Aunque le tocó vivir el 68, el escritor vio en el entonces Presidente a un personaje abierto a ideologías y con dimensión social, revela el investigador Jovany Hurtado

CIUDAD DE MÉXICO.- La idea de la justicia social, la visión internacional de apoyar a los países del Tercer Mundo y su nexo con la Historia fueron las principales razones que motivaron a Carlos Fuentes (1928-2012) a apoyar al presidente Luis Echeverría, quien gobernó México de 1970 a 1976.

Como un numeroso grupo de intelectuales, dice el investigador Jovany Hurtado, el autor de Aura veía a un presidente que propiciaba el pluralismo ideológico, a un político abierto hacia América Latina, que liberó a los presos políticos de 1968 y, sobre todo, que quería escuchar a los artistas.

El novelista se acercó a Echeverría, lo acompañó a Sudamérica, le organizó una gira por Estados Unidos donde le presentó a importantes narradores e, incluso, fue embajador de México en Francia el último año de su sexenio y el primero del siguiente (1975-1977). Esta actitud, agrega el politólogo, le valió, como a pocos, las críticas más feroces.

“Tras haber vivido la represión de los estudiantes en el 68, Fuentes pensó que la propuesta echeverrista era más democrática, que sí podía cambiar al país. Lo apoyó por sus ideas, no porque quisiera un puesto. Como intelectual, se arriesgó al tomar una posición política”, añade.

El biógrafo de Fuentes, uno de los pocos que ha tenido acceso a su archivo personal, ahonda en lo que significó este periodo para el novelista en Carlos Fuentes y su tiempo mexicano: 1968-1977, libro cuya publicación será propuesta en breve a El Colegio Nacional y a El Equilibrista, en busca de coedición.

“Durante este sexenio se consolidó el Fuentes analista político internacional y se formó el diplomático. No fue sólo quien impartía conferencias, sino quien hacía posible que las cosas que pensaba se hicieran realidad. Habló más la acción que el verbo, e incluso que la palabra escrita”, afirma.

En entrevista con Excélsior, Hurtado aclara que con este volumen busca dar la verdadera dimensión de este acercamiento del cuentista con el poder. “Todo el tiempo estuvo presente su visión crítica. Su obra nunca se volvió un panfleto. Siempre mantuvo una división entre su literatura y su pensamiento o participación políticos”.

Dice que el autor de La silla del águila fue un actor cercano al poder, no sólo en México. “Pensemos en su amistad con los presidentes Bill Clinton y François Mitterrand. Fue uno de los grandes intelectuales que tuvo relaciones fuertes con actores internacionales de peso.

“Desde joven le interesó la política. Acompañó a Lázaro Cárdenas a una gira por Michoacán, lo entrevistó. Le llamaba la atención el gobernante comprometido con la sociedad. Su literatura es muy política”, indica.

Hurtado destaca que la relación del intelectual con el político ha adquirido más vitalidad en estos días. “Lo vemos en el caso del historiador Enrique Krauze con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Volveremos al tiempo en que los intelectuales serán una voz importante en un sistema donde el partido gobernante domina al país. El periodo de Echeverría, en este sentido, es parecido al de hoy”.

Las ideas

Lo primero que Hurtado descarta es que la famosa frase de “Echeverría o el fascismo” sea de Fuentes, como se piensa. “La dijo el periodista Fernando Benítez en un vuelo a Sudamérica, no fue durante la campaña. El de Fuentes no fue un apoyo ciego, sino guiado por las ideas”.

Asegura que la visión internacional fue la que propició una mayor vinculación entre Echeverría y el autor de La muerte de Artemio Cruz. “El presidente acudió a diversos foros para encabezar a los países del Tercer Mundo, suscribió la Carta de los Derechos y los Deberes del Tercer Mundo, recibió a los exiliados de las dictaduras latinoamericanas. Por eso, Fuentes aceptó ser embajador en Francia”.

Otro nexo que los unió fue la Historia, apunta. “Echeverría fue el último candidato, hasta ahora López Obrador, que improvisaba sus discursos, lo que me permitió tener la idea primigenia del político. Y sus discursos estaban basados en la Historia, en la Revolución mexicana, algo que les interesaba a ambos”.

Tras analizar las 700 hojas que integran los informes políticos que Fuentes envió durante sus dos años como embajador en Francia, resguardadas en el archivo de Relaciones Exteriores, “que merecen un libro aparte”, el experto citó los aciertos del narrador como diplomático.

“Logró que México encabezara a los países del Tercer Mundo, y ahí le ganó la bandera a Francia; regeneró los lazos culturales con la nación gala. Llevó una relación especial con España, gobernada por Francisco Franco. Por eso renunció a la embajada cuando el nuevo presidente, José López Portillo, nombró a Gustavo Díaz Ordaz embajador en el país ibérico”, narra.

Este sexenio, Fuentes no vivió en México, concluye Hurtado. En París se casó con Silvia Lemus y tuvieron a Carlos, su primer hijo; en EU nació su hija Natasha. “Pero, a pesar de su ausencia física, siempre estuvo presente en la crítica, su preocupación por México se impuso”.

Años después, Fuentes “aceptó que se había equivocado en participar en política, él era escritor, pero no se arrepintió. Es una etapa sobre la que no dejó mucho escrito”, admite Hurtado.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

Compartir

Dejar respuesta