El papa Francisco se dispone a modificar la doctrina oficial de la Iglesia Católica a fin de declarar que poseer y usar armas atómicas es «inmoral», una medida que consagraría como enseñanza eclesiástica la oposición a la doctrina de la disuasión de la Guerra Fría.

Ya el domingo el papa había dicho que tener armas atómicas es inmoral, al participar en una emotiva ceremonia en Hiroshima, en la que se reunió con sobrevivientes de la bomba atómica que Estados Unidos arrojó allí a fines de la Segunda Guerra Mundial.

El martes, durante una conferencia de prensa en el avión, mientras viajaba de regreso de Japón a Roma, el papa opinó que sus declaraciones en Hiroshima deberían ser parte de su magisterio, es decir, de su enseñanza oficial de la Iglesia.

«Este debería ser incluido en el Catequismo de la Iglesia Católica», expresó el pontífice.

«No solamente el uso, también la posesión», añadió, «porque un simple accidente, o la demencia de un líder o de alguien puede destruir a la humanidad entera».

Francisco ya había expresado su oposición a la justificación de tener armas nucleares como método disuasivo en una conferencia en el Vaticano en 2017, cuando dijo que la posesión de armas nucleares «debe ser condenada».

Las declaraciones pusieron fin a la aceptación tácita de armas nucleares por parte del Vaticano. A partir de 1982, el entonces papa Juan Pablo II había argumentado que la disuasión era aceptable como algo temporal, siempre y cuando se hicieran esfuerzos hacia un desarme verificable y mutuo.

Sin embargo, en los años subsiguientes los tratados de control de armas han fracasado, han emergido nuevas potencias nucleares y la política de amedrentar al enemigo ha desembocado en la proliferación de bombas.

Francisco agregó el martes que se opone al uso de energía nuclear hasta que los científicos puedan «garantizar totalmente» que un accidente, un desastre natural o un individuo «desquiciado» no vaya a destruir a la humanidad y al medio ambiente con ese tipo de radiación.

«Es mi opinión personal», dijo el papa. «Yo no usaría la energía nuclear a menos que haya garantías totales en ese tema».

 

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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