CIUDAD DE MÉXICO.- En Lectura fácil Cristina Morales teje y desteje tramas e ideologías. Merecedora del Premio Herralde de Novela 2018, esta obra da cuenta de la vida de cuatro mujeres: Nati, Patri, Ángels y Marga, cada una de ellas con diferentes grados de discapacidad intelectual.

Los hilos conductores del entramado son la anarquía, la discapacidad, el cuerpo femenino, con el cariz de placer y dolor, la autocrítica al feminismo, así como la situación política de los okupas y la Generalitat en Barcelona.

Considerada por la propia Cristina Morales (Granada, 1985) como una novela argumentativamente clásica, también reconoce que los personajes son quienes irrumpen en este espacio literario. “No diría que mi novela sea rupturista, más bien diría que dentro del género es bastante legible, o si nos cerramos a esa legibilidad del texto o la necesidad que haya conflicto argumental, creo que en ese sentido es clásica.

También es clásica en cómo se construyen los personajes, aunque sí rompen con el clasicismo. El hecho de que tengan discapacidad, factor proporcionado por la propia actualidad, no es un tema que estuviera en la cabeza de los escritores de hace cincuenta o sesenta años. Introducir un personaje con discapacidad intelectual y hacer ver al lector desde su óptica es disruptivo”, asegura la autora.

Estas cuatro mujeres, Nati, Patri, Ángels y Marga, pueden entenderse como una metáfora del sometimiento. “Lo que hace esta novela es asimilar la discapacidad con insumisión y disidencia y la capacidad la asimila como sometimiento y obediencia. Es una lectura política desde el hecho médico y administrativo, pero, evidentemente, también político de lo que es la discapacidad.

Sin embargo, añade, “a mis personajes no intentaba intelectualizarlas, sino politizarlas, pero la barrera entre político e intelectual es muy fina. Si de los cuatro personajes de Lectura fácil hay alguno intelectualizado, sin duda es porque yo como autora lo estoy, y mucho. Pero no quería hacer de ellos personajes que viven su politización de un modo intelectual”, afirma la novelista.

Una de las mayores cualidades que tiene esta novela es la oralidad narrativa. Al respecto, Morales segura que las voces son la columna vertebral. “El esqueleto de  la novela dependía de que cuatro voces fueran diferenciadas entre sí, para lo cual yo debía encontrar un mecanismo que las hiciera funcionar: Naty, el personaje con más discapacidad, es, al mismo tiempo, el de mayor capacidad para teorizar; Ángels, quien escribe en lectura fácil (método de redacción para quien no sabe escribir), siempre se expresa en ese medio a través de whatsapp.

«Marga, al ser analfabeta, no podría aportar nada escrito a la novela, así que siempre dicta, y eso significa que nunca nos llega su discurso limpio, sólo a través de otros; a  Patri, diría que la estrategia para construirla lingüísticamente era apelar a la oralidad, yo me acordaba de mi abuela y mi madre, que, cuando nos vemos en Andalucía, hablamos de otro modo a cuando estamos en la gran ciudad, Barcelona, Madrid, en donde nuestra habla es menos auténtica”.

Bajo la pinta, que sirve de portada, “ni amo ni dios ni marido ni partido ni de fútbol”, Lectura fácil es una suerte de espejo dentro del espejo donde la realidad se topa consigo misma en cada página.

«(Esta novela) es anárquica, cien por ciento. Sobre el feminismo, no tengo resuelto ese tema. Quiero intentar adaptar ese concepto ideológico (feminista) a la palabra novela. Creo que se queda corto decir novela feminista porque pareciera que fuera una problemática sólo de género, pero no es así. El feminismo que a mí me interesa, porque debe resaltarse que hay muchos feminismos, es una óptica desde el ver y revolucionar el mundo.

«La escritora Belén Gopegui dice que todas las novelas tienen ética, y la ética de la novela emerge con su final, cómo la autora resuelve los conflictos que se plantean, quién gana, qué mensaje de victoria o fracaso se queda en el aire al cierre del libro, entonces, si mi novela tiene alguna ética, quizá sería una ética del feminismo radical, pero junto a muchas otras: ética libertaria, ética crítica y autocrítica contra el propio feminismo radical. Esta novela critica lo mismo que defiende. Entonces, criticar lo mismo que defiendo es una sana posición autocrítica”, afirma la creadora.

Mientras escribía Lectura fácil, Cristina Morales emprendía otro proyecto, una pieza dancística llamada Catalina. “El modelo de creación de Lectura fácil y el de Catalina caminaron paralelamente, en el tiempo, en la intensidad y en los intereses, de modo que, por el momento vital en que surgió la novela y la pieza de danza, tanto una como otra se han alimentado.

Sin embargo, la danza  ha contagiado la novela, no sólo en esos momentos de escenas dancísticas, sino que también la novela está contaminada en general de gozo de lo físico, no sólo lo bailado, lo sexual, los alimentos, lo escatológico, del contacto con el cuerpo”.

Y al cuestionarla sobre el Premio Herralde, Morales reconoce que se vive un tiempo de cambio generacional. “Cinco mujeres en treinta y seis años que tiene el Herralde es revelador en cómo ha sido el mundo literario en español. Algo está cambiando, sin duda”, concluye.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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