Expone en el Museo de Aguascalientes 62 cuadros y esculturas en tinta china, papel, acrílico, tela, bronce y madera.

Contaba con 17 años Vicente Rojo cuando arribó a México. Una década antes había llegado su padre, un ingeniero de profesión, pero múltiples razones propiciaron que su llegada tardara mucho más de lo planeado, para seguir sus estudios de arte, en especial de pintura y tipografía, que ya había comenzado en su natal Barcelona.

“Es una vocación que tengo. Parece extraño, porque normalmente nunca se habla de vocaciones tan tempranas, pero he tenido siempre la necesidad de tener un lápiz, un papel, una tijeras… desde mis cuatro años, lo que no deja de ser insólito para mí.

“Todavía a estas alturas no sé de dónde vino esa vocación. Mi padre era ingeniero, no había en la casa libros de arte ni mucho menos, aunque siempre tuve ese interés, ese gusto, esa necesidad, de tener mis manos activas y supongo que a mis manos las activaba algo, también me hago la ilusión, relacionado con la manera de pensar o de querer vivir y eso lo he mantenido hasta la fecha”.

En este año en que se cumplen siete décadas de su llegada a México, 80 años del exilio español, el artista recuerda que suele hablarse que muchos de los refugiados españoles, dado que México había tenido una historia reciente bastante turbulenta, llegaron a enseñar, a educar, porque venían maestros, médicos, arquitectos, ingenieros, comerciantes, pero “yo llegué a aprender”.

“Llegaron una serie de personas que se encontraron con un país que los recibió con enorme cariño y afecto, y creo que pudieron responder en ese campo que llamaría de enseñanzas; llegué en 1949, tenía 17 años, y lo que yo hice al llegar fue aprender: mientras los refugiados llegaron a enseñar, mi tarea fue aprender y, curiosamente, también pude aprender con algunos de los refugiados. Es una conmemoración enorme, fue un acontecimiento muy importante para mexicanos y españoles”, cuenta Vicente Rojo a M2.

SUS ESCRITURAS

Miembro de El Colegio Nacional desde 1994, Vicente Rojo habla acerca de la llegada al Museo de Aguascalientes de la exposición Vicente Rojo. Cuaderno de escrituras, integrada por 62 cuadros y esculturas elaborados por el artista a lo largo de poco más de una década (2006-2017), en la que se incluyen obras en tinta china, papel, acrílico, zincografía, tela, bronce, madera y técnica mixta.

“Todo lo empecé a desarrollar hace unos 12 años atrás, con una serie que se llamaba ‘Frases’, dentro de la exposición Escrituras, en la Galería López Quiroga, y a partir de entonces he seguido trabajando con el tema, con alfabetos, con alfabetos secretos, alfabetos primitivos y sigo trabajando en ella en pintura, escultura y grabado.

“Tan solo hay un grabado que mide seis metros de largo por 40 centímetros de alto, lo que me ha permitido investigar mucho sobre los alfabetos, sobre la escritura, un trabajo que he estado haciendo a lo largo de más de una década”.

Si bien ha dedicado todo ese tiempo a la serie, Vicente Rojo no tiene contemplado abandonarla, porque el proceso de aprendizaje no se ha detenido en este periodo, siempre hay algo nuevo, “me hago la ilusión de seguir cuando menos algunos años”.

Vicente Rojo. Cuaderno de escrituras, que permanecerá hasta el 18 de agosto en el Museo de Aguascalientes, es posible gracias a la colaboración de El Colegio Nacional y la Galería López Quiroga.

“México es un país que se ha caracterizado por las acogidas, veía a un país bastante insólito en ese aspecto y yo no tengo más que agradecer no solo por lo que hizo por mi padre, sino por lo poco que he podido hacer en México. Lo poco que sé obviamente lo aprendí en México. Como muchos refugiados me siento mexicano: soy un abuelo con nietos mexicanos”.

LAS CLAVES

EXPERIMENTACIÓN

Las piezas de Vicente Rojo. Cuaderno de escrituras fueron desarrolladas en técnicas con las que ha experimentado en su vida.

MANUSCRITO

Se encuentran frases, alfabetos primitivos, letras, signos, estelas, glifos y trazos, como páginas de un manuscrito sagrado.

REAPERTURA

Con la muestra de Rojo se reabrió el Museo de Aguascalientes, que, junto con el templo de San Antonio, será un conjunto urbano, cívico y cultural.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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