El músico de Autlán, Jalisco, ha plasmado su imaginación tanto en sus discos como en sus shows. Antes de presentarse en el Vive Latino platicó con Excélsior de su fantasía con la Mona Lisa

CIUDAD DE MÉXICO.- Carlos Santana fue a París hace tres años. Tocó, obviamente. Y tenía tiempo libre en la bonita capital francesa. Emprendió camino al Museo del Louvre, en lugar de quedarse sin hacer nada junto a su esposa, sus dos hermanas, su hermano, su cuñado y su mánager.

Llegaron y el Antiguo Palacio Real estaba abarrotado. La multitud era tremenda, según recuerda el guitarrista mexicano. Todos querían ver, aunque sea un mínimo trazo de La Gioconda, mejor conocida en México como La Mona Lisa, del renacentista Leonardo da Vinci.

“Desde 1970 voy a París y jamás la había visto”, narra Santana a Excélsior, vía telefónica. “Había una línea grandísima para verla. Cuando tuve la oportunidad de pararme frente a ella, tenía un cuarto con aire acondicionado sólo para ella. Una cosa increíble. Cuando estuve frente a sus ojos, ella me habló y me dijo: ‘Hola, ¿te acuerdas de mí?

“Contesté que sí. Ella replicó: ‘cuando éramos amantes en otra época’. Y yo dije, ‘¿cómo no? Sí me acuerdo’. Me plantó la visión. Tres cuatro meses después desperté de un sueño donde me llegó la letra y el concepto de cómo contar nuestra historia. Para Picasso, Albert Einstein y para mí es lo mismo, nuestro mundo es imaginación, porque imaginar es más real que la realidad”, agregó.

Inmortalizar esa historia de amor fue necesaria y sólo requirió de tres canciones: Do you Remember Me?, In Search of Mona Lisa y Lovers from Another Time, que juntas forman el EP In Search of Mona Lisa, cuya salida tiene fecha del 25 de enero próximo.

Los relatos de Santana recuerdan, por mucho, a toda la escena que se respiraba en la época en la que sus cuerdas eran parte de la revolución de paz, amor y cultura que floreció en el mundo a través de su nombre, del de Jimi Hendrix, Janis Joplin y Joe Cocker, entre otros.

A propósito de los 60, agosto próximo marca los 50 años de Woodstock, el festival de tres días de paz y música donde la contracultura estadunidense protestó contra la Guerra de Vietnam, el racismo, la violencia y la homofobia.

Y como ya se ha mencionado, Michael Lang, cofundador del masivo histórico, celebrará en Nueva York el aniversario y Santana dice que será parte del cartel, que incluirá también otros géneros además del rock.

“Sí vamos a ir a donde fue el primero. No sé si ya consiguió el lugar, pero, por el momento, nosotros ya nos invitamos por nuestra cuenta al mismo lugar donde nació Woodstock”, dijo, sin dar más detalle.

El Vive Latino por fin lo invita. En pleno 20 aniversario, el festival fundado por Jordi Puig le abrió los brazos a Santana para sumarse a tocar el 17 de marzo en el Foro Sol.

Un festival donde convergen diversos géneros y que no se cierra a las leyendas del rock ni la música de guitarra, fiel a su origen, como lo ha hecho Coachella, Bonnaroo y varios festivales mainstream en Estados Unidos.

Se le preguntó a Santana, una leyenda con más de 50 años creando música con el instrumento que le enseñó a tocar su padre y BB King, qué siente al ver que varios festivales han dejado de lado el rock y la música con poder proveniente de la guitarra, incluso han dado por muerto al género.

“La gente joven necesita un ingrediente como lo es la buena energía; por ejemplo, nosotros no representamos nostalgia, sino unos principios de los 60, cuando estaban Jimi Hendrix, Bob Marley y The Doors, una época donde los músicos podíamos y luchábamos por tocar, ahora los músicos lo hacen todo por computadora, si les das un instrumento no lo pueden tocar.

“(El VL) es una oportunidad para demostrar cómo podemos mover sus corazones, que lloren, bailen y se les paren los pelos al mismo tiempo, porque lo nuestro es un espíritu que trasciende. Dicen que ya no jala porque muchos músicos no pueden tocarla, los que tocan como tu servidor. No hay muchos que puedan tocar guitarra a esta altura”, opinó.

En el mismo festival, como ocurrió en Cumbre Tajín 2015, Santana coincidirá con Javier Bátiz, el hombre que le inspiró a tomar la guitarra eléctrica, más no le enseñó a tocarla, según palabras del oriundo de Autlán de Navarro, Jalisco. Dijo que no tiene ningún problema con él y seguramente lo volverá a saludar como en aquel año, cuando fue a su camerino en Papantla.

Carlos, quien ha grabado más de 24 discos en sus cinco décadas en activo, poco habla de política. Ha vivido casi toda su vida en Estados Unidos. No conoce las propuestas del presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo tanto no entra a profundidad, como en 2012, cuando dijo que ya hacía falta una mujer como mandataria y que la mariguana necesita ser legal.

“Todo es una oportunidad para dejar entrar la luz y dejar del lado el miedo. En todo el mundo es el mismo obstáculo. No estoy informado de lo que quiere hacer, pero le deseo salud, paz, salud en su mente y que podamos juntos traer más oportunidades para que la gente logre sus sueños”, señaló.

Él mismo se considera un hombre sin bandera ni fronteras. Aborrece la situación en Estados Unidos, de México, Latinoamérica y en todo el mundo. Hace un esfuerzo por ayudar a los desfavorecidos a través de Milagro Foundation, una organización altruista del mexicano que ayuda a niños de 18 países, incluido el suyo, a que tengan acceso a educación, arte y salud.

“Para mí México siempre ha sido un pastel de tres pisos: los indios, los mestizos y los blancos, y siempre he visto que los mestizos, como los zapatistas y los indígenas, no tienen mucho a dónde recurrir y nosotros ofrecemos nuestros servicios para ellos. Anhelo a todos mis hermanos del mundo, porque yo no veo ni fronteras ni barreras, para mí eso es un cuento al que no le doy valor.

“Prefiero darle agua al que tenga sed, de la nación que sea, no sólo de una. Porque mucha gente se deja ir por el patriotismo y no sienten dolor ajeno, yo no nací así, soy un espíritu híbrido conectado con Andrómeda, los aztecas, africanos y chichimecas”, dijo.

 

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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