Los tacones son irresistibles para muchas mujeres, pues en verdad puede convertirse en una ‘obsesión’ comprar zapatos. Pero, si la gente te critica por ello, tenemos el pretexto perfecto: Las mujeres que usan tacones altos, tienen más sexo y sus relaciones de pareja son más duraderas.

Efectivamente los gustos se rompen en géneros, por lo que a algunas mujeres no les agradan los tacones y prefieren estar cómodas con zapatos bajos. Pero para los hombres, los tacones altos, pueden marcar la diferencia en su manera de ver a las mujeres.

De acuerdo con un estudio publicado por la Universidad de Murdoch, Australia, las mujeres con tacones son más atractivas para los hombres. Esto tiene una explicación científica: cuando las mujeres llevan puestos tacones, mantienen la espalda erguida, lo cual les llama más la atención a los hombres, y es  a nivel inconsciente.

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Cuando las mujeres erguimos la espalda, en automático sobre sale nuestro pecho y el abdomen se comprime, por lo que la postura mejora y aporta seguridad. Esto, puede ser irresistible para los hombres, y despierta su deseo sexual.

Hay de tacones a tacones, pero los que más les llaman la atención a los hombres, son los famosos ‘tacones de aguja’, que puede ser poco cómodos, pero no me dejarán mentir, en verdad estilizan las piernas y las alargan.

Incluso, algunos expertos en psicología, psicoanálisis y hasta semiótica, indican que los tacones altos son uno de los fetiches y fantasías sexuales más comunes.Por lo que si ven a una mujer en tacones, caminando derecha, va a ser verdaderamente excitante para ellos.

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Cabe mencionar que es importante que para usar tacones altos, no tengas ninguna lesión en articulaciones o músculos, pues la altura de este tipo de zapatos podría complicar más la situación.

Por lo tanto, si eres una mujer que no ha usado nunca tacones y eres sotera, podría ser una alternativa comprar unos y salir de vez en cuando, para comprobar esta teoría. Pero, si eres casada, también podría ser una estrategia para revivir la pasión de tu matrimonio.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excelsior

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