El editor aseguró que existe una relación entre el uso de los teléfonos inteligentes y la falta de tiempo para leer

CIUDAD DE MÉXICO.- La reducción del tiempo para el lector y el incremento en el número de horas frente al teléfono celular. Ése es el tema más preocupante en el panorama del libro, dice a Excélsior Luis Solano, editor y director de Libros del Asteroide.

«Considero que existe una pérdida del espacio dedicado a la lectura y eso es muy relevante, aunque todavía no se sabe si eso ya se ha manifestado en las ventas. Pero es algo que nos debería hacer reflexionar a los editores, para hacer libros más atractivos que nunca”, advierte el director de uno de los sellos independientes más importantes en lengua española, el cual ha apostado por las obras clásicas y descatalogadas.

En mi opinión, se necesita una reflexión de la sociedad para preguntarnos si queremos que los niños dediquen el tiempo a ese tipo de cosas o si es normal que el reporte de tu teléfono celular diga que estuviste cuatro horas diarias conectado a tu aparato… Ahí hay algo que no va muy bien y eso, para mí, es lo más preocupante”, apunta durante una reciente visita a México.

Ganador de diversos premios y reconocimientos, como el Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural concedido por el Ministerio de Cultura Español en 2008, Luis Solano fundó Libros del Asteroide en 2005 y luego de casi 15 años de trabajo reconoce que el sector editorial trabaja en una crisis perpetua.

«Éste es un sector que opera dentro de márgenes comerciales muy estrechos y en el que gran parte de la gente que trabaja en él, lo hacen porque es un medio de vida, pero también por una vocación y un amor a los libros y a la literatura, lo cual responde a la grandeza del mundo del libro”.

Aunque es verdad que en los últimos años el miedo y la incertidumbre se han centrado en la reducción de ese tiempo a la lectura, apunta.

¿Qué podrían hacer los editores frente a este panorama?, se le pregunta a Solano.

«Como editores tenemos que hacer libros más atractivos e interesantes. Pero también se necesita de una reflexión colectiva de la sociedad, donde se defina si queremos que los niños dediquen el tiempo a ese tipo de cosas o si es normal que cuando revises tu teléfono, resulta que has estado usando el aparato cuatro horas sin que hayas ido a trabajar. Pienso que ahí hay algo que no va muy bien”, asevera.

¿Cómo enfrenta su editorial el mundo electrónico? “Como editor intento convertir esas redes sociales –que son ladronas de tiempo–, en aliadas, como un medio para difundir nuestros libros. Además, las redes tienen algo mágico en torno al mundo del libro y es que puedes rastrear casi toda la información”.

Pero la parte negativa es esa reducción, porque a medida que crece la sociedad digital, “se crean aplicaciones que nos hacen perder el tiempo, que reclaman nuestra atención, pese a que todos somos conscientes de que si tenemos el teléfono encendido… nuestra capacidad de concentración es menor”, señala.

Por último, Solano habla sobre El tiempo regalado, de Andrea Köhler, uno de los títulos de Libros del Asteroide que ha tenido un éxito inesperado.

En éste la pensadora alemana retoma textos de pensadores y filósofos universales, como Virgilio, Franz Kafka, Samuel Beckett y Jorge Luis Borges, en donde reivindica el tema de la espera, y nos cuenta que ésta es una experiencia básica de la vida humana, pues en realidad el ser humano no hace otra cosa que esperar su muerte.

«A mí me ha tocado estar un tiempo esperando y tengo que aceptar ese momento y vivirlo; y para eso no es necesario sacar el teléfono o pensar en otra tarea para llenar el tiempo. Hay que aceptarlo y defender ese momento esencial de la naturaleza humana”, asegura.

Por último, enlista algunas de las novedades editoriales de Libros del Asteroide para el resto del año y destaca la publicación de: El final del affaire, de Graham Greene; Maniobras de evasión, de Pedro Mairal; Los sueños de Einstein, de Alan Lightman; En la mitad de la vida, de Kieran Setiya; El sermón del fuego, de Jamie Quatro; Sigo aquí, de Maggie O’Farrell; y Claus y Lucas, de Agota Kristof, entre otros.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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