Le llaman divorcio de alcoba. Y dicen que es la clave para dormir mejor.

Quizá Lucy y Ricky Ricardo (y los censores de la televisión) siempre estuvieron en lo correcto: debes dormir en tu propia cama.

Si bien la mayoría de las parejas consideran que compartir la cama es una expresión de intimidad y unión, las investigaciones muestran que quizá hay motivos para dormir en camas separadas, tal como en las escenas de dormitorio del programa televisivo de la década de los cincuenta I Love Lucy, protagonizado por Lucille Ball y su esposo en la vida real, Desi Arnaz.

Las parejas que duermen en la misma habitación son más proclives a experimentar perturbaciones nocturnas causadas por el otro (como ronquidos, falta de higiene, vueltas en la cama y horarios diferentes). Todo esto puede acarrear problemas de salud, disfunción sexual y disputas maritales.

Un estudio de 2016 de la Paracelsus Private Medical University en Núremberg, Alemania, reveló que los problemas para dormir y los conflictos de pareja tienden a ocurrir de manera simultánea. De hecho, un estudio de 2013 realizado en la Universidad de California, campus Berkeley, descubrió que una noche de insomnio provocada por las perturbaciones de tu pareja puede causar conflictos en la relación al día siguiente.

«Aunque dormir juntos tiene sus beneficios, los hábitos de sueño molestos o problemáticos de una persona pueden afectar a su pareja e incrementar la producción de cortisol, la hormona del estrés, y así provocar problemas que impactan a la pareja en su conjunto”, explicó Mary Jo Rapini, una psicoterapeuta especializada en relaciones e intimidad que vive en Houston.

Los expertos dicen que, sentirte descansado puede ayudarte a administrar tu vida con más atención y control, lo cual, a su vez, puede hacer que sientas más confianza y felicidad en tu relación.

“Cuando ambas partes de la relación disfrutan de un sueño profundo y reparador, esto les permite sentirse más saludables a nivel emocional, mental y físico sin que una le guarde resentimiento a la otra por no dejarla dormir, o sin que la otra se sienta culpable por molestar a su pareja”, dijo Jennifer Adams, autora de Sleeping Apart Not Falling Apart (Finch Publishing, 2015). “Esa es una buena base para construir y desarrollar una relación”.

No compartir un lecho conyugal se está convirtiendo en el sueño de muchas parejas.

Una encuesta de 2012 realizada por Better Sleep Council (el área educativa de la Asociación Internacional de Productos para el Sueño) mostró que una de cada cuatro parejas duerme por separado para dormir mejor. Sin embargo, el 46 por ciento de 2000 estadounidenses encuestados en 2018 por la empresa de investigación de mercados OnePoll a pedido del minorista de ropa de cama Slumber Cloud dijo que desearía poder dormir apartado de su pareja.

«Algunas parejas están convencidas de que dormir separadas ha fortalecido su relación”, mencionó Ken Page, psicoterapeuta que vive en la ciudad de Nueva York, autor de Deeper Dating (Shambhala Publications, 2015) y anfitrión de un pódcast con el mismo título. “He trabajado con parejas que han dicho que dejar de preocuparse por dormir mal fue un alivio tal que les permitió apreciar los aspectos positivos de su relación y eliminó cualquier resentimiento que hubieran sentido en el pasado”.

Por supuesto que las parejas tienen sus propios motivos para querer dormir separadas.

«Más que una decisión, dormir algunas noches en camas separadas fue una solución práctica para lo difícil que me era descansar como es debido al compartir una cama con mi esposo”, comentó Jill Goebel, de 52 años, organizadora doméstica profesional de Brisbane, Australia. “Fue una combinación de sus ronquidos intensificados y mi dificultad intensificada para conciliar el sueño”.

Goebel mencionó que ella y su esposo, el científico Brett Goebel, de 52 años, “finalmente acordamos que yo dormiría en una habitación distinta unas cuantas veces a la semana, pero aún compartimos la misma alcoba”.

Cuanto más seguras se sienten las parejas en su relación, suelen sentirse más cómodas con la idea de dormir separadas.

«Las parejas felices de muchos años son más propensas a tener habilidades y patrones de comunicación bien desarrollados, los cuales son cruciales para que funcione el arreglo de dormir por separado”, explicó Adams.

Algunos dicen que el género también tiene algo que ver. “Normalmente, la esposa o la novia es la que está a favor de la idea de dormir en camas separadas”, dijo Rapini. “Las mujeres son más sensibles a los malos hábitos del sueño de su pareja, además de que el embarazo y los cambios o problemas hormonales pueden hacer que quieran dormir solas”.

 

Dormir en camas separadas, el sueño de muchas parejas

 

Esta ambientación del dormitorio con camas para él y para ella durante las payasadas de los Ricardo en “I Love Lucy», en la década de 1950, quizá haya sido una de las primeras veces que se veía a una pareja casada durmiendo en camas separadas, pero no es un concepto atípico para dormir a gusto. CreditEverett Collection

 

 

Un estudio publicado en 2007 por la revista Sleep and Biological Rhythms reveló que las mujeres son más proclives a molestarse con la presencia del hombre en la cama que los hombres respecto de la mujer.

«Empezamos a dormir en camas separadas cuando me embaracé de nuestro primer hijo. Daba vueltas y vueltas, y no descansaba lo suficiente, así que de vez en cuando me iba a dormir a otro cuarto”, relató una mujer de 41 años de Brisbane, quien no quiso revelar su identidad por miedo al estigma en su círculo social. Lleva 18 años casada y tiene dos hijos con su esposo, también de 41 años. “Cuando quedé embarazada de nuestro segundo bebé, uno de nosotros se iba a otro cuarto para garantizar que ambos durmiéramos bien”, narró. “Los ronquidos de mi esposo y su manera de acaparar todas las cobijas me frustraban cuando estaba muy cansada y a veces lo despertaba para decirle que parara, lo cual le molestaba, obviamente. Años después se volvió más como una rutina”.

Los acuerdos para dormir separados pueden incluir el uso de camas de tamaño similar que estén una al lado de la otra, o tener una cama individual y una más grande en la misma habitación para cuando la pareja quiere un momento de intimidad, o designar ciertas noches en una habitación independiente. Otra opción pueden ser las recámaras separadas.

Tina Cooper, de 45 años, una trabajadora social certificada que tiene una casa en Baltimore con su novio de diez años, Donald Smith, de 63 años, que también es trabajador social, prefiere tener su propia habitación. “Soy una persona privada y necesito espacio”, dijo. “Todas las personas con las que he estado sabían que si nos casábamos yo querría tener mi propio cuarto. Si la persona intentaba hacer que cambiara de opinión entonces sabía que no era la persona indicada”.

Al igual que muchas otras parejas que optan por tener habitaciones separadas, los hábitos de sueño de Cooper y Smith son muy opuestos.

“Yo me quedo despierta hasta muy tarde, él suele levantarse muy temprano”, explicó Cooper. “Yo necesito escuchar sonidos relajantes para dormir, él prefiere el silencio. A él le gusta que el colchón sea muy rígido, el mío es suave y lleno de almohadas. Además, como no me gusta ver la luz del sol por la mañana, Donald me cedió la habitación principal porque entra menos luz y la suya es la segunda más grande de la casa y desde ahí puede ver el amanecer que tanto le gusta”.

Es esencial ser abierto y sincero con tu pareja sobre por qué quieres dormir en otra cama. “Así como decir por qué quieres dormir por separado, también es importante definir cómo planeas mantener la intimidad en la relación”, aclaró Adams. “Es crucial que te asegures de tener una rutina para conectar, como desayunar juntos todas las mañanas o beber algo juntos antes de irse a la cama, y darse paso a la habitación del otro”.

Cooper comentó que su novio y ella “sí pasamos mucho tiempo juntos. Pasamos el rato en el cuarto del otro, pero casi siempre estamos en la cocina. Y compartimos el tercer cuarto como oficina, donde ambos tenemos nuestro propio escritorio”.

Las parejas saludables que duermen por separado pueden ser igual de felices que las parejas saludables que duermen juntas. “Parecen tener una vida sexual igual de buena que las parejas que comparten la misma cama”, dijo Rapini. “Se sienten muy conectadas entre sí. Quizá se debe a que respetan el espacio personal del otro”.

Paulette Sherman, una psicóloga que trabaja en la ciudad de Nueva York y autora de Dating From the Inside Out (Atria Books/Beyond Words, 2008) también señaló que “algunas de las parejas que duermen en camas separadas afirman que extrañarse le agrega algo de emoción y deseo a su vida sexual”.

La mujer australiana que quiso conservar su anonimato mencionó que su esposo y ella tienen una “relación maravillosa y, en términos de intimidad, tenemos una vida sexual muy saludable. En definitiva, nos emociona pasar una noche fuera de casa y cuando estamos ahí, él regresa a su cama o nos quedamos en la mía toda la noche, si sus ronquidos no son tan molestos”.

Philip Shen, director ejecutivo de SleepChoices, una empresa de colchones con sede en Coral Springs, Florida, ha ayudado a muchas parejas a resolver sus problemas para dormir mediante la elección del colchón adecuado para su estilo de vida. “En general, el factor principal no tiene que ver con una falta de deseo por estar con la pareja”, dijo. “Por lo general, sucede que el ambiente actual de su lugar de descanso no facilita que ambas partes disfruten de un sueño reparador”.

Para las parejas que no están preparadas para dormir en espacios independientes, se puede encontrar un punto medio que proporcione la solución adecuada. Invertir en un colchón ajustable que se adapte a las necesidades del sueño de ambas partes o juntar dos colchones independientes puede ayudar a resolver los conflictos y, a la vez, permitir que la pareja permanezca unida.

“Y cuando ambos se sientan cómodos y conectados pueden conversar acerca de cómo resolver sus incompatibilidades a la hora de dormir”, sugirió Page. “No lo hables a la mitad de la noche cuando tu pareja está roncando y volviéndote loca”.

 

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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