Si estás tomando antibióticos o acabas de terminar el tratamiento, asegúrate de comer bastantes verduras, frutas y granos integrales. Tu flora intestinal te lo agradecerá.

Nota del editor: Lito Papanicolas es especialista en enfermedades infecciosas y doctorando por el Instituto de Investigaciones en Medicina y Salud del Sur de Australia. Geraint Rogers es profesor y director de investigaciones sobre el microbioma en la misma institución.

Si tomas antibióticos, es muy probable que también te dé diarrea.

Los antibióticos matan a las bacterias nocivas que provocan enfermedades, pero también causan daños colaterales al microbioma, la comunidad compleja de bacterias que viven en nuestro intestino. Esto tiene como consecuencia una reducción profunda, aunque usualmente temporal, de las bacterias beneficiosas.

Una estrategia popular para mitigar esta perturbación es tomar un suplemento de probióticos con bacterias vivas durante o después de un tratamiento con antibióticos.

La lógica es simple: las bacterias beneficiosas de tu intestino se dañan con los antibióticos. ¿Por qué no entonces reemplazarlas con las cepas de bacterias «beneficiosas» de los probióticos para ayudar a las bacterias intestinales a recuperar su «equilibrio»?

La respuesta, sin embargo, es más complicada.

Actualmente hay pruebas de que tomar probióticos puede prevenir la diarrea relacionada con los antibióticos. Este efecto es relativamente reducido: de 13 personas que tuvieron que tomar probióticos, se evitó solamente un episodio de diarrea.

Sin embargo, en estos estudios suele pasarse por alto la evaluación de los riesgos potenciales de usar probióticos y tampoco se ha analizado su impacto en el microbioma intestinal en general.

Pros y contras de los probióticos

La suposición de que tomar probióticos tiene pocas desventajas se desmintió en un estudio israelí reciente .

Los participantes tomaron antibióticos y se los dividió en dos grupos: el primero tomó una preparación de 11 cepas de probióticos durante cuatro semanas, el segundo tomó un placebo.

Los investigadores descubrieron que el daño que los antibióticos habían causado en los miembros del primer grupo permitió que las cepas del probiótico colonizaran eficazmente el intestino. Sin embargo, esta colonización retrasó la recuperación normal del microbioma, que siguió trastornado durante los seis meses que duró el estudio.

En contraste, la flora intestinal de los miembros del segundo grupo regresó a la normalidad a las tres semanas de terminar el tratamiento con antibióticos.

Esta investigación revela una verdad probablemente inesperada: todavía no sabemos qué tipos de bacterias son realmente beneficiosos ni qué constituye un microbioma sano. Es poco probable que la respuesta sea que las cepas de bacterias determinadas sean particularmente benéficas.

Lo más probable es que una comunidad diversa de miles de tipos de microbios diferentes trabaje en conjunto para beneficio de la salud.

Esta comunidad microbiana es tan singular como cada uno de nosotros, lo que significa que no hay una configuración que cause enfermedades o bienestar. Por lo tanto, es poco probable que la adición de una o incluso once cepas de bacterias en un probiótico equilibre de alguna forma este sistema complejo.

¿Una alternativa más efectiva (pero menos agradable)?

En el estudio israelí también se exploró una alternativa a la restauración de la flora intestinal.

Un grupo de participantes entregó una muestra de heces que se congeló antes del tratamiento con antibióticos. Luego, se reimplantó en sus intestinos al final del tratamiento.

Este tratamiento, conocido como trasplante fecal autólogo, restauró el microbioma a los niveles originales tras solamente ocho días. Al otro grupo le tomó 21 días recuperarse.

Se ha demostrado que este enfoque también restaura eficazmente la flora intestinal después de un tratamiento combinado de antibióticos y quimioterapia. Es predecible que estos pacientes estén en riesgo de desarrollar complicaciones graves, tales como infecciones del torrente sanguíneo, como consecuencia de la perturbación del microbioma.

Las investigaciones actuales nos servirán para entender si la restauración de la flora intestinal con un trasplante fecal autólogo se traduce en beneficios tangibles para estos pacientes. Sin embargo, este enfoque no es una opción factible para la mayoría de las personas.

Alimenta a las bacterias buenas

Una estrategia más práctica para apoyar la recuperación es dar a las bacterias buenas de tu intestino su fuente favorita de nutrientes: la fibra. Los compuestos de la fibra pasan sin digerirse a través del intestino delgado y llegan al colon, en donde sirven de combustible para la fermentación bacteriana.

Si estás tomando antibióticos o acabas de terminar el tratamiento, asegúrate de comer bastantes verduras, frutas y granos integrales. Tu flora intestinal te lo agradecerá.

Esta nota originalmente se publicó en Expansión 
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