En lo sentimental, a Iván Marcone no se le complicó demasiado salir de La Noria.

En los seis meses que fue jugador del Cruz Azul, el argentino nunca creó un fuerte enlace con el resto de sus compañeros, ni se encontró a gusto en la Ciudad de México.

Marcone asistió a las reuniones y comidas del club, pero se ausentaba a algunas organizadas por los jugadores fuera de las instalaciones celestes.

El pequeño grupo del tranquilo volante era compuesto por los jugadores suramericanos, porque nunca conectó con la mayoría del plantel cementero, así es que el argentino regresó tranquilo a su país, sin la preocupación de dejar amistades.

Esta nota originalmente se publicó en El Universal
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