El premio Nobel dice que todo lo que ha escrito comenzó “con una experiencia vivida”

Mario Vargas Llosa considera a sus 83 años, tras haber abordado las más diversas temáticas en sus 18 novelas, que “queda todo” por explorar y que “las historias que se pueden contar son infinitas”.

Así lo afirmó ayer el premio Nobel de Literatura en el recinto ferial de Holesovice de Praga, durante una charla moderada por la hispanista Anezka Charvatova, traductora al checo de sus libros.

En sintonía con el lema “Recuerdo y Memoria” de la feria El Mundo del Libro, donde se organizó este evento, Vargas Llosa resaltó la importancia de la memoria e hizo un recorrido por su obra.

“La memoria es fuente riquísima para mí. Todo lo que he escrito siempre ha comenzado con una experiencia vivida, punto de partida de un tema que luego desarrollo en cuento, novela u obra de teatro”, explicó el autor de La tía Julia y el escribidor.

Al recordar su juventud, achacó al existencialista francés Jean-Paul Sartre un impacto tan fuerte que frenó en él el cultivo del humor. Pese a ello, sí exploró la senda del humor con Pantaleón y las visitadoras (1973).

Cuestionado sobre con cuál de sus novelas se quedaría, Vargas Llosa señaló que sería aquella que más sudor le causó.

“Si tengo que elegir, seguramente sería Conversación en la catedral porque fue la que más trabajo me costó: todas las canas las saqué con esa novela”, apostilló al referirse al libro publicado hace medio siglo.

CLAVES

MANUSCRITO

Vargas Llosa vaticinó que será uno de los últimos escritores que dejará un legado en forma de manuscritos: “Yo escribo a mano y con tinta”.

RITMO DE LA MANO

“Necesito el olor de la tinta y el desgarro del papel con la pluma. Me gusta el ritmo de la mano, que es el ritmo del pensamiento”, añadió.

CON HERTA MÜLLER

El escritor peruano charlará hoy con la rumano-alemana Herta Müller, también premio Nobel, sobre el tema Literatura como voz de libertad.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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