El Museo Tamayo dedica la mitad de su espacio a unas 350 obras reunidas en la exposición Todo lo otro, de Germán Venegas (La Magdalena Tlatlauquitepec, Puebla, 1959), pintor y escultor ligado al neomexicanismo en los años 80 del siglo pasado.

La muestra, que ocupa mil 220 metros cuadrados del recinto en dos niveles, comprende obra producida desde mediados de los años 90, que refleja el momento en que el artista se alejó de esa corriente figurativa, de vivo colorido, que rastreó las raíces culturales nacionales.

Con la curaduría de Juan Andrés Gaitán, director del museo, y Andrea Paasch, es la exhibición más grande del artista, en la cual el dibujo es el hilo conductor del conjunto que se exhibe.

La decisión de Venegas de tomar otro camino coincidió con los sismos de 1985. ‘‘Salí del Centro de la ciudad y me fui a refugiar a un pueblito en las montañas en Xochimilco. Empecé a hacer trabajos mucho más lúgubres que tenían que ver con mi contacto con la naturaleza; era la primera vez que caminaba libremente por los montes en las mañanas. En esos paisajes la pintura ya no era estridente, los colores eran más matizados y la paleta tendía a ser más oscura”, explica en entrevista con La Jornada.

Todo lo otro se inicia con la serie monocromática Óxidos (temple sobre tabla). El artista siempre ha tenido ‘‘un interés muy especial por la pintura; sin embargo por alguna extraña razón me desvié. En algún momento cuando hacía los altorrelieves y que era muy conocido por éstos (exposición Polvo de imágenes,Museo de Arte Moderno, 1992), dije, ¿dónde está la pintura? Esto que acabo de hacer está bien, me gusta, pero necesito pintar. Ese cambio sucedió a mediados de los años 90”.

Concentración de la mente

Hubo otros cambios en la vida de Venegas, como su adhesión al budismo zen. Explica: ‘‘Fui atraído por esa escuela del budismo por ser una práctica muy simple que no implica ningún culto; por el contrario, hay que deshacerse de todas esas historias. Es un trabajo de concentración de la mente.”

Añade que sus imágenes de Buda están inspiradas en y hechas con la práctica de la meditación. La gran cabeza de la escultura policromada de cinco metros de altura, La forma es vacío y el vacío sólo forma (2000-2002), recibe al visitante en la exposición, mientras sus pies descansan en la planta baja del museo, pues un cubo conecta a ambos espacios. La monumental pieza fue tallada en un tronco de ahuehuete inerte.

Venegas recuerda que uno de los problemas de los pintores es ‘‘la tela o el material en blanco. Llegamos con muchas ideas sobre los materiales y las herramientas, sin embargo cuando nos ponemos a trabajar es muy difícil encontrar lo que deseamos. Antes de practicar el zen batallaba, bueno, lo sigo haciendo, pues no sabía de qué manera llegar a lo que buscaba. Había cuadros que trabajaba uno o dos meses sin resolver. Tapaba, quitaba, ponía, hasta terminar agotado, sin saber qué hacer. Entonces, comencé a trabajar al liberarme de lo que no podía resolver. Me di cuenta que al soltar toda la cosa, el cuadro fluía.

‘‘Lo que me había costado trabajo uno o dos meses de repente estaba resuelto en un par de horas. Cuando empecé la práctica del zen descubrí que el asunto está en la necesidad de soltar. Se supone que lo creativo es algo que simplemente sucede, si no, ya está demasiado manoseado.”

Todo lo otro incluye tres grupos de piezas: el primero es más apegado al arte occidental, el segundo al oriental y el tercero al prehispánico, que es su trabajo más reciente y apenas lo dará a conocer. ‘‘Esto me conecta mucho con mi pueblo. Soy del estado de Puebla, somos entre nahuas y mixtecos. No lo hice antes porque tenía miedo de hacer un trabajo superficial. No obstante, pasaron muchos años y después de las prácticas de meditación entendí el trabajo de otra forma y sentí que ya era parte de esto y empecé a trabajar con ellos”.

También recibe al visitante la escultura en altorrelieve, Tlalocan, alusiva a su pueblo: ‘‘Siempre escuché las historias de los nahuales de agua que vivían en montes cercanos o que iban a pasársela muy bien en cuevas con un dios de la montaña. La pieza revive esa tradición oral.”

La muestra Todo lo otro, en el Museo Tamayo (Gandhi y Reforma, Bosque de Chapultepec), concluirá el 31 de marzo de 2019.

Esta nota originalmente se publicó en La Jornada

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