Es profesor, periodista y uno de los mayores expertos a a nivel mundial en la fina intersección en la que el periodismo y la tecnología se cruzan. También es una rara avis en un momento en el que las grandes tecnológicas se ven constantemente salpicadas por es escándalos, las mentiras y los abusos hacia los consumidores.

En lugar de sumarse a la oleada de críticas, Jeff Jarvis intenta sacar una lección positiva sobre como las grandes empresas de Sillicon Valley son capaces de leer el presente y adaptarse. Una filosofía que el autor introdujo en su primer gran éxito What Would Google Do?

Ahora atiende a PIXEL antes de dar una conferencia en la facultad de Económicas del CEU para compartir su visión actual sobre el ecosistema que componen las grandes empresas tecnológicas y los medios de comunicación.

Pregunta: ¿Es todavía Google un buen ejemplo?

Respuesta: Sí, todavía lo son, incluso más aun. Escribí el libro porque creo que es la empresa que mejor entendió Internet y cómo triunfar en ese entorno. Mientras tanto, los medios de comunicación seguimos intentando replicar nuestros viejos modelos en una nueva realidad pero Google es capaz de transformarse a sí mismo a medida que la realidad cambia.

En aquel momento no fui capaz de predecir que Google se convertiría en una compañía tan vinculada a la tecnología móvil que también fabricase sus propios productos. Han demostrado saber identificar las oportunidades y la demanda a medida que ha estado surgiendo y han sido capaces de de explotarlas de una manera muy inteligente.

P: Pero en el momento de escribir su libro no se conocía una ínfima parte sobre lo que Google sabe sobre nosotros y qué hace exactamente con nuestros datos. Incluso las personas más concienciadas solo pueden hacerse una idea pero carecen de toda certeza sobre todos los procesos a los que someten y explotan nuestros datos. ¿No debería Google enfrentarse a una legislación más potente para protegernos?

R:Me temo que estamos entrando en un pánico moral sobre la tecnología. Hay muchas historias sobre las consecuencias negativas y creo que podría afectar a Internet negativamente.

A día de hoy, la legislación en Europa creo que es bastante mala y puede tener consecuencias inesperadas.

¿Por qué?

R: Por ejemplo, Alemania tiene una ley contra el discurso de odio que ha puesto a las redes sociales en el punto de mira y está provocando que Facebook destruya cualquier contenido que pueda ser remotamente perjudicial.

En otros países como Francia, tienen leyes contra las Fake news que arroga a los gobiernos y las empresas la potestad de decidir qué es verdad y es muy preocupante.

También me preocupa el derecho al olvido porque reescribir la historia siempre ha sido un ejercicio muy peligroso. Se trata de un punto que, además, nos debería preocupar especialmente a los periodistas.

En el otro extremo, por ejemplo, tenemos la GDPR que es una normativa bienintencionada pero muy difícil de asumir para las pequeñas empresas.

P: ¿Estaría entonces en contra de la regulación?

R: Para nada. Simplemente creo que necesitamos una regulación más inteligente. Pertenezco a un grupo de trabajo sobre libertad de expresión y moderación de contenidos en internet y me gustan dos ideas en las que estamos trabajando.

P:¿En qué sentido?

R: Pues que los asuntos legales se deberían tratar siempre en los tribunales. Ahora, por ejemplo, Facebook, Google y Twitter tienen que retirar en menos de 24 horas los contenidos manifiestamente ilegales. El asunto es que estas empresas no deberían tener que pronunciarse sobre si algo es ilegal. Eso debe suceder en un tribunal. Una opción sería la creación de tribunales nacionales específicos para Internet, con jueces con formación específica y pensados para operar con agilidad y decidir si un contenido debe eliminarse. Se trata volver a situar a la legalidad donde corresponde: en un tribunal. Nuestras leyes se deben discutir en público y de forma transparente. No en privado y con empresas.

En el caso de Francia, por ejemplo, están trabajando en una ley que obligue a las empresas tecnológicas a tener unas normas claras y públicas que se ajusten al derecho francés y exige a las compañías que cumplan con dichas normas. Lo que significa es que Twitter y Facebook pueden tener dos estándares distintos pero que ambos se han sometido a debate público y se adaptan a la ley francesa en lugar de que las empresas, con brocha gorda, decidan eliminar todo lo que consideren el discurso de odio.

Aun más peligrosa es la ley del Reino Unido, que dice que las plataformas deben eliminar, no solo el contenido ilegal, sino también el contenido que sea «legal pero dañino». Esto significa que el gobierno está convirtiendo cualquier contenido en algo potencialmente ilegal.

P: Lo que dices suena a establecer una censura de facto…

R: Efectivamente. Una censura legal cuyo poder para ejercerla queda en manos de las empresas. Además, no está claro lo que es «dañino» y eso tiene repercusiones en el discurso público.

P: Ha mencionado la ley francesa contra las fake news y esas dos palabras se han convertido en una fiebre en el discurso público. ¿Por qué hablamos tanto sobre fake news precisamente ahora? ¿Por qué es un tema de conversación sobre el que habla todo el mundo todo el rato?

R: ¿Cuál es tu teoría? (insiste en preguntarnos Jervis)

P: Creo que Trump contribuyó a convertir las palabras fake news prácticamente en un eslogan y fue quién disparó su popularidad y tuvo tanto éxito que convirtió esta expresión en una forma de tirar por tierra cualquier argumento sin tener que penar en otro para rebatirlo. Si alguien publica una información negativa sobre un político no necesita pensar en un modo de contrarrestarla o en la forma de generar su propia narrativa. Simplemente tiene que decir que eso es «fake news», que es más corto más, fácil de recordar e incluso tiene más musicalidad que cualquier argumento racional que se pudiera proporcionar.

R: Esto de acuerdo. Además, contribuya a generar un clima de desconfianza en el que se dude de todo y en el que todo sea sospechoso.

P: También creo que hablamos del tema porque la gente saca beneficio económico de ello, como hicieron en varios países de Europa del Este durante las elecciones norteamericanas. No era un tema político o ganas de incordiar en una elección. Simplemente podían ganar mucho dinero con los anuncios de Google. ¿Qué puede hacerse ante esta clase de fenómenos?

R: La respuesta siempre está en ser capaces de generar un discurso y un contenido de calidad. La respuesta a las fake news debe ser más periodismo, más noticias ciertas. Es como el juego de dar al topo con un martillo, intentas acabar con una fake news pero sale otra por otro lugar. Nunca vamos a ganar esa guerra. Se trata de educar al público para que aprenda en qué fuentes debe confiar. El problema es que hay mucha gente que quiere creerse esas informaciones falsas y yo en parte culpo de ello a Fox News y a Ruppert Murdoch por preparar el clima para generar esta desconfianza.

P: Hay periodistas y académicos que dicen que estas noticias falsas, con titulares engañosos o de mala calidad las ha propiciado Google y Facebook porque al llamativos, la gente les hace más caso que a las noticias legítimas, acaban leyéndose más y volviéndose más virales…

R: Las plataformas están intentando eliminar esa clase de titulares y noticias engañosas. Por ejemplo, Facebook dice que si la gente hace click en las noticias pero no leen las noticias, ese contenido pierde peso en su algoritmo. Sin embargo, la parte grande del problema es que los medios nos hemos lanzado a un negocio que funciona por el volumen de tráfico en un momento en el que los precios bajan y la desesperación sube. El problema es que eso acaba convirtiendo el contenido en gatitos y Kardashians… Estoy seguro que también tenéis una Kardashian en España.

Esta nota originalmente se publicó en El Mundo

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