España rinde homenaje a Tamara de Lempicka en una magna exposición en el Palacio de Gaviria

Fue una pintora polaca (1898-1980) que combinó su arte con ser una socialité que rompió esquemas tanto artísticos como sociales. Las obras de Tamara de Lempicka tienen un sello característico. Bien lo dijo ella: “Entre un centenar de pinturas, podrás reconocer las mías. Mi objetivo es no copiar y crear un nuevo estilo con tonos claros y brillantes…”

Fue una mujer desinhibida. Nació en Varsovia, en el seno de una familia bastante acomodada. Tras vivir en diversas ciudades europeas como Moscú y París, además de en Estados Unidos, eligió terminar sus días en México. Pidió que sus cenizas se esparcieran en el Popocatépetl, lo que hizo su única hija Kizette.

Entre los coleccionistas de sus pinturas están Madonna, Jack Nicholson y Carlos Slim. Gracias a este último, algunas de sus obras se pueden ver en el Museo Soumaya en la Ciudad de México. Yo tuve oportunidad de conocer una muestra muy completa de sus óleos y dibujos en la exposición Tamara de Lempicka, reina del art déco, en Madrid.

«Silueta decididamente parisina. Dos ojos claros, penetrantes, cabello rubio y nariz griega, ligeramente curva… Estatura considerable para una mujer. ¡Vestidos fabulosos, pieles carísimas! Su mera presencia despierta curiosidad».

Así la describió un periodista. Fue amiga de Salvador Dalí, Greta Garbo y muchos otros famosos de su tiempo.

Sus pinturas de mujeres, tanto retratos como desnudos, son las que más fama le han dado. Sin embargo, también supo captar el dolor de la guerra, la belleza de unas flores y la beatitud de santas y vírgenes. Desde 1922 su obra se ha expuesto en diversas exhibiciones individuales y colectivas a ambos lados del Atlántico.

Me resultó interesante saber que ella tomó clases de pintura como una manera de tener ingresos cuando su primer marido tuvo un revés financiero importante. Se volvió rica y famosa. Retrató a científicos, escritores, intelectuales y miembros de la nobleza europea exiliada. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial dejó Europa y se instaló en Estados Unidos con su segundo marido, el barón Raoul Kuffner. En 1978 eligió nuestro país como última escala de su peregrinar por el mundo.

Cuando sus manos empezaron a temblar se dedicó a hacer copias de sus óleos más conocidos en el estudio que tenía en su casa en Cuernavaca, conocida como Tres bambús.

Una mujer que tuvo el mundo a sus pies, cayó un tiempo en el olvido. Pero su vasta obra, esparcida en diversas colecciones particulares, sigue hablando por ella.

 

Esta nota originalmente se publicó en El Sol de México

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