La vista desde el Café Tacvba es inmejorable. Rubén, Meme, Joselo y Quique tienen un panorama para que la señorita Christina Aguilera les tenga un poco de envidia.

Se lo han ganado los satelucos, les ha costado, tener a una raza de 65 mil compas cantando Cero y uno. No cualquiera lo logra en estos tiempos, mucho menos con una guía impresa de Guitarra fácil, ¿verdad, Quique?

Los tacvbos son nuestro punk; la idiosincrasia del mexicano en letra, sentimiento, vivencias, están en cada esquina de las colonias, en los micros, en las pedas que uno hace por el puritito placer de poder presumir nuestra raza.

Anoche fue una más, la gente llegó ya prendida, prendió mota, compró chela que tragó para poder cantar, se grabaron las rolas y se dejó hablar a Rubén, ya ven que casi no se le da.

“¡Llegamos a los 30, muchachos!”, dijo. Lo interrumpió la banda con su aliento, y continuó, “se escucha mucho desmadre”, agregó.

Invocó las rolas viejitas y por supuesto ésa es la que querían escuchar. Pasó a calzarse en su mohicana un sombrero de palma para evocar Debajo del mar y Labios jaguar. Rubén salió con ese corte de cabello con el que desafió a los maestros mochos y religiosos de sus colegios hace muchos años, si siguen vivos o muertos sus maestros, deben estar revocándose o bailando como todo mundo lo estaba haciendo en pista y en gradas.

Las palmas era poco reconocimiento, la bulla también. Se alzaron globos; las muchachas sobre los hombros para ver más de cerca el desmadre de La zonaja.

Qué raro pero adecuado entonar en medio de una de las ciudades más grandes del mundo Trópico de Cáncer, pero qué adecuado hacerlo porque, en cada respiro que uno da en esta urbe, los pulmones se ponen negros más que verdes, como quisiéramos por la Pacha Mama.

Cada canción involucraba un silencio para escuchar el llamar y el grito del cervecero, para después ponerse a grabar y gritar como locos el nombre del grupo.

Las marimbas invocaron Ixtepec, la entrada perfecta para que los dedos de Quique trajeran a escena Volver a comenzar, que para estos momentos era justo lo que estaba pasando en el Foro Sol, porque la noche pintaba para que el Café Tacvba siguiera celebrando el pasado.

Celebrar el tiempo en el que los mexas encontramos nuestra identidad a través de cuatro compadres que truncaron sus carreras para representarnos libremente.

Hasta el cierre de esta edición, los Tacvbos se aventuraron a tocar Revés, de un disco instrumental que en el momento de su salida no se le vio el valor que amerita musicalmente, pero que simboliza una joya para el grupo. Gracias a esas rolas sin nombre han podido seguir grabando otros temas.

Antes del arranque del concierto, Rubén Albarrán, vocalista de la banda, salió vestido de mujer y acompañado de un grupo feminista para ejecutar la coreografía y rola protesta, traída desde Chile, El violador eres tú.

Una ejecución que se hizo con mucho respeto y que se llevó los aplausos del público y los que no simpatizan con el movimiento guardaron silencio y prefirieron no comentar nada.

Un máximo de respeto para todas las mujeres que han empujado para que se les proteja igualitariamente, y por supuesto que el espacio del Café Tacvba era inmejorable para mandar el mensaje.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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