Juchitán, Oax. En Juchitán, municipio ubicado en la región del Istmo de Oaxaca, se come, se bebe y se baila en la celebración de las velas, fiestas nocturnas en honor del patrono San Vicente Ferrer, que se realizan en mayo.

Cada año desde hace más de un siglo se celebran estas fiestas. Son 20 los festejos nocturnos, además de un desfile de carros alegóricos de flores y frutas, así como la tradicional lavada de ollas, esta última que se realiza de forma vespertina.

Las mujeres visten de enagua y huipil; los hombres, de guayabera blanca y pantalón oscuro.

Este año se reactivaron, pues el año pasado fueron suspendidas por acuerdo de las sociedades (agrupaciones organizadores) debido al sismo del 7 de septiembre del 2017 que dañó más de 40 mil viviendas en esta zona de Oaxaca. Se vivía una situación de reconstrucción física y emocional.

Hasta el sábado, en la víspera de la última vela, se habían consumido unos 35 mil cartones de cerveza. Se estima que habían acudido 30 mil personas y se habían generado más de 64 toneladas de basura entre desechables y unicel.

La costumbre señala que los hombres cargan en los hombros cartones de cerveza, mientras la mujer, como jefa de famila, va envolviento en un pañuelo blanco la cooperación –llamada limosna– que recibe de la gente por el producto.

Las velas en Juchitán, según datos del investigador juchiteco Tomás Chiñas Santiago, son rituales de adoración a los elementos de la naturaleza, como los peces, el mar, el maíz, el lagarto, entre otros.

Con la vela Santa Cruz Biadxi (zapoteco) comienza la última etapa de las celebraciones, entre las que destacan la del Calvario, San Isidro Labrador, San Vicente Ferrer Chico además, del patrono juchiteco.

Cumplir con una herencia familiar, el propósito

 

Margarita Robles es socia de la vela Santa Cruz Calvario. También los fueron sus padres y abuelos. Se trata de una herencia inspirada en la fe, que se ha transmitido por generaciones.

En este año, su hija Hefziba Pérez Robles fungió como capitana de las fiestas, para lo que invirtió unos 80 mil pesos, pero para ella no es un gasto; se trata de cumplir con la tradición de su abuela y su madre.

En general este mayo zapotecos e invitados habrán gastado entre 10 y 12 millones de pesos para la realización de las velas, además de comprar vestimenta típica, accesorios y antojitos gastronómicos sin tomar en cuenta el pago de las agrupaciones musicales, vigilancia y cohetes.

 Se acabó el veto

Después de 15 años de veto, este año, se realizó en las instalaciones de la asociación ganadera local, la vela de la inclusión, lo cual permitió que los muxes, integrantes de la comunidad de la diversidad sexual, ingresen con el atuendo de la mujer istmeña: enagua y huipil.

El terremoto además de remover casas también movió conciencias; este año nos incluyeron como comunidad de la diversidad sexual, pues no participábamos; nos excluían y decían que vestirnos con el atuendo de la mujer istmeña era una burla, pero nosotros nunca lo hemos visto así, declaró Felina Santiago, activista muxe y fundadora de la vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro.

Santiago, reconocida por su lucha contra la homofobia y discriminación desde hace más de 30 años, señaló que esto será una fiesta de la inclusión y que está agradecida porque por fin las sociedades están haciendo conciencia de que todos somos hermanos.

Se reiteró que en cada vela se produjeron de ocho a 10 toneladas diarias de basura.

Esta ciudad no tiene un relleno sanitario ni una planta tratadora de aguas residuales. En 2015 el entonces presidente municipal de Juchitán, Saúl Vicente Vásquez, obtuvo recursos para la construcción de la planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos, de unos 37 millones de pesos, que lleva cuatro años sin funcionar.

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