Frente a las listas de espera del sistema regional, un programa pionero de 21 psicólogos clínicos en atención primaria atiende en sus primeros nueve meses a 8.000 pacientes con problemas de depresión, ansiedad o estrés

«Un día, revientas. Y te preguntas: ¿Estaré loca? No nos enseñan a gestionar las emociones. Te encuentras en la vida con miedos que no sabes cómo controlar. Y esto te ayuda a reconocer la emoción que te hace daño, y las demás». Sara es madre y empresaria. Su día a día es un corre que te corre continuo. Hasta que acude a su médico de cabecera. «No puedo más», le dice. Acaba de dar el primer paso para que le atienda en un centro de salud uno de los 21 psicólogos clínicos que contrató la Comunidad hace un año, cuando arrancó un programa pionero en atención primaria que cuesta más de un millón al año. El profesional la incluye en uno de los grupos de terapia por los que han pasado 3.317 de los 7.915 pacientes evaluados individualmente en los primeros nueve meses de vida del proyecto. «Necesitaba apoyarme en algún sitio para tirar para arriba», cuenta.

Las claves del programa

Un total de 7.915 pacientes han recibido asistencia psicológica en los centros de salud de la Comunidad de Madrid mediante los 21 psicólogos clínicos que se incorporaron en la atención primaria madrileña en marzo de 2018. El 73 % de pacientes son mujeres y el 27% hombres.

Entre marzo y diciembre de 2018, 3.317 de esos pacientes participaron en los grupos de terapia que se formaron. El 85% de los que completaron 4 o más sesiones mejoraron.

El 49,2% de los pacientes que acuden por cualquier motivo a las consultas de atención primaria de toda España cumple los criterios diagnósticos por probable trastorno de ansiedad, depresión o somatización, afectando en su gran mayoría a personas en edad laboral, según la Comunidad de Madrid.

El tiempo medio de espera para lograr atención psicológica o psiquiátrica en 2018 fue de más de dos meses.

Ataques de ansiedad. Casos de depresión. Estrés. Dolores sin un origen claro. El miedo se disfraza bajo muchos nombres distintos para atacar a la mente. Frente a él, una disyuntiva: pastillas o terapia en grupo. Si el psicólogo clínico opta por la segunda opción, el paciente es incluido en un programa de siete sesiones corales que se pueden alargar durante horas, y duran una media de 90 minutos. Asisten entre 10 y 15 personas, con un 73% de mujeres. Y allí, en salas adaptables a distintas disposiciones, se habla y se calla. Se pregunta y se contesta. Se llora. Se observan los problemas del otro, y con esa perspectiva se reexaminan los propios. Lo que ocurre, cuenta Sara, se parece a una escena de la serie televisiva El Grupo, que protagonizó Héctor Alterio a principios de siglo.

«Aquí podéis compartir problemas, vuestros compañeros os pueden aportar, es participativo, pero depende del paciente», viene a decir la psicóloga en la primera sesión del grupo, recalcando que intervenir en la sesión no es obligatorio, según recuerda Sara.

«Y mucha gente ni siquiera habla», cuenta la paciente. «Tienes que ser consciente de que tú solo no puedes gestionar lo que te está pasando. Te dan muchísima información de cómo funciona la mente. Muchas veces pensamos que tenemos el control sobre ella, y es mentira», añade. «Toda la dinámica de la terapia va enfocada a descubrir qué es lo que te está provocando esa emoción y cómo gestionarla».

Madrid tiene un problema con las listas de espera para atención psicológica. De media, los adultos residentes en la Comunidad tuvieron que esperar cuatro meses para ser atendidos por un psicólogo (121 días), y los niños todo un trimestre (92), entre enero y noviembre de 2018. La cifra, además, no refleja el tiempo que transcurre entre esa primera cita y la siguiente. Un problema que se agrava por la propia naturaleza de los tratamientos: la periodicidad semanal o quincenal que se ofrece en el sector privado es una rareza en el público, según los profesionales.

En consecuencia, el colegio de psicólogos madrileño ha visto en el nuevo programa regional un motivo para el optimismo, aunque los profesionales recalcan que 21 psicólogos «son pocos».

«El tratamiento consiste en dar información sobre qué son las emociones, el estrés, y cómo se manejan. Y luego, en entrenamiento en técnicas cognitivo-conductuales en grupo para manejar esos problemas», cuenta Antonio Cano, catedrático de psicología de la Universidad Complutense y presidente de la sociedad española para el estudio de la ansiedad y el estrés, que ha elaborado el protocolo médico que aplica la Comunidad. «El tratamiento grupal tiene sus ventajas: la obvia, el ahorro de recursos, que siempre son escasos», enumera. «Otra ventaja es que cuando la gente participa se da cuenta de que los problemas que tiene su vecino de al lado, él no los tiene, que ese vecino le da importancia a algo que no es tan importante, y se hace una reflexión: ¿Y sí a mi me pasa lo mismo?», prosigue. «Eso es terapéutico para ambos: se ayudan. El apoyo social es el remedio ancestral contra la depresión», añade. «Y el inconveniente es que de entada algunas personas piensan: ¿Cómo voy a hablar ahí de mis problemas?».

El programa trata sin medicamentos lo que de otra forma se afronta con pastillas. Según Cano, los estudios demuestran que esa aproximación es más eficaz. El 85% de los pacientes que completaron cuatro o más sesiones presentaron mejoría, según la Comunidad. Para los que no lo hacen tras completar el ciclo de sesiones se valora la derivación al centro de salud mental o la opción de una alternativa terapéutica.

«La enfermedad mental es un problema de salud prevalente, es frecuente, sobre todo los procesos moderados o menos graves», cuenta Marta Sánchez-Celaya, médico de Familia y gerente Asistencial de Atención Primaria SERMAS. «Se ve habitualmente en atención primaria», añade. «En el día a día de nuestro médicos y enfermeros, un 30% de patologías puede llegar a tener que ver con una enfermedad mental. Cuadros moderados de ansiedad, de somatizaciones, depresiones… Es un reto a la hora de atenderlos», explica. «Es fácil medicalizar la asistencia, pero veíamos que había alternativas que no incluía la medicación», argumenta. Y explica el origen del programa: «Se había publicado un estudio y había una experiencia en Reino Unido con terapia grupal, con probar algo antes de medicar a alguien con un cuadro de ansiedad, depresión leve, o somatización. Un enfoque terapéutico diferente».

La primera entrevista, individual, decide aquellos casos que deben ser tratados con medicinas. El resto, se incorporan al grupo. Hacen piña. Allí empieza la lucha contra los miedos, que, de repente, para algunos, se empequeñecen: el combate ya no es uno contra uno.

 

Esta nota originalmente se publicó en El País

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