El próximo 10 de abril se cumplirán 100 años del asesinato artero de Emiliano Zapata Salazar, el líder de la Revolución del Sur, personaje teatral y cinematográfico como pocos. Al leer sus correspondencias, manifiestos y el famoso Plan de Ayala (del cual nunca se despegó, firme en sus convicciones) uno se encuentra con un discurso vigoroso y de enorme coherencia que por desgracia se encuentra hoy tan vigente como en 1911. Tristemente pareciera que no nos damos cuenta de la veracidad que hay en una de sus sentencias que es: “El campo no necesita de la ciudad, pero la ciudad no puede vivir sin el campo”.

El dramaturgo Juan Tovar llevó a cabo con el gobierno de Morelos dos antologías en 2012, una dedicada a obras teatrales que tratan la gesta de Independencia y la otra la Revolución Mexicana. En esta última aparece la obra de Mauricio Magdaleno titulada justamente Emiliano Zapata, estrenada en el Teatro Hidalgo de Ciudad de México el 12 de febrero de 1932. La versión de Magdaleno llega tan solo 13 años después de la muerte del caudillo suriano. El contexto fue la presentación del movimiento del Teatro de Ahora que encabezaba el autor junto con Juan Bustillo Oro.

Magdaleno aborda a un Zapata atravesado por la desconfianza ante su propia gente (que no pocos historiadores han calificado de paranoia) y desarrolla lo que será la caída de uno de sus lugartenientes más apreciado, el profesor Otilio Montaño. En la obra, dividida en “tiempos” a manera de actos, dedica el primero a la supuesta traición de Otilio y a la decisión de Emiliano, instado repetidamente por su hermano Eufemio, de fusilarlo, lo cual ocurre el 18 de mayo de 1917. Los dos “tiempos” siguientes, Magdaleno los dedica a la paradoja de que, pese a ser un desconfiado perenne, Emiliano termina por creer en el cambio de bando de Jesús Guajardo que ha de llevarlo al trágico desenlace de su muerte en Chinameca el 10 de abril de 1919.

TRASPUNTE

MÁS HISTORIAS
En la antología La eterna historia II, Teatro sobre la Revolución, Juan Tovar reunió las obras Lascurain o la brevedad del poder de Flavio González Mello, Felipe Ángeles de Elena Garro y El atentado de Jorge Ibargüengoitia, entre otros.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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