Bill llegó un día de 2006 hasta el taller de Jacobo Ángeles y María Mendoza, maestros artesanos que han dedicado su vida a tallar en madera de copal tonas y nahuales, guras míticas que materializan la herencia zapoteca de la región de los Valles Centrales y que han dado fama internacional a San Martín Tilcajete como la cuna de los mágicos alebrijes.

Entonces, Oaxaca atravesaba por una crisis política y social que convulsionó la vida de la entidad y a su principal actividad económica: el turismo, por lo que la promesa de Bill —un estadounidense de 50 años— de impulsar la venta de los seres fantásticos más allá de las fronteras nacionales parecía una oferta difícil de rechazar. Sentada en el patio del taller, cerca de un joven árbol de copal, la maestra María recuerda 13 años después que Bill les propuso potenciar su mercado con la creación de un catálogo, para lo cual aseguró que necesitaba algunas muestras y modelos de tamaños y colores especícos. Los artesanos aceptaron de buena fe.

“Vio toda la demostración, se enteró por qué hacemos las tonas y los nahuales, qué fuerza le damos a la esencia y cómo nos metemos al fondo del signicado, que no es algo supercial, sino que cada detalle de la pieza tiene un gran valor. Él hizo todo este estudio, vio todos los procesos y dijo: ‘Yo voy a querer trabajar con ustedes para apoyarles’”, recuerda.

Fue así como el taller de Jacobo y María Ángeles, uno de los más emblemáticos de Tilcajete, elaboró las muestras tal como las pidió Bill, en los colores y tamaños solicitados. Armadillos, ranas, búhos y otros animales imposibles que nacieron de las manos de los artesanos le fueron entregados al hombre, quien también atestiguó todo el proceso de creación, desde que se elige la rama ideal del copal, hasta que se decora con motivos inspirados en códices.

“Estuvo viniendo casi todos los días, viendo el proceso. Estuvo acá con nosotros y después se llevó las piezas y desapareció”, recuerda la artesana.

En ese entonces, ni Jacobo ni María lo sabían, pero sus piezas terminarían en talleres donde se utilizarían para que sus seres fantásticos se reprodujeran en serie, sin importar la pérdida de su esencia ni su misticismo ancestral. Ni si quiera respetando el material con el que estaban hechos, pues entonces no existía un solo mecanismo que protegiera estas creaciones.

Apuntalar la protección

Pensando en experiencias como ésta, que han vivido distintos artesanos en todo el territorio, el gobierno de Oaxaca trabaja desde el año pasado en el desarrollo de una Indicación Geográca (IG), una declaración de protección para productos originarios de un país o una región especíca, “siempre que tengan una calidad, reputación u otra característica imputable a su origen geográco”, señala el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.

De acuerdo con Juan Pablo Guzmán, titular de la Secretaría de Economía de Oaxaca, se trabaja en este mecanismo porque, al igual que Jacobo y María, los artesanos de la región que elaboran guras talladas en madera “han tenido experiencias de terror”, principalmente con el mercado asiático”, por lo que se busca la manera de protegerlas a través del Tratado de Lisboa.

Tal y como lo indica su nombre, la IG que desarrolla la dependencia está pensada para proteger alebrijes, tonas, nahuales y guras talladas en madera de los Valles Centrales, y es la primera que se declararía en el estado. “Primero, les damos valor agregado a estas artesanías, mediante la certicación y el reconocimiento, y segundo, se les otorga protección, ya no pueden haber más guras de madera que se hagan en otra parte o quieran entrar al país y venderse como tal”, dice en entrevista con EL UNIVERSAL.

De concretarse la IG, explica Guzmán, quedaría regulada y prohibida la entrada de cualquier otra gura que se ostente como alebrije, tona o nahual, porque entonces se procedería legalmente: “Ahí sí entrarían demandas. Pasa mucho con el tequila, llega tequila hecho en otros lugares o países y cuando en las aduanas se detecta, se hace un reporte a México, se verica que no es realmente esta bebida y se dan multas y sanciones. Además se destruye el producto”, señala.

De acuerdo con el IMPI, las indicaciones geográcas no son los únicos mecanismos de protección para productos mexicanos, también existen las denominaciones de origen (DOP).

Juan Pablo Guzmán explica que ambas tienen el mismo valor a nivel mundial, pero que mientras la IG tiene más reconocimiento en Estados Unidos, la DOP lo tiene en Europa.

“No compiten ni chocan, las dos buscan mantener los atributos de un producto en la región determinada, pero la puntual diferencia es que en una IG no necesariamente todos los elementos del producto son originarios de ese lugar. Por ejemplo, si el alebrije lleva un círculo de oro, el oro no salió de ese municipio, pero el copal sí, el tallado sí, el maestro con su intelecto y creatividad sí, entonces no puede ser Denominación de Origen, pero puede ser Indicación Geográca”.

Además, acota que en el caso de los alebrijes y las figuras de madera de los Valles, éstas no pueden ser DOP porque tampoco existe un municipio que se llame de dicha forma, como en el caso del café Pluma, de la localidad del mismo nombre y que está por obtener su DOP.

“No es una mejor que otra, tienen el mismo peso, sólo que son para diferentes objetos. La IG, por ejemplo, nos ayuda a corregir algunos errores del pasado de denominaciones de origen anteriores que ahora son un poco polémicas”, señala en referencia a la disputa que existe por el mezcal.

Un alto al plagio

Después de pensar que se trató de alguno de tantos proyectos que no se concretan, como exposiciones o alianzas, un año después Bill volvió a Tilcajete y buscó a Jacobo y a María. Cargaba una maleta grande, de la que sacó pequeños paquetes que mostró a los artesanos.

Con los modelos y muestras que entregaron a Bill, originario de San Diego, California, él creó moldes que envió a China, donde le manufacturaron 5 mil piezas a su gusto, ninguna estaba hecha a mano y menos tallada en copal. Ahora estaban armadas de piezas de un material parecido a la resina.

Aunque hasta hora los maestros artesanos no saben si Bill tuvo desde el principio la idea de plagiar sus creaciones, están seguros de que si no hubieran actuado en su defensa, el conocimiento colectivo de su comunidad, herencia de cientos de años, habría quedado en manos extranjeras. Están seguros de ello, porque Bill volvió para solicitarles 70 modelos más para poder replicarlos en China.

Lo que siguió fue la amenaza de un juicio por 300 mil dólares contra ellos, cantidad que el extranjero aseguró que había invertido, y un peregrinar de años con instancias gubernamentales hasta lograr que el nombre de alebrijes, creado por el maestro cartonero Pedro Linares, se convirtiera en una marca colectiva.

“Le dije que ese no era el trato, que él prometió hacer toda la parte del mercado y nos iba a pedir a nosotros que hiciéramos toda la producción para ayudar a nuestra gente”, recuerda María sobre la última vez que vio a Bill, la misma cuando le pidió que olvidara a su comunidad y aceptara 1% de la venta de cada pieza reproducida. Al reconocimiento de los alebrijes como marca colectiva está próxima a sumarse la Indicación Geográca, para la cual en diciembre se levantó información de parte del IMPI en talleres donde se elaboran las guras, por lo que se espera que este mes se avance en su declaración.

Tras lograrse la IG de estos seres fantásticos, las siguientes creaciones a proteger serán los textiles de Teotitlán del Valle, San Antonino Castillo Velasco y Santa María Tlahuitoltepec, comunidad mixe recordada por padecer el primero de los plagios a artesanos oaxaqueños que trascendió a nivel mundial.

Esta nota originalmente se publicó en El Universal

Compartir

Dejar respuesta