financió parte del proceso de Independencia, aunque su nombre también está ligado a la Columna de la Independencia, donde reposan sus restos; y al  Muro de Honor de la Cámara de Diputados, donde su nombre está inscrito.

 Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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