Tom Patterson adquirió una gravísima infección debido a una superbaceria resistente a todos los antibióticos, durante un viaje a Egipto. El diagnóstico era fatal, pero la tenacidad de su esposa, Steffanie Strathdee, y un revolucionario tratamiento evitaron que el hombre muriera.

De acuerdo al portal de la BBC, Steffanie Strathdee, una epidemióloga de enfermedades infecciosas, sabía que su marido, Tom Patterson, estaba gravemente enfermo. En esos momentos yacía en un coma médico inducido, pero ella se negaba a aceptar que su compañero iba a morir.

Los médicos se estaban quedando sin recursos para mantener vivo a Tom, mientras una superbacteria mortal arrasaba su torrente sanguíneo, resistente a todos los antibióticos que le administraban.

«Pensé que no podía asumir toda la responsabilidad y mantenerlo con vida si él ya no quería, necesitaba preguntarle”, dijo Steffanie.

Según la BBC, pese al coma inducido, Steffanie preguntó a su marido si quería seguir viviendo y le pidió que de ser así apretara su mano. Él respondió con un apretón y ella decidió luchar por salvarle la vida.

La pareja, ambos científicos de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, se conoció por sus trabajos de investigación de tratamientos contra el sida.

En noviembre de 2015 viajaron a Egipto y en durante su estancia dieron un paseo por barco a través del río Nilo. Cuando volvieron a su camarote, Tom comenzó a vomitar. Al principio, la pareja asumió que era intoxicación alimentaria.

Luego de visitar a algunos médicos en Egipto y descartar que se tratara de una intoxicación alimentaria, Tom fue trasladado en avión a Frankfurt, Alemania, donde los médicos le dijeron que se trataba de la peor infección del planeta. La bacteria se llama Acinetobacter baumannii.

En 2017, fue catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las tres superbacterias para la que se necesitan antibióticos con mayor urgencia.

Por suerte, algunos antibióticos funcionaron para Tom, y el equipo médico de Frankfurt pudo estabilizarlo.

Poco después, la pareja decidió volver a San Diego, California, en Estados Unidos.

Según la BBC, los doctores de Estados Unidos tenían experiencia sobre el Acinetobacter baumanni por la alta presencia de militares en la zona. De hecho, la bacteria había sido apodada”Iraqibacter” (bacteria iraquí) debido al alto número de infecciones detectadas por las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.

Cuando Tom llegó, volvieron a probar su sensibilidad a los antibióticos. Malas noticia: ninguno de ellos tuvo efectos.

Los médicos tenían que decidir entre operar a Tom para extirpar el absceso o tratar de extraer el líquido infectado del cuerpo. Optaron por sustraer el líquido, introduciendo cinco drenajes en el abdomen. No obstante, uno de estos drenajes se deslizó y toda la infección se regó en su torrente sanguíneo.

Inmediatamente entró en shock séptico, fue trasladado rápidamente a cuidados intensivos y le pusieron un ventilador para respirar.

«A partir de ese momento, la bacteria colonizó todo su cuerpo, estaba en su sangre, no solo su abdomen. Él ibadesapareciendo día tras día”, dijo Steffanie.

Tratamiento a base de virus fagos

Al darse cuenta de que necesitaban medidas desesperadas, Steffanie consultó PubMed, el sitio de búsqueda de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Encontró un artículo sobre algo llamado terapia de fagos.

Los fagos son virus que evolucionan de manera natural para atacar bacterias y Steffanie los había estudiado durante un tiempo.

En tres semanas y con la ayuda de especialista de varios países se logró un coctel de cuatro fagos.

En ese punto, Tom estaba conectado a un respirador artificial. Sus pulmones y sus riñones estaban fallando, usaba un ventilador y necesitaba tres medicamentos diferentes para mantener su corazón latiendo.

El primer coctel de fagos se inyectó en tubos en el abdomen de Tom, el más cercano a la infección. Cuando estaba más estable, se inyectó en su torrente sanguíneo un segundo y más potente cóctel de fagos, desarrollado en un centro médico de la Marina estadounidense. Tres días después de que le administraran el coctel de fagos, Tom despertó del coma.

Poco después del comienzo de la terapia con fagos, Tom tuvo otro caso de shock séptico, su sexto de siete en total durante los nueve meses que pasó en el hospital.

Usaron varios fagos mientras continuaba su tratamiento, y la bacteria desarrolló resistencia a algunos de ellos. No está completamente claro qué fagos funcionaron y cuáles no.

Ahora está en las tres cuartas partes del recorrido a una recuperación que se prevé dure cuatro años.

Esta nota originalmente se publicó en Noticieros Televisa

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