Pese a la aprobación de nuevas medidas de estímulo, el segundo mercado mundial se dirige hacia su menor tasa de crecimiento en tres décadas

Este 2019 se presenta difícil para China. La desaceleración de su economía, un proceso gradual y controlado durante el último lustro, ha cogido algo de impulso en los últimos meses y amenaza con profundizarse este año, en el que el país podría registrar la menor tasa de crecimiento de las últimas tres décadas. La situación coincide con el freno generalizado de la economía mundial y con la guerra comercial con Estados Unidos, un conflicto abierto que se ha convertido en una enorme fuente de incertidumbre para Pekín antes incluso de que empiecen a notarse sus efectos.

La salud de la segunda economía mundial ha vuelto a situarse en el foco de los inversores de medio mundo después de que Apple rebajara su proyección de ventas, según su consejero delegado, Tim Cook, por la desaceleración en China. Para evitar un frenazo, las autoridades chinas anunciaron este viernes que relajarán las exigencias de capital a sus bancos para que estos puedan prestar con más facilidad dinero a las empresas locales. Se trata de la última palada de carbón para mantener la velocidad de la locomotora china. Al mismo tiempo, el primer ministro chino, Li Keqiang, ha instado a los tres bancos comerciales más grandes del país a aumentar la financiación a las pequeñas empresas privadas, según informó el diario Financial Times.

El devenir económico es muy difícil de captar en un país que tiene el tamaño de un continente y es enormemente dispar, en el que mientras sus grandes ciudades tienen poco que envidiar a las de cualquier país desarrollado, en las zonas rurales hay alrededor de 20 millones de personas que siguen viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

Las estadísticas oficiales, pese a que hay que tomárselas con ciertas reservas, muestran sin embargo un freno a lo largo del año pasado que coincide en parte con el diagnóstico de Cook. En el primer trimestre de 2018 el país creció un 6,8%, en el segundo un 6,7% y en el tercero un 6,5%. Las predicciones indican que la cifra ha sido aún menor en el recién terminado cuarto trimestre: la producción industrial creció en noviembre un 5,4% (en enero lo hacía un 7,2%), la actividad manufacturera se contrajo en diciembre por primera vez en los últimos dos años y salvo un milagro de última hora 2018 se convirtió en el primer año de las últimas dos décadas en el que cayeron las ventas de automóviles.

Nueva ronda de diálogo entre China y EU

China y Estados Unidos han acordado celebrar otra ronda de conversaciones para buscar un acuerdo que evite la entrada en vigor de más aranceles. El encuentro se celebrará en Pekín durante los días 7 y 8 de enero, según confirmó el viernes el Ministerio de Comercio chino, y será la primera conversación cara a cara entre ambas delegaciones desde que los presidentes de los dos países, Xi Jinping y Donald Trump, acordaron una tregua arancelaria de 90 días. El plazo se agota el próximo 1 de marzo, día a partir del cual Estados Unidos ha prometido aumentar los aranceles a ciertos productos chinos si no hay pacto.

La delegación estadounidense estará encabezada por el vicerrepresentante de comercio, Jeffrey Gerrish, que “mantendrá conversaciones activas y constructivas con el grupo de trabajo chino para implementar el importante consenso alcanzado por los dos jefes de estado en Argentina”, en referencia a la reunión entre Xi y Trump en el marco del pasado G20 en Buenos Aires.

Esta aparente desaceleración se debe a factores internos y se cuece mucho antes de que Donald Trump decidiera actuar ante lo que considera unas relaciones comerciales injustas con Pekín. Por un lado, el freno responde a la preponderancia de las industrias estatales ineficientes que merman el vibrante sector privado; por otro, a las necesarias medidas tomadas por las autoridades para reducir el abultado crédito corporativo y otros riesgos financieros.

La situación está lejos de una recesión o del llamado “aterrizaje brusco” que tanto se ha pronosticado para China y nunca cumplido. Las autoridades cuentan aún con numerosas herramientas para frenar casi cualquier vaivén que pueda hacer resbalar el crecimiento por debajo del 6% este 2019, desde el aumento del gasto público o el recorte de impuestos a la rebaja de los tipos de interés de referencia. “Con la desaceleración del crecimiento del crédito, la actividad económica probablemente se debilitará aún más en los próximos meses. Pero en respuesta las autoridades aumentarán las medidas de apoyo. Nuestra predicción es que el crecimiento se estabilice a mediados de 2019”, asegura en una nota Chang Liu, economista de Capital Economics.

Pero hay ciertas señales que sugieren que la hasta ahora inquebrantable confianza de la creciente clase media china puede estar menguando. Los hogares están ajustando sus gastos ante unas perspectivas económicas menos alentadoras, la incertidumbre derivada de la guerra comercial con Estados Unidos o el aumento del coste de la vida. Las ventas al por menor han pasado de crecer un 9,7% en enero a un 8,1% en noviembre, reflejo de la caída de la venta de coches o del pensárselo dos veces antes de adquirir un teléfono móvil cuyo precio alcanza los 1.000 euros. Todo esto a pocos meses de que el impacto de los aranceles mutuos se note en forma de menos comercio con Estados Unidos y ante la constatación de que el conflicto con Washington va para largo porque trasciende del mero intercambio de mercancías.

El Gobierno chino, consciente de los vientos en contra que están por venir, ha prometido “medidas más audaces y efectivas ante un entorno externo más complicado y severo”. Un giro de 180 grados con respecto al optimismo que se desprendía en Pekín a principios de 2018. “La mayor ansiedad de las autoridades en torno a la economía es obvia, y el tono de autofelicitación que se veía hace un año ha desaparecido por completo. Está claro que los líderes chinos esperan un 2019 complicado”, dicen desde la consultora Trivium.

 

Esta nota originalmente se publicó en El País

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