El dibujante estadounidense explora el humor negro y el escepticismo del célebre autor checo

CIUDAD DE MÉXICO.- Catorce relatos escritos por Franz Kafka, llevados a la gráfica, es el más reciente proyecto del ilustrador estadounidense Peter Kuper (Nueva Jersey, 1958) compilado en Kafkiana (editorial Sexto Piso). Su más reciente libro ya circula en México y en él recrea la ironía kafkiana desde el dibujo libre.

Los textos compilados son poco conocidos en lengua española, pero sirven como una exploración vigente en torno a la debacle humana, con historias cargadas de escepticismo, sarcasmo, humor negro y una crítica feroz acerca de la individualidad y los extremos que subyacen en todos sus relatos.

Lo cierto es que conectar de forma directa con estas historias —afirma el ilustrador en entrevista con Excélsior— “es muy fácil, porque los lectores somos los protagonistas de sus historias”.

El volumen compendia relatos de corta extensión que van desde una breve pero aguda reflexión sobre la nada, personajes imposibles y sueños perturbadores, como se pueden apreciar en Viaje a las montañas, donde un hombre de las cavernas se pregunta sobre la nada y la organización colectiva.

Le sigue Una pequeña fábula, que es la historia de un roedor vestido de burócrata o de vendedor de seguros, quien se pregunta por qué cada día que pasa el mundo se estrecha, y también recuerda cómo al principio éste era tan amplio que le daba miedo y no dejaba de correr, hasta que tropieza con un gato y descubre un nuevo camino.

Y La madriguera, un relato que cuestiona la inseguridad que siente el ser humano, mientras reflexiona sobre las amenazas del mundo exterior y sus peligros, hasta mostrar que la paranoia y la incertidumbre han hecho del personaje un ser que a medida que se hunde… pierde su identidad.

“En este caso —afirma el ilustrador—, la caricatura nos muestra a un personaje que raya casi en lo absurdo, en lo ridículo, porque expone a un hombre que siente miedo, incluso el miedo puede darle miedo, lo cual le hace pensar todo el tiempo en una serie de peligros inexplicables que pueden surgir desde debajo de la mesa o desde el suelo, lo cual puede ser muy absurdo”.

O Un artista del hambre, en el que Kuper recrea a un faquir de nuestro tiempo que, arropado por un circo, deja de comer para atrapar la atención de un público ávido de cosas extraordinarias, hasta descubrir que ya no tiene un lugar en el mundo.

«Kafkiana ha sido para mí una exploración de las ideas de Kafka, en donde no he necesito empujar mucho la reacción de mi trabajo artístico, de mi traducción y sus historias, porque es claro que en este libro están las ideas de sus historias y una lectura personal. Digamos que este libro con historias de Kafka sólo es una posibilidad de sus relatos. Es mi visión.

«A mí me gusta —prosigue— que las ideas de Franz Kafka tengan la facilidad de transformarse en la mente de cada lector y que su resultado siempre depende del país y la experiencia donde se lee; por eso espero que los lectores encuentren en estas adaptaciones gráficas un nuevo acercamiento al autor que descubrí mientras era joven y bebía un poco de cerveza. Fue entonces cuando entendí esa faceta de Kafka y su humor negro”.

EXPRESIONISmo

Para Kuper, los relatos de Kafka son perfectos para adaptarse al relato gráfico o la historieta, “porque en sus ideas también hay fantasía, ideas irónicas y sus palabras son tan compactas que siempre dicen algo. Fue así como, desde la novela gráfica, encontré un medio ideal para revivir lo que Kafka llamó el ‘garrapateo’, es decir, un esbozo de esos relatos más concretos como La metamorfosis o El castillo”, dice.

Kuper reconoce que su descubrimiento de Kafka llegó justo con La metamorfosis, y aquella primera impresión, con ese clásico fue perturbadora.

«Por suerte, a un amigo mío le gustaba leer a Kafka en voz alta con unas cervezas de por medio. Al oír las absurdas circunstancias en las que Kafka colocaba a sus personajes y las impávidas respuestas de éstos, me vi soltando risotadas, pero no era sólo el alcohol el que hablaba. Es bien sabido que Kafka se reía a carcajadas cuando leía sus relatos a sus amigos, un júbilo que interrumpía sus tinieblas. Así, cuando en 1988 empecé a trasladar a Kafka al cómic, lo que me atraía de su obra era el humor, y así continué adaptando sus relatos durante muchos años por sus verdades más oscuras”.

Sin embargo, también destaca que en muchos de estos relatos los personajes luchan por sobrevivir y se oponen a la gente con poder.

«Me gusta que Kafka aluda a esas personas pobres que se oponen al sistema burocrático, en donde no hay justicia, como en el caso de Ante la ley, y por eso Kafka es muy actual: sigue retratando situaciones de nuestra época, con los mismos problemas y sistemas que nos han destruido”, explica.

Aunque es cierto que algunos de los textos son muy duros y tristes, como en Los árboles, que aborda el tema de las personas sin casa, que duermen en las calles y quienes fallecen en el anonimato, ante la mirada enfadada de los policías.

«En ese relato también podemos encontrar el humor de Kafka, pero en una faceta totalmente oscura, el cual me dio la oportunidad para aludir a lo que sucede en Nueva York, con los homeless”.

Por último, habla sobre su trazo y explica que, para este caso se inspiró en el trazo de los artistas que dieron lugar al expresionismo alemán, como George Grosz, es decir, esos artistas contemporáneos al autor de El castillo.

«Consideré que ese estilo era el correcto para mostrar las ideas de Kafka en su época y la nuestra. Porque sí era importante que este trabajo lograra conectar una reflexión de su época y sus palabras con lo que hoy vivimos”, concluye.

Esta nota originalmente se publican en Excélsior

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