Los dimes y diretes en su contra se iniciaron luego de darse a conocer la salida de Daniel Goldin al frente de la Biblioteca Vasconcelos y llegaron al punto de cuestionar la relación académica de Arriaga con Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Arriaga (Texcoco, 1981) fue sinodal de la investigadora en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), cuando ella obtuvo su doctorado, además de haber hecho varias reseñas de los textos de la historiadora.

Dejar de utilizar recursos en viajes onerosos

En entrevista con La Jornada, el investigador rechaza que haya llegado a su puesto por recomendación de alguien. Es su trabajo de una década el que lo avala, añade Marx Arriaga, respaldado por la UAM, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y la Complutense de Madrid, donde cursó su licenciatura, maestría, doctorado e investigaciones literarias; son instituciones ‘‘que no están jugando cuando a uno le dan un compromiso académico”.

Fueron golpes muy duros, insiste, ‘‘porque ellos (los que lo criticaron) sabían que la situación no es por ahí (la relación entre colegas con Beatriz Gutiérrez Müller), ya que mi trabajo no es de ensayista ni reseñista. Mi experiencia es en sistematización de bases de datos, análisis duros sobre hábitos de lectura, diseño de materiales didácticos, diseño curricular, filología y retóricas antiguas. Ahí están mis artículos, que han sido arbitrados por diferentes instituciones académicas nacionales e internacionales, mis participaciones en libros, mis conferencias. No estoy diciendo que sea el mejor investigador, pero hay una trayectoria que respalda lo que hago al frente de esta dirección general.

‘‘Los ataques se dieron porque proponemos, principalmente, dejar de gastar, por ejemplo, en comprar revistas que acababan almacenadas, o en onerosos viajes. Ahora vamos a centrar los recursos en la compra de acervo para llevarlo a todas las bibliotecas municipales, y que no sea una cuestión de autoridad la elección del material, sino que la misma comunidad académica del interior del país decida qué materiales deben estar en las bibliotecas de cada región.

‘‘Los investigadores de todo el país están ansiosos por que sus investigaciones tengan un calado nacional, formar parte de una coordinación, un seminario o una estrategia que los una; hacer un trabajo colegiado porque debemos entender que por mucho tiempo las instituciones generaron elefantes blancos y torres de marfil donde se patrocinaron investigaciones que no tuvieron impacto social.”

Goldin no fue despedido; él decidió dejar la Biblioteca Vasconcelos

Arriaga Navarro es investigador de la UACJ, ‘‘con permiso, sin goce de sueldo”. En 2015 fue reconocido con el Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación Chihuahua en el área de humanidades, educación y ciencias de la conducta. Fue becario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para sus estudios de maestría y gozó de una beca de excelencia académica para el doctorado, es decir, ‘‘mi formación la pagó el pueblo, entonces tengo que responsabilizarme de ello y mis resultados deben tener impacto social”.

Añade que esa situación la conoce ‘‘la mayor parte de los investigadores del país, sólo que un pequeño grupo, que tenía el poder, tiene mucho dolor de ya no tener sus patios de recreo y que las voces periféricas estén tomando las riendas.

‘‘Es un fenómeno peculiar que se ha manejado desde siempre por la cuestión de la élites culturales que trabajan desde el centro del país y dictan las normas de cómo debiera actuar la periferia o que, de plano, ignoran a ésta. Sin embargo, se debe asumir que así no trabajan los modelos académicos ni en el centro ni en la periferia ni en el mundo.”

El director general de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura federal rechaza que se haya despedido a Daniel Goldin como encargado de la Biblioteca Vasconcelos. ‘‘Él decidió retirarse, no hubo ningún desencuentro; simplemente no hubo coincidencia en los proyectos, no fue ni siquiera una cuestión de trabajos académicos diferentes. Reconozco a Daniel como editor e intelectual, sus ensayos sobre fomento a la lectura son pieza clave para entender ciertos momentos de esa actividad en el país”.

No hubo plática con Lizalde, ex titular de la Biblioteca de México

Acerca del poeta Eduardo Lizalde, quien dejó de dirigir la Biblioteca de México el pasado diciembre, Arriaga aclara que cuando asumió su cargo, ‘‘Lizalde ya había ofrecido su renuncia, ni siquiera escuchó el nuevo proyecto ni hubo plática entre nosotros”.

La administración actual de la Dirección General de Bibliotecas, reitera el funcionario, no debe valorarse desde el punto de vista de viejos y nuevos, o malos y buenos; ‘‘hay que enfocarnos en que el gasto público sea eficiente. No necesitamos generar un programa innovador, como ocurre en otras áreas, sólo acotarnos a lo que marca la Ley General de Bibliotecas.

‘‘Activar la red nacional de bibliotecas es un reto grande, pues nunca ha funcionado ciento por ciento. En teoría, hay casi 7 mil 453 bibliotecas, pero no es así: 544 están cerradas, 80 por ciento carece de acceso a Internet.

‘‘Además, no tenemos registro de quiénes las atienden; no hay capacitación a los bibliotecarios, cuyo nivel de estudios promedio es de secundaria; nunca hubo seguimiento a las colecciones que se entregaron, si es que se entregaron, no sabemos qué libros tienen las que están abiertas.

‘‘Las bibliotecas públicas deben volver a tener una función dentro de la estructura pedagógica del país, como una herramienta básica de formación de estudiantes, que sean un brazo del magisterio, en educación básica y en los niveles superiores. Después de eso, las bibliotecas se podrán convertir en centros sociales y de divulgación», indicó.

 

Esta nota originalmente se publicó en La Jornada

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