Enrique Florescano Mayet (San Juan Coscomatepec, Veracruz, 1937) es una de las figuras más reconocidas en el mundo académico y cultural no solo de México, sino de América Latina, recientemente fue homenajeado con el título de Bibliófilo, reconocimiento que otorga cada año la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara donde, justamente, demostró que su generosidad no tiene límite.

El historiador, investigador, escritor y humanista donó a la Biblioteca Pública Juan José Arreola de la Universidad de Guadalajara su invaluable acervo, conformado por 18 mil 390 volúmenes entre libros, códices prehispánicos, atlas, actas y fotografías, muchas de las cuales son testimonio de la historia, la ecología, el arte popular, el cine, la geografía y las ciencias sociales de México y América Latina.

Florescano reconoce que su papel como investigador y divulgador se lo debe al antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, quien fue su maestro y pionero en estudiar y valorar la importancia de la llamada “tercera raíz” en la conformación del México mestizo.

También se le identifica porque fue fundador de la revista Nexos, y porque su labor en la investigación y difusión le han permitido obtener los premios nacionales Fray Bernardino de Sahagún, de Ciencias Sociales, de Ciencias y Artes, así como los internacionales como las Palmas Académicas, el nombramiento de Caballero de L’Ordre National du Mérite del gobierno francés, la beca Guggenheim y el reconocimiento como profesor de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

¿Cuál es su mayor pasión?

Coleccionar los códices mayas, debido a que en estos invaluables documentos, su historia, está contada desde siglo II antes de nuestra era. Narran diez siglos de historia a través de los propios mayas, en ellos se encuentran descritas sus conquistas, sus logros y sus derrotas, mismos que he atesorado.

Puedo decir que esa afición casi se vuelve una locura, pues me la he pasado buscando y comprando, aunque eso me permitió atesorar la colección más antigua de escritos mexicanos, debo decir que me volví obsesivo y casi maniático buscándolos.

¿Practica algún deporte?

Toda mi vida jugué de todo… como soy de Córdoba, Veracruz, era obligado practicar beisbol, jugaba de segunda base, como Beto Ávila, el gran pelotero de las Grandes Ligas que jugó para los Medias Rojas de Boston. Yo sí que era bueno, tenía mi uniforme de los Cafeteros de Córdoba, pero también nadaba, jugaba volibol y hasta cascaritas en la tarde, era muy deportista.

¿Por qué dejó de jugar?

Cuando llegué a Xalapa a estudiar me absorbieron totalmente los estudios en la facultad, daba clases porque tenía que trabajar. A los 18 años ya era independiente, tenía un trabajo en la Universidad Veracruzana, era bibliotecario y redactor en la editorial de la institución; también escribía en los periódicos y hasta fundé el suplemento Estela Cultural. Además daba clases en una secundaria y estudiaba derecho e historia.

¿Como buen veracruzano, le gusta bailar?

Sí, bailo danzón y chachachá. En Córdoba casi todos éramos muy bailadores, teníamos muchas fiestas toda las tardes de los viernes; terminábamos las clases y nos íbamos de pachanga, era muy abierto, nuestros papás permitían la pachanga.

Aprendí a bailar todos los ritmos de la época. Danzón, era bueno para el eso, aunque también para el chachachá. Siempre tuve una juventud gozosa, la recuerdo con mucho cariño porque tenía muchos amigos.

Ya que usted es un gran bailarín, ¿sabe zapatear “La bamba”?

Sí, claro que he bailado “La bamba”.

¿Qué música le gusta?

De todo lo géneros, porque con la música enamoré a varias novias… Tengo algunas colecciones de música clásica, me gusta mucho Mozart y Hayden.

¿Se vio atraído por los movimientos revolucionarios de la época?

Conocí al Che Guevara, porque como jóvenes nos contaminamos de la efervescencia social que había, fui a la isla un año después de la Revolución cubana con unos amigos. Yo escribía para los trabajadores, tuve un desarrollo abierto a los cambios sociales y políticos de mi país. Estuve pendiente de los movimiento, huelgas y de las luchas emprendidas por personajes como Demetrio Vallejo para independizar al sindicato de los ferrocarrileros del corporativismo.

¿Cómo disfruta su tiempo libre?

Con mis dos hijas. Con Claudia, quien estudió arquitectura y me dio tres nietas: Claudia, Jimena y Emilia; y convivo mucho con Valeria, quien tiene una niña de 13 años, que se llama Camila.

 

Esta nota originalmente se publicó en Milenio

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