Oaxaca, Oax.

Un ambiente tenso se respira en esta comunidad de la sierra sur de Oaxaca, las polvorientas calles lucen desiertas, las cinco escuelas de la población se encuentran cerradas ante la ausencia de los maestros y maestras, que por falta de garantías, desde el pasado lunes suspendieron las clases, de igual manera, la clínica del Centro de Salud se encuentra cerrada.

En las calles, sólo se puede ver a las mujeres un tanto atemorizadas, que ataviadas con sus vestimentas tradicionales de la región chenteña, desde temprana hora se dirigen al mercado, al molino y a adquirir lo más necesario para preparar sus alimentos.

Y es que las mujeres y niños, aún recuerdan la tarde-noche del pasado viernes en que el tableteo de los fusiles de asalto rompió con la tranquilidad de la población y presagiaba sangre, muerte y dolor, aunque las víctimas fueron policías estatales, a quienes algunos pobladores consideraban sus enemigos.

Desde el pasado sábado, hombres adultos y algunos jóvenes, desaparecieron de la población para ponerse a salvo de su posible detención, ya que había rumores de que la Guardia Nacional, apoyados por el Ejército Mexicano, incursionarían en San Vicente Coatlán para la detención de los presuntos autores del quíntuple asesinato de policías estatales.

Sin embargo, fue una falsa alarma, las fuerzas federales del orden nunca llegaron a la comunidad y un grupo de hombres nuevamente regresó a la agreste serranía en los límites de Sola de Vega y Miahuatlán, rutas que solamente ellos conocen y evitar la persecución militar, aunque vía radios portátiles, estaban en constante alerta ante la posibilidad de una movilización policiaca militar en la zona.

Entre los pobladores, se comenta que los policías estatales victimados arteramente el pasado viernes, fueron utilizados como carne de cañón en el paraje La cementera, en el acceso a San Vicente Coatlán en donde un grupo armado ya los esperaban con cartucho cortado de sus fusiles de asalto y con el parque suficiente para resistir una incesante balacera.

En San Vicente, se habla que fueron casi 200 los pobladores que participaron en la sangrienta emboscada, con un saldo de cinco uniformados asesinados y dos heridos que continúan hospitalizados, demostrando en la agresión una superioridad numérica y una gran capacidad de fuego que prácticamente dejo en la total indefensión a los 28 policías estatales que a bordo de cuatro patrullas intentaron incursionar en esa comunidad de la sierra sur.

Por el momento, las clase se encuentran suspendidas en la población ante el temor de los maestros de ser confundidos o en su caso quedar entre dos fuegos en caso de un nuevo enfrentamiento entre las fuerzas del orden y los grupos armados, que de día se refugian en los cerros y de noche bajan a resguardar las inmediaciones de la población.

La clínica de salud también se encuentra cerrada al público, ante la negativa del personal médico y de enfermería, que por falta de garantías se han ausentado de esa comunidad.

Esta nota originalmente se publicó en El Sol de México

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