El escritor mexicano recibirá este sábado, en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2019

CIUDAD DE MÉXICO. “Tardé mucho en encontrar mi voz, pues primero tuve que adaptarme a México. No entendía a mi país después de vivir varios años fuera”, reconoce el escritor Héctor Manjarrez (1945), quien tras sus estancias en Belgrado, Madrid, Ankara, París y Londres regresó a tierras aztecas a principios de los años 70.

“Me costó trabajo hallar qué quería escribir y cómo. México era muy confuso, pero vital e interesante a la vez”, afirma el cuentista, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista en entrevista con Excélsior.

Relata que no identificaba su voz, pero que sí experimentó la muerte del estilo que había desarrollado en los cuentos de Acto propiciatorio que, aunque se publicaron en 1970, los entregó en 1967. “Andaba buscando otro camino, pero no era bueno, no había llegado”.

Quien recibirá el próximo sábado el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco 2019, en la inauguración de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), piensa que dio con su voz literaria cuando confeccionó los relatos de No todos los hombres son románticos (1983), con el que obtuvo ese año el Xavier Villaurrutia.

Irreverente, desenfadado, inclasificable, crítico de sí mismo y de sus colegas, Manjarrez reconoce que los premios “son un empujón, un aliento, un gusto, un respiro”, pero aclara que la batalla por consolidar su obra la debe dar el autor por sí solo, quien no debe engañarse.

“Hay una gran confusión en este momento que tiene que ver con las plataformas, las nuevas formas de la fama. Los jóvenes usan las redes para promoverse y dar una imagen de sí mismos, verdadera o no. Yo utilizo las redes, pero no me promuevo.

Es difícil decir cómo me siento. Ahora, a los de 40 años de edad se consideran escritores jóvenes, pero olvidan que José Agustín tenía 16 años cuando publicó su primer libro. Es diferente. Los autores publican tarde y pocos títulos. Y nadie sabe cuál será el futuro de los libros”, comenta.

El autor de las novelas  Lapsus: algunos actos fallidos (1971) y París desaparece(2014) se formó solo. En su etapa como becario en el Centro Mexicano de Escritores (CME), al que ingresó en 1971, admite, no escribió “nada que valiera la pena”, a pesar de haber tenido como tutores a los célebres Juan Rulfo y Salvador Elizondo.

“Traía como proyecto una novela que nunca terminé. Sé que ha habido grupos de becarios que tenían sesiones interesantes con sus tutores. No fue mi caso. A ninguno nos interesaba lo que escribían los demás”, recuerda.

“Francisco Monterde nunca decía nada, Rulfo estaba callado la mayor parte del tiempo y sólo quedaba en las espaldas de Elizondo producir la energía grupal. Y él tenía muchas virtudes, pero la de animar no era una de ellas. Él más bien te preguntaba cosas como ‘¿qué piensas de la perversión?’ o ‘¿te gusta el sadismo?’, tenía ese tipo de relación con la gente”, evoca.

El autor del ensayo Útil y muy ameno vocabulario para entender a los mexicanosdice que el CME no fue una buena época para él. “Al menos me dieron el dinero y eso ayudó mucho, pues podía pagar la renta. Lo agradezco, me permitió regresar a México”.

Señala que ese periodo, cuando Luis Echeverría era Presidente y México vivía el surgimiento de grupos guerrilleros, él perdió la credibilidad en autores como Carlos Fuentes —“quien era nuestro padre, nuestro ejemplo”—, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, “pues se acercaron al poder”.

Intensidad e innovación

Manjarrez se hizo acreedor al Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco, reconocimiento que otorgan la Universidad Autónoma de Yucatán y la asociación californiana UC-Mexicanistas, debido a “la riqueza innegable de su trayectoria, los rasgos innovadores de sus novelas y relatos, la singular intensidad de sus poemas y la gravitación de sus propuestas literarias en cada uno de sus libros”, se apunta en el acta del jurado.

Tras más de medio siglo de explorar los diversos géneros literarios, el autor detalla las diferencias entre estos procesos creativos. “En el cuento tienes que poner todo y la novela se va desparramando y armando sola. En el relato debes sentir todo lo que está pasando, y en la novela puedes olvidar cosas, te puedes equivocar y el lector te lo perdona.

“Pero en el cuento y en el teatro no te puedes equivocar, pues el público se distrae. Los ensayos de las obras te ayudan a ajustar cosas, pero en el cuento esto debes verlo solo. La tensión interna de los personajes, las situaciones y el lenguaje no debe aflojar o hacerse viejo, porque pierdes al lector. En la poesía también puedes perder o ganar a tus lectores”, asegura.

Quien ha obtenido los premios Diana Moreno Toscano y el Nacional de Literatura José Fuentes Mares agrega que la intensidad y la innovación son necesarias en todos los géneros siempre. Cuenta que desde hace un año está tratando de terminar la novela sobre su estancia de un mes en la cárcel provincial de Burgos, en 1969, obra que justo no pudo resolver hace 48 años en el Centro Mexicano de Escritores, donde redactó la primera versión.

“La he escrito a mano casi sin correcciones. Está en un cuaderno y no lo he releído. El reto es cómo hacer que una cárcel en Burgos interese a los lectores del siglo XXI. Era una prisión con criminales de baja estofa y presos de ETA que estaban de paso. De hecho, conviví con dos miembros de este grupo separatista y uno de ellos, Eduardo Uriarte, a quien condenaron a dos penas de muerte, hecho que fue un escándalo mundial, sigue siendo mi amigo”, confiesa.

Manjarrez, además de la búsqueda mencionada, escribe diversos cuentos sobre cómo vivió el terremoto que sacudió a la Ciudad de México en 1985. Será el séptimo galardonado con el Premio José Emilio Pacheco, dotado con 175 mil pesos, y que han recibido el propio Pacheco, que le dio su nombre, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Juan Villoro, Cristina Rivera Garza y David Huerta.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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