WASHINGTON, DC - JANUARY 03: Member elect Rep. Alexandria Ocasio-Cortez (D-NY) talks to fellow members of Congress during the first session of the 116th Congress at the U.S. Capitol January 03, 2019 in Washington, DC. Under the cloud of a partial federal government shutdown, Speaker designate Rep. Nancy Pelosi (D-CA) will reclaim her former title as speaker and her fellow Democrats will take control of the House of Representatives for the second time in eight years. (Photo by Win McNamee/Getty Images)
Hace un año exactamente, nadie tenía idea de quién era ella. Una mesera que trabajaba en una taquería de Manhattan y que vivía de sus propinas. El centro de operaciones de su campaña (por decirle así) estaba en una bolsa de supermercado debajo de la barra. No tenía el apoyo de un personal numeroso ni millones de dólares en donaciones (uno de los clientes del restaurante le ayudó a diseñar los anuncios). Entre sus turnos de trabajo, la joven aspirante al Congreso salía a repartir sus volantes entre los vecinos. “Mujeres como yo no se postulan para un cargo público,” decía su mensaje de campaña.

Su nombre es Alexandria Ocasio-Cortez y hace un año se enfrentó a la poderosa maquinaria política del Partido Demócrata en Nueva York… y ganó.

¿Cómo es que una mujer latina de 29 años, sin experiencia alguna como legisladora, que se etiqueta a sí misma como “socialista” y “radical”, se posiciona en la actualidad como uno de los rostros principales de la oposición al gobierno de Donald Trump?

Su historia fue una de las más fascinantes que surgió de las elecciones de 2018. Una joven aspirante que sale de la nada para sacudir al viejo y cansado panorama político de Washington. Pero su historia ya la hemos escuchado en tiempos recientes, aunque el protagonista sea distinto. Barack Obama también fue otro joven político (aunque no tan joven como AOC) que aparentemente salió de la nada para conquistar los espacios mediáticos y contagiar con mensajes de esperanza al electorado. Al poco tiempo, Obama estaba anunciando su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos.

¿Acaso será que el Partido Demócrata esté preparando a la señorita Ocasio-Cortez para repetir la fórmula?

¿QUIÉN ES ALEXANDRIA OCASIO-CORTEZ?

Para el que viva en Estados Unidos, es probable que no pase un día sin que escuche al menos una vez el nombre de AOC (a los medios de comunicación les parece más sencillo referirse a ella por sus iniciales), lo cual es bastante sorprendente tomando en cuenta que se trata de una mera congresista. En México su ascenso político ha pasado algo desapercibido (hasta ahora, AOC es un fenómeno local), pero su postura en contra de las estrictas políticas migratorias del gobierno de Trump la han colocado bajo una luz favorable en los ojos de activistas defensores de derechos migrantes en nuestro lado de la frontera.

La señorita Ocasio-Cortez comenzó a ganarse la atención de los medios cuando derrotó a Joe Crowley en las elecciones primarias de junio de 2018 por el distrito 14 de Nueva York. El señor Crowley era uno de los congresistas más influyentes de Washington, con 20 años de trayectoria en la Cámara de Representantes. En varias elecciones, este legislador del Partido Demócrata competía sin oponente, hasta que el año pasado apareció una joven de ascendencia puertorriqueña en la contienda. Sobra decir que el señor Crowley subestimó a su oponente. Después de todo, él contaba con el respaldo de los senadores de su estado, así como el apoyo del gobernador y del alcalde de Nueva York. ¿Quién era esta mesera de escasos recursos que se atrevía a desafiar a la vieja guardia de los demócratas?

Pero AOC no despegó de la noche a la mañana. Aprendió su oficio como voluntaria en la campaña de Bernie Sanders cuando éste buscó la nominación en 2016. Se forjó en el tipo de campaña conocida como grassroots, una técnica de la vieja escuela que consiste en ir de puerta en puerta, hablar con la gente en asambleas, establecer un diálogo directo con los votantes. Su mensaje además resonó con un sector de la población neoyorquina cansada de un Partido Demócrata que se había sometido a Trump, gente decepcionada con la dirección que había adoptado el país bajo el mando republicano. AOC, en cambio, prometía algo distinto, un mensaje de izquierda que no se había escuchado desde la campaña del señor Sanders, un mensaje de justicia social para los trabajadores y los desempleados del distrito, un mensaje SOCIALISTA, en todas sus letras.

Alexandria Ocasio-Cortez, izquierda, e Ilhan Omar, centro (AP Photo/Andrew Harnik)

¿QUÉ TAN SOCIALISTA ES UN DEMÓCRATA SOCIALISTA?

Los medios estadounidenses quedaron fascinados con AOC. Aquí tienen a una joven encantadora y carismática, llena de energía y optimismo, que encarna un mensaje cien por ciento distinto al de Donald Trump. Una figura que le inyecta una muy necesaria dosis de vida al panorama político, el cual se había convertido en un espectáculo circense bajo el estilo de gobernar del presidente. Pero el otro factor que fascina a los analistas y a los politólogos son sus ideas políticas “radicales” y sus afiliaciones políticas. En su triunfo sobre el señor Crowley, AOC obtuvo el respaldo de grupos marginales como Black Lives Matters, Justice Democrats, Democracy for America, y otras organizaciones de izquierda que no siempre se alinean con el Partido Demócrata. Pero sobre todo, la afiliación de AOC con los Demócratas Socialistas de América generó muchas reacciones de incredulidad.

Era (y sigue siendo) una costumbre en el debate político estadounidense que el término “socialista” fuese empleado para atacar la postura de un rival. La propaganda que generó la Guerra Fría se encargó de reducir todo lo asociado al socialismo al nivel de un villano caricaturesco que combate los ideales americanos. En la actualidad, si las propuestas de un político se desvían un poco a la izquierda de la doctrina neoliberal que marca la agenda política de Estados Unidos, entonces es tachado de “socialista”. Por ejemplo, Barack Obama fue acusado de “socialismo” en numerosas ocasiones durante su administración, principalmente por políticas como el llamado ‘Obamacare’; pero en realidad, el presidente Obama nunca encajó en la definición tradicional de ‘socialista’.

Lo mismo podría decirse de AOC, o incluso su mentor Bernie Sanders. Las ideas políticas de un demócrata socialista como Sanders tienen más en común con las plataformas de partidos socialdemócratas europeos que con los regímenes comunistas de Cuba o de Corea del Norte, o el socialismo bolivariano de Venezuela (aunque afirmar que las políticas de estos países son socialistas también es una afrenta al socialismo científico planteado por Marx). Por tal motivo, los demócratas socialistas son más reformistas que revolucionarios; AOC no tiene ninguna intención de detonar la revolución del proletariado o de eliminar la propiedad privada. Su plataforma impulsa un viraje hacia la izquierda de la política estadounidense, pero siempre dentro del marco de una democracia liberal y un sistema capitalista.

AOC: LA NUEVA ‘BOOGEYWOMAN’ DE LOS CONSERVADORES

Alexandria Ocasio-Cortez ha desplazado a Hillary Clinton como la nueva antagonista principal de la intimidatoria fuerza política de la derecha. Hasta el momento, se ha mostrado capaz de bloquear los innumerables mensajes de odio de los que ha sido blanco, principalmente en las redes sociales. Y vaya que ha despertado una respuesta apasionada entre los seguidores de Trump, quienes han articulado su descontento en medios como Fox News y Breitbart News. AOC prácticamente encarna todos los puntos que las corrientes ultraconservadoras aborrecen con furia en un político:

  • Es una mujer.
  • Es una mujer inteligente que se atreve a hacer pública su opinión.
  • Es de origen latino.
  • Se encuentra a la izquierda de la gran mayoría de políticos en Washington.
  • Levanta con orgullo la bandera socialista y critica las consecuencias sociales del capitalismo industrial.

Su popularidad hip, particularmente entre la generación millennial, es percibida como una amenaza por los sectores conservadores de la población, temerosos de una juventud que se deje seducir por su carisma y se ponga a estudiar a Marx como consecuencia. En suma, AOC ha sido descrita por varios comentaristas conservadores como la ‘Anti-Trump’: una mujer joven y latina, de origen humilde e ideas feministas, que representa a una nueva generación que le pondrá un punto final a la hegemonía de un heteropatriarcado blanco, cristiano y privilegiado, esta vez de manera definitiva.

En los pocos meses que lleva en el Congreso, la legisladora se puso a la cabeza de un nuevo grupo (integrado por otras mujeres como Ilhan Omar y Rashida Tlaib) que impulsa proyectos progresistas en los comités. La agenda política de AOC promueve la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), aumentar al 70% la tasa de recaudación de impuestos sobre el sector más rico de la población, un Medicare para todos mejorado y expandido, una vivienda digna como un derecho civil y un empleo federal garantizado, entre otras propuestas de corte social.

La protección del medio ambiente también es uno de los estandartes de su agenda, por lo que en febrero presentó una propuesta bautizada como Green New Deal, un giro ambientalista al histórico New Deal que rescató a la economía del país durante la presidencia Franklin D. Roosevelt…

Mike Pence, izquierda, Donald Trump, centro, y Nancy Pelosi, derecha (Doug Mills/The New York Times POOL PHOTO) NYTSOTU

¿AOC 2024?

La presentación del Green New Deal ha sido la maniobra más ambiciosa de la congresista, una iniciativa de altura presidencial. El programa agrupa diversas propuestas que buscan resolver problemas relacionados a la desigualdad económica y el medio ambiente. Su objetivo consiste, entre otros, en la creación de nuevos empleos en los sectores productivos, pero orientados hacia la conservación del planeta.

La difusión de este programa ha sido acompañada por una desmesurada campaña de desprestigio que ataca, no solo la propuesta, también a la congresista, provocando que se politice un tema tan crucial como el cambio climático. La obsesión de la derecha conservadora contra la figura de AOC ha sido semejante al ruido generado durante una campaña política. A los conservadores les parece más que evidente que el Partido Demócrata está preparando a AOC para ocupar un puesto más importante. ¿Pero será que ya estén pensando en la presidencia de la nación?

Desafortunadamente, su edad es un obstáculo, ya que para aspirar a la presidencia de Estados Unidos, el candidato debe tener, por ley, al menos 35 años de edad. Esto la descalifica de poder competir en las elecciones de 2020, lo cual es una ventaja; será más difícil criticarla por su falta de experiencia en 2024. Para desgracia de los noticieros de 24 horas, la cobertura electoral de 2020 tendrá que conformarse con un Trump algo desinflado, un poco harto de la Casa Blanca, pero obstinado en quedarse cuatro años más, contra un candidato demócrata que probablemente no irradie el mismo aura que la congresista neoyorquina.

Lástima. Trump vs. AOC hubiera sido (pausa dramática) “la contienda del siglo”. Los directivos de los noticieros se quedarán con las ganas.

Mientras tanto, Nancy Pelosi y el liderazgo del Partido Demócrata tienen cinco años para moderar las posturas de AOC y alejarla de Bernie Sanders y sus Demócratas Socialistas. En otras palabras, tiene cinco años para transformar a su nueva ‘Obama’ en Hillary Clinton 2.0. ¿Será que AOC traicione al movimiento político que la catapultó al Congreso a cambio de la oportunidad de ser la primera mujer presidente de Estados Unidos?

Esta nota originalmente se publicó en Noticieros Televisa
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