La doctora Isabel Sánchez Magro explica algunas claves sobre esta enfermedad propia de las mujeres

La endometriosis es una enfermedad ginecológica crónica en la que se produce una situación anómala: la implantación y el crecimiento benigno de tejido del endometrio fuera del útero, dando lugar a una reacción inflamatoria. Las zonas que pueden verse afectadas por esta patología con más frecuencia son otras estructuras reproductivas, generalmente los ovarios, pero también podemos encontrarla en las trompas de Falopio, la vagina e incluso en el peritoneo o el tracto gastrointestinal y urinario (aunque es menos frecuente). Las lesiones que produce la endometriosis tienen un pronóstico incierto, ya que pueden permanecer estables, progresar, e incluso retroceder.

A pesar de que socialmente la endometriosis continúa siendo una gran desconocida, se estima que afecta a alrededor de 1,5 millones de mujeres en España y alrededor de 176 millones en todo el mundo. Sabemos también que estas cifras pueden quedarse cortas, ya que hay un alto grado de infradiagnóstico al haber muchas mujeres asintomáticas.

Algunas mujeres con endometriosis no presentan síntomas y son diagnosticadas durante un proceso quirúrgico abdominal de otra causa. Los expertos señalan que lo fundamental es concienciar a mujeres y a sanitarios a estar atentos a cualquier síntoma anómalo y así evitar que se retrase el diagnóstico, conllevando un empeoramiento de la salud y de vida de la paciente.

La doctora Isabel Sánchez Magro, directora del Departamento Médico de Merck, explica más claves sobre esta enfermedad propia de las mujeres que celebra su día mundial este 14 de marzo.

Pregunta. ¿Cuáles son sus síntomas?

Respuesta. Los síntomas de esta enfermedad son diversos y tienen grandes implicaciones en la calidad de vida de la mujer. En general, son más intensos durante el periodo menstrual y se modulan durante la gestación y la menopausia. Los más comunes son:

  • Dolor pélvico y abdominal: se trata de un dolor intenso, continuado e incapacitante. Las mujeres que lo presentan deben estar especialmente atentas ante la posibilidad de tener endometriosis, ya que esta enfermedad es la causa más común de que se desencadene este tipo de dolor (responsable del 70% de los casos). Podríamos decir que es uno de los síntomas con los que debuta la enfermedad.
  • Menstruaciones dolorosas (dismenorrea): lamentablemente, las mujeres tendemos a pensar que es normal que la menstruación duela, pero no es así. Si este dolor se produce de manera habitual, conviene pedir cita con el ginecólogo para que evalúe el estado de los ovarios.
  • Dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia).
  • Infertilidad: es la consecuencia más relevante de esta enfermedad. Se estima que el 30-50% de las mujeres con endometriosis son estériles. En estos casos, la reproducción asistida (FIV/ICSI) es una alternativa para quienes desean ser madres y no lo consiguen de manera espontánea.
  • Otros síntomas no ginecológicos: hemorragias o dolor en otros lugares del organismo, como la espalda.

P. ¿Cómo se diagnostica?

R. Desde el inicio de los síntomas hasta el diagnóstico de la endometriosis pueden pasar de siete a ocho años, e incluso se han dado casos de hasta más de 10 años y además existe un alto infradiagnóstico, debido a que se presenta de manera muy variable (a veces sin síntomas).

El sangrado muy abundante o la presencia de ciclos cortos son señales que pueden ayudar en el diagnóstico, así como situaciones estructurales anormales que afecten al paso correcto de flujo por la vagina. La endometriosis se ha asociado también con la menarquia (o primera menstruación) precoz y con la menopausia tardía.

Además del comportamiento de la menstruación, también se han identificado otros factores que pueden desencadenar endometriosis, como el componente reproductivo (parece que no haber estado embarazada nunca puede incrementar el riesgo a padecerla) y los factores genéticos (se han identificado varios casos en una misma familia).

P. ¿Cómo se trata?

R. Se debe realizar un tratamiento individualizado, considerando los síntomas y su gravedad, si existe un deseo de embarazo, los tratamientos previos si los hubiera, la edad, y por supuesto la localización y extensión de la endometriosis. El tratamiento es médico, quirúrgico y, en algunos casos, psicológico. A diferencia de otros tratamientos, en este caso no se puede trabajar sobre la causa que desencadena la enfermedad y se perseguirán estos cuatro objetivos:

  • Eliminar los síntomas: se emplean terapia hormonal y analgésicos. Los tratamientos hormonales son eficaces para disminuir el dolor, pero no todas las mujeres responden de la misma manera. Estos fármacos reducen los efectos de los estrógenos sobre el endometrio ubicado fuera del útero, reduciendo el número de células endometriales que necesitan de estrógenos para sobrevivir. Así, esta supresión tiene implicaciones directas en la reducción también del dolor.
  • Eliminar la endometriosis visible: hoy en día se hace principalmente por laparoscopia, lo que permite diagnosticar con más precisión y operar de manera completa las lesiones permitiendo una mejor fertilidad posterior. Para ello, además se precisa de profesionales con experiencia y en ocasiones con la colaboración multidisciplinar de ginecólogos, urólogos y cirujanos digestivos.
  • Restaurar la fertilidad.
  • Actuar sobre la progresión de la enfermedad.

P. ¿Puede quedar algún tipo de secuelas?

R. La consecuencia más grave desde el punto de vista físico es la posibilidad de infertilidad debido a las lesiones que produce la patología y que ocasionan adherencias en las trompas de Falopio. En función de donde se encuentre el tejido endometrial se podrán derivar otras afecciones y enfermedades. Por ejemplo, si el afectado es el tracto urinario se puede producir hematuria, dolor e infecciones urinarias.

Sin embargo, no podemos olvidarnos de la perspectiva psicológica. El dolor crónico que acompaña a esta enfermedad ocasiona en algunos casos síntomas depresivos y ansiedad en muchas de las mujeres que la padecen. Por ello, es muy importante que el tratamiento quirúrgico y médico se complemente con técnicas que traten de disminuir el estrés derivado de la patología.

 

Esta nota originalmente se publicó en El País

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