El catalán, quien fundó en 1969 un sello cuyo catálogo supo ganar la confianza de los lectores, recibirá este miércoles el premio al Mérito Editorial en Nuevo León

BARCELONA.- A lo largo de 50 años, el catalán Jorge Herralde (1935), leyenda viva de la edición en español, ha levantado una galaxia… de libros. Desde Anagrama, el sello editorial que fundó en 1969, ha creado una constelación literaria capaz de construir la memoria sentimental de muchos lectores.

Y ha conseguido lo imposible: que los amantes de la lectura compren un libro porque lo publica Anagrama, sin importar si conocen o no a su autor. ¿El secreto? “La construcción de la fiabilidad de un catálogo”, responde el ensayista. “Cuando el lector ve un libro de una editorial que le ha deparado gratificaciones reiteradas, se fía de él”, añade.

Herralde habla para Excélsior en su despacho de Anagrama, ubicado en el barrio de Sarriá. El edificio es discreto y, quizá por eso, en su búsqueda es fácil perderse. No hay ningún cartel publicitario que avise que ahí dentro se encuentra la mítica editorial que este año cumple medio siglo de vida.

Una vez en su despacho, sorprende ver que no hay pantallas ni computadoras. Sólo libros, muchos libros, y miles de papeles apilados sobre su escritorio, algunos son manuscritos. Frente a él tiene un montoncito de hojas con los últimos e-mailsrecibidos. Sus asistentas se los imprimen a diario. El editor acostumbra a dictar sus respuestas, que tienen fama de ser siempre escuetas y educadísimas.

Herralde no dirige la editorial desde 2017, año en que la vendió al grupo italiano Feltrinelli. Mantuvo un simbólico uno por ciento de las acciones y ahora es una suerte de presidente honorario que, explica, sigue “aconsejando, sugiriendo cosas”; incluso, participando en el diseño de las fajas y las contraportadas de los libros. “Sigo felizmente en activo”, añade con picardía.

¿Qué es lo que ha cambiado en el mundo de la edición en estos 50 años?

Lo único que no ha cambiado es que se siguen haciendo libros de papel, todo lo demás cambió de forma drástica; ahora hay una gran concentración de grandes grupos y la crisis del 2008 afectó a todas las editoriales.

Pero no a Anagrama. El editor presume haber sorteado la crisis económica sin haber despedido a una sola persona, ni haber reducido la programación. “Un caso milagroso, pero atípico”, considera.

Herralde, hombre sereno y de hablar pausado, reconoce que tener que lidiar con los egos de los autores “va absolutamente con el cargo de editor”. Aunque confiesa, resignado, que “es inevitable, si no no serían autores ni creadores”. Y celebra que, salvo algún caso extremo, “en general se puede solventar sin derramamiento de sangre”.

México, en sus recuerdos

México. Esa palabra que fue la última que el chileno Roberto Bolaño escribió en su célebre libro póstumo 2666, hace que Herralde evoque sus más lejanos recuerdos de infancia. Ahí encuentra la imagen del gran torero mexicano Carlos Arruza, a quien vio actuar una vez en la Monumental de Barcelona, al lado de su papá. También están en su memoria la música popular mexicana, las películas de Cantinflas y, cómo no, las de Luis Buñuel.

El primer contacto directo con el país llegó en 1972, cuando hizo su primer viaje junto a un numeroso grupo de amigos del Bocaccio, la famosa discoteca de Barcelona que, en aquella época, fue lugar de encuentro para la llamada Gauche divine, un movimiento de intelectuales y artistas de izquierda, del que Herralde formó parte. “Llegamos un Día de Muertos y vimos cómo esta celebración era la apoteosis de humor negro”, recuerda.

Desde entonces, no ha dejado de volver un solo año. “México es el país que más he visitado”, señala quien ya prepara de nuevo maletas con destino a tierras aztecas. Este miércoles recibirá en Monterrey, en el marco de la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la UANLeer, el reconocimiento al Mérito Editorial.

¿A estas alturas, qué significa el reconocimiento?

El reconocimiento siempre es agradable, pero en realidad el máximo premio es haberme podido dedicar durante tantos años a una labor editorial que tanto me gusta. Cuando Anagrama nació sólo publicaba libros de ensayo político de izquierda. Después vino la etapa de la gran literatura. Con ese cambio de orientación, el sello consiguió encajar varias piezas: la nueva narrativa española de los 80, poner en primera línea a novelistas latinoamericanos posteriores alBoom, como Bolaño o Ricardo Piglia, e introducir en el mundo lector hispanohablante al llamado british dream team, formado por Ian McEwan, Martin Amis, Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi y Julian Barnes.

¿Cuál considera que ha sido su mejor hallazgo?

Muchos, la lista es larguísima. De mis autores preferidos, y a quienes he publicado casi toda su obra, están Sergio Pitol, Ricardo Piglia, Rafael Chirbes, Carmen Martín Gaite y Roberto Bolaño.

Los cinco están muertos. Y, con los cinco, Herralde compartió una gran amistad. “La muerte de cada uno de ellos fue un duro golpe para mí, para la editorial y para sus lectores. Aunque siempre se pueden releer sus obras”, dice.

A lo largo del tiempo, Anagrama ha perdido a grandes autores (Enrique Vila-Matas, Javier Marías…), que han terminado emigrando a otras editoriales. Un hecho que Herralde reconoce como “doloroso, pero pasajero” y que relativiza. “Habría hecho mal mi trabajo si no hubiera captado a autores desconocidos que luego los ávidos grandes grupos quisieran llevarse con anticipos muy superiores a las posibles ventas”.

Unos se van y otros llegan. Entre las nuevas incorporaciones de la editorial llama la atención la cada vez mayor presencia de voces femeninas; pero Herralde aclara que en Anagrama “siempre ha habido mujeres”, que sólo basta revisar su catálogo.

«Desde los 70 venimos publicando ensayos feministas en una colección que se llamaba La Educación Sentimental; y, después, en los años 80, a Jane Bowles, Grace Paley, Patricia Highsmith…”, explica.

¿Y cómo ve este viejo sabio de la edición el momento actual, en el que parece que todo conspira contra los libros? Por un lado, reflexiona, está el fenómeno de la vanalización de muchos libros; pero, al mismo tiempo, quizá como reacción, ha surgido en España y en otros países una gran cantidad de pequeñas editoriales muy preocupadas por la calidad literaria.

«Hay como una suma de complicidades de amantes de la buena literatura”, indica.

Herralde se muestra moderadamente optimista respecto al futuro y valora que la anunciada muerte del libro de papel fue sólo una campaña.

¿Cuantos años más piensa seguir en activo?

Mientras me divierta y piense que pueda ser útil.

¿Y sigue divirtiéndose, me imagino?

Todavía, es un vicio adquirido persistente.

Jorge Herralde tiene una petición para cuando él ya no esté: “Que Anagrama siga siendo una editorial creativa, rigurosa, osada, que publique buenos libros. Ese sería mi desiderátum, sabiendo que el futuro es una cosa muy incierta”, admite.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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