Un análisis genético a gran escala no mostró una conexión sólida entre estar despierto hasta tarde y el desarrollo de obesidad y diabetes, como se teorizó en investigaciones anteriores.

Algunas personas están programadas genéticamente para ser madrugadoras y otras son animales nocturnos. Una nueva investigación indica que la cantidad de ADN que influye en esta preferencia natural es considerablemente mayor que los 24 genes que se habían identificado.

“Por medio de datos de 700,000 individuos, encontramos 351 factores genéticos que influyen en tu preferencia por la mañana o la noche”, dijo Michael Weedon, profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Exeter, Reino Unido, y director del estudio que se publicó el martes 29 de enero en la revista Nature Communications. “Estos factores afectan la hora a la que las personas se duermen y se despiertan”.

¿Los madrugadores tienen mejor salud mental?

El estudio fue una colaboración internacional, que incluyó a universidades y órganos de investigación de Reino Unido, Estados Unidos, Holanda, Alemania y Australia; en el estudio participaron 250,000 suscriptores estadounidenses de 23andMe, una empresa que ofrece análisis genómicos privados, y 450,000 personas registradas en UK Biobank, un recurso de salud sin fines de lucro.

Weedon y sus colegas estudiaron qué genes tenían en común las personas que se consideran “madrugadoras”, las que se consideran “nocturnas”, o ninguna de las dos.

“Ser madrugador o animal nocturno es una sensación genuina de preferir la actividad en la mañana o en la noche”, explicó Weedon. Agregó que en realidad, la mayoría de las personas no tiene una preferencia muy marcada, pero todos estamos dentro de la curva de distribución de la inclinación natural.

Los 351 factores genéticos que el equipo de investigación identificó incluyen no solo los que influyen directamente en el reloj biológico humano —también conocidos como ritmos circadianos—, sino algunos genes relacionados con el cerebro y el tejido de la retina en nuestros ojos.

El ciclo biológico humano es ligeramente más largo que el ciclo diario de 24 horas, así que este nuevo hallazgo respecto al tejido ocular podría explicar la forma en la que el cerebro usa la luz del día para “reiniciar” diariamente nuestro reloj biológico y alinearlo con el ciclo de la Tierra. “Podría ser que estos genes en el ojo ayuden a los madrugadores a detectar la luz y a ‘reiniciar’ su reloj corporal más eficientemente”, señaló Weedon.

Para confirmar sus resultados, Weedon y sus colegas examinaron datos sobre la actividad de 100,000 personas y descubrieron que los madrugadores se despiertan unos 25 minutos antes que los nocturnos. Señaló que aunque los genes influyen en la hora en la que te da sueño, no afectan la calidad ni la duración del sueño.

Estos genes recién identificados podrían afectar más que nuestros ciclos de sueño.

Los madrugadores podrían tener mejor salud mental que los nocturnos, dijo Weedon. Básicamente, él y sus colegas compararon los 351 factores genéticos identificados con los genes que se sabe que subyacen a algunos trastornos mentales y descubrieron una relación entre despertarse temprano y el bienestar subjetivo, así como una reducción en el riesgo de desarrollar esquizofrenia y depresión.

“Una explicación especulativa es que las personas madrugadoras están mejor alineadas con la sociedad que funciona de nueve a cinco”, dijo Weedon.

Sin embargo, los nocturnos tuvieron una pequeña ventaja: el análisis genético a gran escala no mostró una conexión sólida entre estar despierto hasta tarde y el desarrollo de obesidad y diabetes, como se teorizó en investigaciones anteriores.

Tu “cronotipo” (la hora del día que prefieres) afecta no solo tus patrones de sueño, sino tus niveles hormonales y tu temperatura corporal. Sin embargo, no es totalmente innato. Los factores del estilo de vida, como la dieta, las actividades diarias y la exposición a la luz artificial, influyen en tu cronotipo.

¿Qué pasa si tu estilo de vida se contrapone a tu cronotipo personal? Weedon y sus colegas están evaluando “si las personas que son genéticamente madrugadoras, pero están activas en la noche, tienen peor salud que quienes están alineadas. A largo plazo, los nuevos datos biológicos que hemos ayudado a revelar podrían desembocar en tratamientos para trastornos causados por la disrupción del reloj biológico, [por ejemplo] el desfase horario”.

Aplicaciones prácticas

Zachary Freyberg, profesor asistente de Psiquiatría y Biología Celular de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos), dijo que el nuevo estudio es especial por su tamaño. Tanto en Reino Unido como en Holanda se ha estado recabando información sobre los pacientes desde hace décadas a través de los servicios nacionales de salud; “esa es una fuente muy rica de información”, explicó Freyberg, quien no estuvo involucrado en el estudio. “La última frontera en realidad es aumentar aún más el tamaño del estudio” combinando los registros de los servicios nacionales de salud con los datos obtenidos en “estos servicios nuevos de secuenciación del ADN como 23andMe”, señaló.

El hallazgo de la relación entre la preferencia respecto a la hora del día y la predisposición a trastornos como la depresión y la esquizofrenia también es “intrigante”, opinó. Sin embargo, advirtió que es necesario confirmar estos resultados con otros estudios científicos.

Freyberg y sus colegas encontraron que la hora del día en la que un paciente toma ciertos fármacos antipsicóticos (para tratar la esquizofrenia) “afecta la posibilidad de presentar algunos de los efectos secundarios de estos medicamentos, especialmente los efectos secundarios metabólicos. Entonces ¿será posible que las personas que tienden a madrugar respondan a los tratamientos para enfermedades psiquiátricas de forma diferente a las personas nocturnas?”.

El nuevo estudio no tiene la respuesta a esta pregunta, pero cuando menos permite que los investigadores “empiecen a hacer más preguntas o preguntas mejores”, dijo Freyberg.

Suzanne Hood, profesora asistente de Psicología en la Bishop’s University de Quebec (Canadá), dijo que el nuevo estudio indica que “las mismas regiones de ADN” que se encontraron en investigaciones previas, “así como una gran cantidad de regiones diferentes de ADN”, están relacionadas con los ciclos circadianos.

Hood criticó la forma en la que los investigadores definieron el cronotipo de una persona: “Sería interesante darles seguimiento a estos hallazgos con otra clase de métodos que tomen en cuenta las variables del sueño con mayor precisión”, señaló Hood, quien no estuvo involucrada en el estudio.

Hood escribió en un correo electrónico que “uno de mis ámbitos de investigación son los cambios de los ciclos circadianos en relación con la edad, como la tendencia de ser más ‘madrugadores’ conforme envejecemos. Me da curiosidad entender por qué pasa esto y si de verdad representa un patrón normal de envejecimiento saludable o si puede ser indicio de otra clase de problemas de salud relacionados con la edad”.

Finalmente, Hood señaló que el nuevo estudio propone que “nuestro cronotipo es complejo y está bajo la influencia de muchos genes diferentes, no solo de aquellos involucrados en el núcleo mismo de nuestro reloj corporal”.

Esta nota originalmente se publicó en Expansión 
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