El protagonista de la novela de Alejandro Espinosa Fuentes teje partes de la vida y obra del malogrado bardo mexicano

CIUDAD DE MÉXICO.- Agenbite of inwit es la frase con la que James Joyce denominó al remordimiento de conciencia. También es el título de la segunda novela de Alejandro Espinosa Fuentes (Ciudad de México, 1991). En esta obra, Esteban Gullit, parodia de la perenne promesa literaria, va tejiendo y destejiendo nuevos paradigmas sobre la vida, obra y muerte del poeta mexicano José Carlos Becerra, de quien está escribiendo un libro. A veces irónica, otras crítica y reflexiva sobre el acto mismo de escribir, la novela supone una vuelta al mundo de la literatura y sus entramados con el lenguaje y la tradición.

«Mi idea era escribir una novela que me gustaría leer, y a mí me gustan las novelas que son enigmas y que pueden tener un lenguaje nítido, pero que no se agotan en una primera lectura. Al mismo tiempo quería hacer un libro que estuviera cargado de referencias, pero sin el formato de la academia: sin comillas ni notas al pie de página, todo lo que ensucia el texto. Yo quería que se conservara la forma fragmentaria en la que fue escrita.

«Mi intención era que cada frase tuviera muchas capas, un juego referencial a autores, poetas, música, y en muchos de los casos acusan la misma enfermedad obsesiva de este personaje que busca sus palabras y las encuentra a través de otros, pero en su misma necedad de conseguir su proyecto las perturba, altera citas, las cambia a conveniencia. Quería que Esteban tuviera todo este tipo de síntomas con su ídolo literario, que era Becerra, que lo transforma en el ídolo-monstruo o Dulcinea que necesita para llegar al terreno más crudo de su biografía”, aseguró el autor.

Al cuestionarlo acerca de por qué indagar sobre el poeta tabasqueño, reconoce en él a uno de los vates más interesantes de la literatura nacional. Asimismo, deja en claro que entre su protagonista y el autor hay dos intenciones muy distintas al tratar al creador Cómo retrasar la aparición de las hormigas.

«En el caso del personaje, creo que le obsesiona la idea del poeta malogrado, el poeta muerto joven, el poeta lleno de una vida llena de promesas, con muchas expectativas, que tiene todo para triunfar en el mercado literario, que tiene la amistad de José Emilio Pacheco, de Octavio Paz, de Vargas Llosa, la correspondencia con Lezama Lima, y sin embargo Becerra apuesta por una vida literaria y cae. Eso es lo que estimula a Esteban para resucitar y obsesionarse con la figura de Becerra y así emprender el mismo camino.

«En mi caso, como autor, Becerra es un referente de la poesía crepuscular, amorosa y el verso largo, y claro, con el que crecí en mi adolescencia, al que leí en mi primer amor y desamor, y también es el poeta a quien intenté imitar. No cabe duda de que las aproximaciones a Becerra entre el personaje y la mía han sido diferentes: a mí me interesaba su obra, a Gullit le interesa su vida, sus chismes literarios”, afirma Espinosa.

ROUND DE SOMBRA: PERSONAJE VS. AUTOR

Ganador del Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas y del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri, Espinosa recurre a sus obsesiones en la literatura: el proceso mismo de escribir y la memoria, vista desde las diversas facetas que puede tener. Al inquirirlo sobre su postura de su personaje acerca del sector editorial y literario, admite que no se siente cercano a Esteban.

«Respeto su idea en cuanto a que busca un proyecto obsesivo, autónomo y ciego a las tendencias del mercado y las modas, pero me parece que es un personaje fraudulento que trata la literatura de manera acomodaticia para darse la razón y para continuar un proyecto que siente fracasado. Me parece muy camaleónica su forma de ver la literatura y en eso no coincido para nada, pero es parte de un síntoma de la manera en la que se está haciendo literatura a partir de proyectos en búsqueda de recursos.

«Por otro lado, hay que entender mi novela y al personaje como una caída en el solipsismo: un personaje-autor que dialoga con el autor que hubiese querido y que está escribiendo una novela sobre la novela que hubiera querido escribir, y eso es una especie de mundo cerrado, de paradoja entre envidias, expectativas y fracasos que lo van a llevar a internarse en un espejo oblicuo, que lo distorsiona o deforma, y sin embargo va a ser valiente y va a llevar a sus máximas consecuencias la distorsión”.

CRÍTICA GENERACIONAL

Si algo caracteriza a esta novela es el sentido crítico. El autor se permite hacer un diagnóstico de lo que ocurre en el mundo editorial y a la generación a la que pertenece. “Esta novela surge de algo autobiográfico, que bien podría reconocerse en los sitios a los que he viajado, los autores que he leído, las opiniones que tengo, pero está caricaturizado, en cierta medida, para llevar al punto más estridente este malestar generacional que noto en muchos conocidos, estas personas que están entre los 20 y los 30, quienes terminaron de estudiar y ahora están estancados en un limbo de desempleo y la frustración.

«Estas personas quienes ven en la cultura una apuesta, como si se tratara de la lotería para que les llegue su salvación, ven en las becas y en los proyectos este premio que los va a redimir de su inutilidad, porque están viviendo una vida que los infantiliza en casa de sus padres, en relaciones añejas. En ese estancamiento quería situar a Esteban Gullit, y que es el estancamiento que ha padecido una juventud ignorada por el sistema”.

ENTRE JOYCE Y KAFKA

Recurrir a la frase de Joyce  es una declaración de principios. “Joyce está presente en la novela, pero encriptado. El proyecto de Gullit está codificado a la manera de Joyce, pero digamos que el personaje es más kafkiano, tiene un poco más del ciudadano urbano encerrado en la burocracia de existir. Joyce está más en la forma y Kafka en el fondo”, concluye el autor.

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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